Israel, el gran derrotado: Un reto para el endeble orden global occidental

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El sistema jurídico y político global tiene un reto inconmensurable. Las potencias occidentales enfrentan una dicotomía moral, ética y jurídica.

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Gran parte del mundo califica sin temor a Israel como un Estado paria. Un país gobernado por una extrema derecha radical y fundamentalista, que no duda en esgrimir los libros religiosos para violar las normas internacionales.

En su salvaje incursión militar en territorio palestino, el uso de armas prohibidas, el bombardeo a hospitales, escuelas, campamentos de refugiados, el asesinato de funcionarios de la ONU y miembros de ONGs, han sido corroboradas por diversos estamentos de la comunidad internacional.

A la fecha, los crímenes ordenados por Netanyahu superan las treinta y seis mil víctimas civiles de los cuales, el 70% son niños, ancianos y mujeres desarmadas. El deseo de sangre del gobierno israelí parece no satisfacerse. Cuando el mundo cree que sus acciones ya cruzaron los niveles más profundos de la perversidad humana, sorprende con nuevas estrategias criminales. El presidente turco lo describió perfectamente: “Netanyahu es un vampiro, maníaco y psicópata”.

Solo unas mentes retorcidas y enfermas, utilizan el hambre de niños como arma de guerra. Únicamente los psicópatas declaran “zonas seguras” con el propósito de reunir a sus víctimas para quemarlas vivas. El bombardeo sobre el campamento de refugiados en Rafah, ocupado principalmente por niños, dejó un saldo de más de cincuenta asesinados y unas imágenes que nos recuerdan a los círculos del infierno de Dante, con la diferencia que en el campamento habían inocentes.

El listado de violaciones al derecho internacional cometidos por el régimen israelí es extenso: la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, la Convención sobre Derechos del Niño, el Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de Guerra, la Convención sobre las Armas Químicas y la Convención de Viena sobre Asuntos Consulares. Todo un corolario de trasgresiones que, posicionan a la “única democracia del Medio Oriente”, como un Estado terrorista.

Poco a poco, el mundo clama justicia. Cada vez más líderes del mundo, se unen a la solicitud del fiscal Karim Khan, para que la Corte Penal Internacional, emita orden de captura a Netanyahu y parte de su gabinete. Sudáfrica, suma adhesiones en su demanda ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya que busca el reconocimiento del genocidio. La ONU votó contundentemente a favor del reconocimiento de Palestina como Estado. Y más países se suman a la ruptura de relaciones o el retiro de los embajadores. La reciente decisión del presidente Lula es histórica al trasladar su embajador a otro país y dejar un encargado de negocios. Se trata de la potencia regional suramericana y un miembro fundador de los BRICS.

(Texto relacionado: “Si muere Palestina, muere la humanidad y no la vamos a…)

Ya no solo es el mundo árabe o el musulmán. Tampoco, los supuestos aliados de Irán. A las enérgicas solicitudes de los actores estatales, se une la sociedad civil. Estamos ante un despertar de una nueva generación muy educada y globalizada. Es un colectivo global que conoce la historia, la política, el derecho internacional y es consciente que el verdadero “contrato social”, se sustenta sobre el respeto a los derechos humanos. Jóvenes que ni las amenazas y la estigmatización los atemorizan. Esa generación señalada por los radicales y fanáticos, como “terroristas” o “pro-Hamás”. Nada, ni siquiera ese caleidoscopio de insultos y la violenta represión, les impide gritarle al mundo: ¡Palestina Libre!

En su conjunto, es un escenario de contundente derrota política y social para Israel. Sin embargo, a diferencia de otros Estados parias, cuenta con el apoyo de los EE. UU. y algunas potencias europeas. Desde la llegada al poder del nazismo, el orden global no corría tanto peligro.

El sistema jurídico y político global tiene un reto inconmensurable. Las potencias occidentales enfrentan una dicotomía moral, ética y jurídica. Solo hay dos caminos. Permitir que Israel continúe violando flagrantemente el derecho internacional. O, detener esa cadena de desolación y muerte que deja a su paso un ejército para el cual toda acción es justificable, aunque viole los pilares sobre los cuales se ha construido la sociedad moderna.

Si esa parte del norte global sigue enmarcada en la primera opción, estaremos ante el derrumbe total de esa endeble institucionalidad internacional. Será claro que están dispuestos a incendiar el mundo antes que frenar al pirómano más peligroso de la historia reciente. Un escenario en el cual ya no solo será Israel el país derrotado, serán muchos los que se le unirán en su implacable aniquilación de los derechos humanos.

Adenda: muy peligrosa la estrategia que están utilizando los fanáticos al estigmatizar a los grupos estudiantiles que en el mundo protestan por el genocidio. Peor aún, señalarlos de recibir financiación de grupos terroristas.

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*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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