A juzgar por los pronunciamientos públicos después del asesinato, esto no es un tema ni de los equipos ni de la DIMAYOR. Según uno, no es de los “hinchas” y, según el otro, ni siquiera es del fútbol. ¡Por favor!

Pensar que en Colombia solo matan los vándalos y terroristas es una fantasía atrevida. En este país llevamos décadas matándonos entre todos. Siempre tenemos razón para justificar la violencia, cada uno según le convenga. Lo que pasó en Cali el fin de semana, con el hincha del América, es escalofriante. Desde el acto en sí mismo hasta los espectadores indiferentes. O matamos o colaboramos. O esperamos a que sea otro el que solucione. Y eso es precisamente lo que nos tiene volteando estúpidamente buscándonos la cola.

Pero nos quedaremos esperando. A juzgar por los pronunciamientos públicos después del asesinato, esto no es un tema ni de los equipos ni de la DIMAYOR. Según uno, no es de los “hinchas” y, según el otro, ni siquiera es del fútbol. ¡Por favor! Será problema de la Policía, que tiene que controlar a “vándalos” que “abusan” de una camiseta. La Policía siempre lleva del bulto por lo que hace o por lo que no. Son el santo y la maldición preferidos, casi siempre con el común denominador de un tercero que omite su responsabilidad.

Hay poca evidencia que respalde el argumento de que los hinchas violentos son vándalos infiltrados sin lealtad al equipo o interés en el juego. En Reino Unido, por ejemplo, se encontró precisamente lo contrario con los hooligans. Los hinchas violentos eran frecuentemente los más apasionados, los más leales y los más conocedores. Tratar de excluir a los hinchas violentos negándoles su condición de hinchas es un cuento chino para lavarse las manos. Uno puede ser hincha y criminal, hincha y vándalo, hincha y lo que sea. Pero lo uno no quita lo otro. Hincha, al final de cuentas.

Por eso, el comunicado del Deportivo Cali es aterradoramente frío y miope. Limitarse a lamentar la muerte del joven es, por lo menos, egoísta. En mi criterio, es un acto de irresponsabilidad. La erradicación de la violencia en el deporte, y su prevención, dependen de todos los actores involucrados. Esta no puede ser una tarea de la Fuerza Pública y del Estado, zapateada por los privados que no se ven como parte del problema ni de la solución. 

Las declaraciones del equipo no contuvieron ni una sola palabra de condena explícita contra la violencia de sus propios hinchas. Se limitaron a un simple reproche general a la violencia. Ni una sola palabra de reflexión de un problema que también es de ellos, que nos persigue desde hace mucho, y que hemos sido incapaces de solucionar. Era necesario, sobretodo con un hecho de visibilidad pública importante, con presión por la cancelación del partido y por no ser un incidente aislado.

La comunicación es casi igual de importante que la acción. Podrán mostrar lo que al parecer es cierto que han hecho con sus hinchadas. Y es meritorio, sin duda alguna. Pero los equipos se deben mostrar igualmente contundentes contra los suyos. El rechazo real a la violencia, y su prevención, empiezan en casa. 

Parte de la solución comienza por entender el problema y, sobretodo, reconocerlo. Pero esta negación selectiva, o por lo menos una comunicación desentendida, no suma ni un grano de arena. Es un acto de irresponsabilidad. Con hinchas aislados o fieles, estructuras de barrismo organizadas o barras bravas, hay un grado de relación innegable con los equipos. Esta ha sido, en algunos casos, una relación hasta perversa que tolera y perpetúa la violencia. El propio expresidente de la DIMAYOR, José Fernando Perdomo, en algún momento aseguró que entre algunos directivos de clubes y las barras violentas hay un “maridaje.” A cambio de su apoyo, los directivos le han dado gabelas a los “vándalos con camiseta.” Sin que sea el caso del Deportivo Cali, es parte de la foto que merece ser vista completa.

El presidente de la DIMAYOR, por su parte, está en la estratosfera. Al proteger el negocio de unos privados, terminó siendo un mentiroso. Sus afirmaciones son ignorantes. La violencia asociada al fútbol no tiene nada que ver con dónde ocurra. Es asociada a un deporte, no a un lugar.

Por eso, tendrá sentido que casi no se haya logrado nada desde que anunciaron las medidas para fortalecer la tecnología en los estadios. Ese es parte del camino a recorrer. Pero, tanto él como sus socios deben todavía entender que la mayor parte de la violencia asociada al fútbol pasa por fuera de la tribuna. Y sí, también es parte de su responsabilidad. Pero, si no han podido con los estadios, vaya a esperar que quieran y puedan con los demás.

*Gustavo Orozco, politólogo de Davidson College (Carolina del Norte, EE. UU.) Ha sido asesor del Ministerio de Minas, Ministerio de Defensa y de la Alcaldía de Cali en temas de estrategia, relacionamiento público y político y asuntos de seguridad.

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