Huye la liebre

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Atrapa la liebre
Lana Bastašić
Navona, 2020
268 páginas

Huye la liebre

Ésta hubiese sido la última columna de Luis Fernando Afanador, escritor, poeta y crítico literario, en Revista Semana.

¿Cómo contar una guerra? Se puede contar de dos maneras: directamente o con distancia. En vez de los hechos, siempre atroces, del inventario de muertos, mejor hablar de los efectos de la guerra. De sus huellas en las personas. Ése el camino que escoge la joven escritora serbia Lana Bastašić, nacida en Croacia y criada en Bosnia. A partir de un viaje y el reencuentro entre dos amigas de infancia: Sara, ortodoxa y Leijla, musulmana. Un viaje de Mostar a Viena, lo cual quiere decir un viaje emblemático: desde la última provincia del imperio otomano hasta el corazón del imperio austrohúngaro. Una travesía por los Balcanes desgarrados, por los países en pugna feroz que dejó la Yugoslavia comunista de Tito. Pero esas son palabras mayores. Ellas solo van en un Opel Astra blanco, más preocupadas por confrontar sus recuerdos y recomponer su amistad averiada. Es la guerra, sí, pero en la elusiva memoria. Y contada por mujeres.

Sara vive en Dublín con su pareja, Michael. Se dedica a escribir, a la literatura. Un día recibe una llamada perentoria de Lejla, a quien no ve hace diez años. Le pide que vaya a recogerla a Mostar para ir a Viena porque su hermano, Armin, desaparecido al comienzo de la guerra, cuando ellas eran unas niñas, está allá. ¿Vale la pena dejar su nueva vida estable, reabrir las heridas del pasado por alguien que nunca respondió a sus correos y la última vez que se vieron, “la mandó a tomar por culo” (supongo que en serbio suena mejor)? No tiene otra opción. Entra al primer Starbucks y compra un billete de avión a Zagreb por Internet, con escala en Munich, “solo por 586 euros”. En la relación tóxica y desigual que han llevado, Leijla es la que domina y Sara es la que se pliega. Ella es la Lena de la relación (de ahí las comparaciones con Elena Ferrante). Además, Leijla ha pronunciado un nombre sagrado, Armin, que alguna vez se le acercó perturbadoramente y le deshizo su cola de caballo.

Superado el impacto de volver a hablar y oír la lengua que había decidido archivar, Sara finalmente se encuentra con Lejla, que ahora se llama Lela -para sobrevivir tuvo que ocultar su nombre bosnio-, tiene el pelo pintado de blanco, un móvil no touch, trabaja de mesera en un restaurante, aunque mantiene intacta su arrogancia: “-¿Tienes el carnet? – preguntó. Después de ´vete a tomar por culo´. Después de la escuela primaria y la secundaria, de la facultad, del entierro de Liebre. Después de media, sino de toda una vida, que si tengo carnet”. Se inicia el viaje, con destino a Viena, con Sara de chofer. Y se inicia el desfile de recuerdos: la primera menstruación, la pérdida de la virginidad. Los recuerdos y el viaje son zigzagueantes. Es como si quisieran evitar pasar por Bania Luka, el hogar, donde en lugar de la mezquita ahora hay un parking y donde, en una escena sobrecogedora, Sara verá a su casa y a su madre desde la ventana. Como en todo viaje, lo que menos importa es llegar. Habrá escenas absurdas, hilarantes, tensas, entre la ´europea´ culta, atemperada, sensata, y la bosnia rencorosa e incorrecta.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas en esta novela, más compleja de lo que parece, con gran técnica y sutiles homenajes literarios: a la Alicia de Carroll y a la Lolita, de Nabokov. Sara nos cuenta en primera persona y en contrapunto la historia: en un capítulo sus recuerdos y, en el siguiente, el viaje. Pero, con las pocas interpelaciones de Lejla, podemos inferir que es una narradora sospechosa, que su versión es sesgada. Es difícil atrapar a la liebre, llámese Lejla, o llámese Bosnia. Porque lo cierto es que “tienes a alguien y luego ya no lo tienes”, según se dice en el primer párrafo de esta novela que es su verdadero final porque se muerde la cola. Lo único cierto es que “siempre estamos en Bosnia”, que su café es amargo y en Viena hay un museo, y en el museo una liebre pintada por Durero, y dentro del ojo de la liebre una ventana y una luz, tal vez la luz de su estudio, inasible, casi imposible de atrapar.

Sumario: Una novela que cuenta la guerra de los Balcanes desde la perspectiva de dos jóvenes amigas que hacen un viaje de Mostar a Viena. Su autora, Lana Bastašić, es una escritora de origen yugoslavo, nacida en Croacia, de cultura serbia y emigrada a Bosnia.

*Luis Fernando Afanador, crítico literario y poeta. @lfafanador

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