Huyendo del Demonio: segunda parte

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Hace 20 años, en Fusagasugá se comenzó a exterminar a todo el mundo, solo que la gente ya no lo recuerda.

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El municipio de Fusagasugá está ubicado al suroccidente de la capital colombiana, muchos de nosotros hemos pasado por allí cuando llegan las vacaciones, en momentos que se busca un balneario económico para sacar a la familia de la caótica Bogotá. De Fusagasugá viene Lucho Herrera “el jardinerito” y las tierras del municipio acogen un considerable número de viveros que han catalogado al poblado como “la ciudad jardín de Colombia”. A pesar de lo anterior, lo que ocurrió allí hace 20 años a nadie enorgullece y a nadie conmueve. En las noches lluviosas el demonio se vistió de camioneta blanca con vidrios polarizados y salió a matar.

Corría el año 2001, el asedio de la guerrilla tenia a la región del Sumapaz asfixiada, los pequeños terratenientes, los notablatos locales, y las Fuerzas Militares no le podían hacer frente a las extorsiones, amenazas, secuestros y asesinatos de las FARC-EP. De tal modo, un buen número de pequeños ricos de los municipios decidieron abandonar sus terruños y radicarse en Fusagasugá, un lugar donde su dinero estaría seguro al encontrarse en inmediaciones del noveno comando de Policía Nacional y la Décimo Tercera Brigada del Ejército Nacional. A pesar de lo anterior, esto no ocurrió, hasta allí llegaron los tentáculos de las FARC-EP, acto seguido un grupo de poderosos hijos de la “ciudad jardín” decidieron soltar a la bestia.

La violencia que desataron las Autodefensas Campesinas del Casanare en el municipio de Fusagasugá no tiene antecedente. A diario se rumoraba en los barrios sobre el asesinato de “habitantes de calle” que estaban en lo de ellos, consumiendo. Con el pasar de los días fueron apareciendo en la vía Sibaté-Fusagasugá cuerpos con muestras de tortura y con tiros de gracia, los cuales iban marcados con frases como “sapo” o “guerrillero”. Después de eso una “lista negra” comenzó a rodar por la cabecera municipal de la región. En ella estaban lideres sociales, lideres comunales, lideres políticos de izquierda, militantes y simpatizantes del Partido Comunista, militantes la Central Nacional Provivienda, miembros de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y cualquier persona que diera un asomo de pensamiento crítico.

La persona que encabezaba la “lista negra” era el líder sindical Jorge Darío Hoyos, uno de esos lideres que ya no surgen. Una persona muy inteligente, hábil para el debate, claro en sus ideas y muy humano con la gente. Aférrate al gatillo que hoy te expulsó, bala de sangre, bala de muerte. El 3 de marzo del año 2001 Hoyos fue asesinado y con él desapareció la esperanza que esa “lista negra” fuera un oportunismo de mal gusto generado por personas que se estaban aprovechando de la situación. Rápidamente la gran mayoría de personas empezaron a empacar sus maletas, unos salían para Venezuela, otros para Ecuador, unos salían para departamentos lejanos y otros se encerraban con llave en sus casas, negando lo que estaba pasando, evitando abrir los ojos.

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A pesar de lo anterior, la cacería de hombres continuó. El atentado sicarial en contra de Omar García Angulo estremeció a los lideres sociales que aún continuaban en el municipio y el asesinato de Doris Núñez Lozano sindicalista de TELECOM acabó de espantar a la región. Thanatos, Belcebú y Mammon noche a noche merodeaban las calles de Fusagasugá. Las personas más asustadas eran los miembros de la CUT, el sindicato del Hospital San Rafael y los estudiantes de la Universidad de Cundinamarca, todos ellos habían tenido un pasado cercano de mucha movilización y exhibición pública. Se rumoraba que sus rostros, sus nombres y sus direcciones de hogar ya estaban completamente ubicados, la tragedia era cuestión de tiempo.

Los asesinatos de Hoyos, los sindicalistas de TELECOM y decenas de casos más generaron que la Defensoría de Pueblo hiciera una alerta temprana y que la Fiscalía General de la Nación abriera una investigación sobre la monstruosidad que ocurría en Fusagasugá. Pero nada de ello prosperó, eran tiempos oscuros, donde estas noticias eran tristemente habituales en Urabá, en el Cesar, en Magdalena, en Sucre, bueno, en todo lado, parece que Dios se olvidó de Colombia por un tiempo.

Hace 20 años que inició el exterminio de las FARC-EP en la región del Sumapaz y con ellos fueron exterminadas y desplazadas todas las personas que se atrevieran a defender un derecho laboral, que se organizan sindicalmente, que fueran parte de un partido político alternativo, o que simpatizaran con las ideas ambientales. En otras palabras, hace 20 años, en Fusagasugá se comenzó a exterminar a todo el mundo, solo que la gente ya no lo recuerda.

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*Jorge Baquero Monroy. Licenciado en ciencias sociales de la Universidad de Cundinamarca. Mágister en administración pública de la ESAP. Investigador del proyecto Infraestructuras de Paz, agendas políticas y dinámicas organizacionales en la implementación efectiva del Acuerdo Final en Colombia (2016-2022).

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