El feminismo necesita, no solo de las mujeres, sino de todo aquel que sufre la opresión que esta discriminación provoca.

 El 8 de marzo se conmemoró el día de la mujer obrera; fue la oportunidad de que muchas de ellas se manifestaran a favor de sus derechos. En varias regiones del mundo las manifestaciones fueron multitudinarias y, en Colombia, las expresiones de visibilización y rechazo de la violencia contra las mujeres iniciaron desde días antes, especialmente en varias universidades del país.

En la Universidad Nacional sede Medellín, por ejemplo, un grupo de estudiantes se manifestó llenando algunas paredes de papelitos con denuncias, siguiendo la campaña de #NosotrasHablamos. Sin embargo, al día siguiente, los papelitos fueron destrozados y, los que no, tachados para que se leyeran mensajes que incitaban al odio y a la violencia contra la mujer.

Estos ataques, obviamente, provienen de la ignorancia con respecto al feminismo y lo que éste promulga. Así, sin creer que tengo la verdad absoluta (tal cosa no existe), considero conveniente exponer una idea que una corriente de feminismo, que no es la hegemónica, defiende: tanto las luchas feministas, como las que están adheridas a ellas por la raza y la clase, son para todos los miembros de la sociedad y no solo para las mujeres.

He de aclarar que esta discusión se enmarca en un debate amplísimo que hoy no tiene ni solución sintética ni corriente hegemónica. Este debate es el del sujeto de estudio y de acción política del feminismo. Unas teóricas consideran que se concentra en la mujer; otras, en la mujer lesbiana; aun otras, en las minorías sexuales.  Y otras creen que la lucha es tan amplia que una reducción así no permitiría un cambio estructural de la sociedad.

Con esta idea, a inicio del presente siglo una feminista estadounidense de nombre bell hooks – en minúscula porque, según ella, “mayúsculas solo las ideas”- publicó un pequeño pero importante libro titulado El Feminismo Es Para Todo el Mundo. La autora propone que el enemigo al que el feminismo se enfrenta es la discriminación sexista y, para derrotarlo, se necesita, no solo de las mujeres, sino de todo aquel que sufre la opresión que esta discriminación provoca.

En otras palabras, el ideal no es que la mujer deba ser superior al hombre, tal y como muchos – hombres y mujeres – creen, sino que todos sean tratados como iguales. O sea, el objetivo principal del feminismo es el que se reconozca como iguales a hombres, mujeres y otros géneros – como el queer -.

Esta lucha se entrelaza en otras que, sin ser más grandes ni más importantes, son igual de fundamentales para cambiar la sociedad patriarcal en la que vivimos. Éstas son las luchas por la igualdad entre “razas” y clases sociales. Después de todo, la opresión es doble cuando se es mujer y negra, como es el caso de bell hooks. Esta tríada – raza, clase y género – configura lo que desde el feminismo se ha denominado interseccionalidad.

Con todo esto quiero decir que la lucha por la igualdad no es tarea solo de las mujeres, sino de todos los que de uno u otro modo padecemos la desigualdad. Sin mencionar que, así como deben destruirse los estereotipos de mujer que la cultura ha construido, también debe hacerse lo propio con los estereotipos del hombre macho que tanto se idolatra. Entonces sí, hombres, el feminismo es para todos, incluyéndonos. ¿Por qué limitarnos a ser lo que los estereotipos dicen que seamos?

Incluso, si se aceptara la idea de que el feminismo es por y para unos géneros, es innegable que la lucha por la igualdad sigue siendo de todos. El feminismo, tal como dice la profesora mexicana Griselda Gutiérrez Castañeda, debe mantener las “posibilidades abiertas a formas de colaboración, ya que la divisa es la autonomía, no el aislamiento”.          

Por último, aunque sea un cliché, siempre es bueno recordar que la lucha por la igualdad no es solo de días especiales o de conmemoración; por el contrario, son las acciones cotidianas y el cambio de mentalidades individuales las que forjan un mundo más igualitario. Aun así, siempre hay que tener presente que una lucha sin sentido común (que es el menos común de los sentidos), sin algo de racionalidad y demasiado dogmática, no sólo no cambia al mundo, sino que deslegitima la lucha y crea resistencias que se podrían evitar.

Para quien tenga curiosidad y se quiera educar, el libro de bell hooks con licencia Creative Commons de la editorial Traficante de Sueños lo puede encontrar acá.

Adenda. ¿De verdad la alcaldesa pretende disminuir la contaminación del aire restringiendo la movilidad a los carros y motos particulares? ¡Que revise bien las cifras y salga a la calle! Los carros chimenea son principalmente los Transmilenios y los del SITP; cualquiera que camine por ahí y use estos medios de transporte lo sabe. Claro que hay que tomar medidas contra el aumento desmedido de vehículos particulares, especialmente motos, pero la mejor medida que se puede tomar – y creo que la única que puede ser efectiva – es mejorar el sistema público de transporte.

*Camilo Andrés Delgado Gómez, estudiante de ciencia política, Universidad Nacional de Colombia/sede Bogotá, @CamiloADelgadoG

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