Humberto de la Calle, un filósofo en el Congreso

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Humberto de la Calle tiene todo para convertirse en el gran fenómeno político de estas elecciones a realizarse en marzo, no solamente por su discurso coherente y liberal, sino porque en el corazón de muchos colombianos quedó una deuda pendiente por no haberlo reconocido como el mejor candidato a la Presidencia de la República en las pasadas elecciones.

El 2022 está a la vuelta de la esquina. A todos aquellos que miraban con preocupación las elecciones venideras les ha llegado el momento. Noviembre trae consigo el inicio de las inscripciones de candidatos al Congreso, el cierre de campaña de las elecciones a Consejos Municipales y Locales de Juventud y la obligación de los partidos, movimientos o grupos significativos de manifestar, si así lo planean, la intención de realizar la consulta de afiliados para escoger candidatos a la presidencia de la República. Así, en el contexto pos-COVID nacional e internacional, el país entra a la que puede ser la cirugía democrática de mayor profundidad en los últimos 50 años. Lo anterior no es exagerado si se entiende a la luz del cierre del conflicto armado más largo de Latinoamérica, aunado al declive irrefrenable de la fuerza política de la derecha más obcecada y entronizada desde la Constitución de 1991.

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La conformación de listas de los partidos y movimientos al Senado de la República no ha sido fácil: habrá un recambio especialmente palpable en sus figuras más votadas. Éste será un Congreso sin Álvaro Uribe, Antanas Mockus, Jorge Robledo, David Barguil y Roy Barreras, quienes en las elecciones de 2018 sumaron la friolera de casi dos millones de votos, lo que suma la votación de 15 o 16 curules concentradas en sólo cinco personajes que ahora no vuelven.

Esta representación electoral se acompasa de una relevancia propia en los debates, que no pudo ser palpada fehacientemente por la pérdida de la curul de Mockus por una decisión judicial, la renuncia de Uribe a causa de su proceso penal y la irrupción de la virtualidad derivada de la situación sanitaria por la pandemia. Vale la pena afirmar también, para hacer justicia con los demás integrantes de esta lista, que la presencia de Robledo y Barreras fue permanente en diversos debates, no así la del senador Barguil que, aunque promovió la Ley de borrón y cuenta nueva con el senador Velasco, es discreto en control político y debates de coyuntura.

Estas ausencias podrían marcar el inicio de una reconversión política esperada entre los colombianos, una nueva orientación ideológica, social y política que enfoque la problemática del país desde una óptica más fresca, más conectada con la ciudadanía y un poco alejada de la tirantes de los polos provocada por la personalización de la política entre el uribismo, el santismo, el gavirismo, el pastranismo y varios personajes que han convertido sus reyertas e intereses personales en la agenda política de Colombia y, en algunos casos, en la misma agenda institucional del país. ¡Como si nos faltaran problemas!

Es innegable que Colombia necesita profundas reformas en los niveles institucionales, sociales y económicos, ambientales, educativos agrícolas. Para ello, hay que hincarle el diente a diversas leyes y, en no pocos casos, a la propia Constitución. No deja de ser preocupante que personajes de eminencia jurídica constitucional, con una visión holística del Estado, no se encuentren en la primera línea de los candidatos al Congreso de la República. La presidencia es la cabeza del órgano ejecutivo, pero es el Congreso de la República donde se concita el poder de transformar al Estado mediante leyes y reformas constitucionales.

Por lo anterior, he visto con buenos ojos la candidatura del doctor Humberto de la Calle, jurista de antiguo renombre, pero de ideas siempre jóvenes y visión progresista, para que lidere un Senado vigoroso y reformista.

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Humberto tiene todo para convertirse en el gran fenómeno político de estas elecciones a realizarse en marzo, no solamente por su discurso coherente y liberal, sino porque en el corazón de muchos colombianos quedó una deuda pendiente por no haberlo reconocido como el mejor candidato a la Presidencia de la República en las pasadas elecciones. Estoy seguro que ni en el centro Democrático pueden negar que de la Calle habría sido de lejos mucho mejor presidente que el actual.

Una visión romántica y, por supuesto, platónica de lo que debe ser el Congreso debe tener entre sus ingredientes a un pensador, a un filósofo, que oriente las discusiones del órgano representativo de Colombia, que ilustre sobre la conformación de una nueva organización institucional que revigorice nuestro esquema constitucional de derechos, ampliamente reconocido internacionalmente, pero también anidado cariñosamente en el corazón de todos los colombianos.

El Congreso necesita a un pensador, a un filósofo, que dé luz a un pueblo que, aunque ha sido históricamente devastado en muchos aspectos, no por ello puede renunciar a la esperanza de avanzar, quizás no hacia una Calípolis, pero si hacia una Colombia en que la violencia y la pobreza no sean parte de la casta familiar.

Colombia necesita a un pensador, a un filósofo, que lidere a una nueva unidad en el Congreso, en la que todos tengan derecho a opinar, a que se respeten sus derechos y, sobre todo, a soñar en ese país con oportunidades y desarrollo que la violencia nos ha negado.

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Necesitamos un acuerdo sobre lo fundamental, un congreso reformista, una nueva esperanza. ¡Humberto! ¡Salve usted la Patria!

*Gustavo García, abogado constitucionalista, @GustavoGarcia83

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