Desde el Congreso de la República, desde la bancada animalista y como defensor de los derechos de los animales, seguiré trabajando por generar legislación que ampare y defienda a estos seres, que logremos como colombianos reconciliarnos con la vida.

Los colombianos fuimos sorprendidos por dos casos que, aunque en circunstancias diferentes, involucran animales y ambos hechos despertaron la solidaridad nacional y tocaron las más sensibles fibras de muchas personas en el país.

Tokyo, el primero de ellos, una perrita cruzada entre pitbull y labrador, se encontraba en el patio de su casa, en el corregimiento de Mondomo, en Santander de Quilichao, en el norte del Cauca. Dice su propietaria que un hombre que transitaba por el sector, de un momento a otro, entró de manera premeditada en el predio, se acercó al animal y empezó un ataque brutal con machete, lo que le ocasionó serias heridas a Tokyo, que comprometieron su tráquea, ganglios, su  oreja y la parte izquierda de su cara. El victimario huyó, pero fue identificado, reseñado por las autoridades respectivas y horas después dejado en libertad, cosa que rechazamos enérgicamente. Un acto tan vil, tan cruel y tan despiadado merece la condena generalizada de la sociedad y que la justicia opere a cabalidad en relación con el implicado y, en lo posible, que se le aplique lo establecido en la Ley 1774 de 2016 contra el maltrato animal. Asimismo, la Fiscalía General debe activar en todo el país de forma efectiva el grupo GELMA para que investigue y sancione a los responsables que maltraten los animales.

La propietaria de Tokyo asegura que durante el proceso de denuncia ante los organismos pertinentes hubo múltiples dilaciones, bien sea por el desconocimiento de las autoridades o el poco interés de los funcionarios en dar trámite a la denuncia. Ése es otro de los inconvenientes a la hora de acudir a la justicia y esos errores humanos tienen que ser superados para que la justicia tenga credibilidad ante la ciudadanía.

Tokyo, por su parte, fue llevada a una clínica veterinaria donde le fue practicada una cirugía y, al momento de escribir este artículo, celebramos las mejoras en su salud.

El segundo caso tiene que ver con Júpiter, un león de 20 años que nació en un circo y que desde sus primeros meses fue trasladado a Villa Lorena, un centro de refugio en Cali. Allí estuvo bajo el cuidado de una persona quien durante 19 años le garantizó una estadía en buenas condiciones. Sin embargo, el 29 de marzo de 2019, por decisión del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente de Cali –DAGMA-, Júpiter fue trasladado al Zoocriadero Los Caimanes en Buenavista, Córdoba donde, según la misma Personería de Cali, su estado de salud desmejoró. Esa situación fue corroborada por Ana Julia Torres, la persona que siempre estuvo a cargo del felino. Asegura ella que, durante su visita a Córdoba, encontró moribundo al animal, en grave situación de desnutrición, pues Júpiter antes pesaba en promedio 300 kilos y ahora escasamente alcanza los 90 kilos.

Estos dos hechos generaron la indignación de miles y miles de personas en las redes sociales y el inconformismo generalizado de la sociedad con las entidades que tuvieron incidencia en semejante decisión. Nadie se explica cómo autorizan el traslado de un animal que gozaba de buenas condiciones en su manutención a un sitio por explorar. Sin duda, una pifia de aquí a Pekín del organismo en mención.

Pero más allá de eso, tenemos que hacer un alto en el camino y esta sociedad debe reevaluar muchas cosas, sobre todo nuestro trato con los animales, esos seres sintientes e indefensos que nos acompañan en el trasegar de la vida. Muchas veces somos intransigentes, indiferentes e inhumanos con nuestros animales; hay gente que goza viéndolos sufrir, que los golpea sin razón alguna, que los maltrata y eso tenemos que cambiarlo. Debemos ser una sociedad protectora y conservacionista, no una sociedad violenta con estas especies, que nada nos hacen, que no amenazan nuestra subsistencia. Entonces, sea éste un llamado a la tolerancia, a tener empatía por nuestros animales, a cuidarlos, a protegerlos, a velar por la supervivencia de ellos también.

Mientras tanto, desde el Congreso de la República, desde la bancada animalista y como defensor de los derechos de los animales, seguiré trabajando por generar legislación que ampare y defienda a estos seres, que logremos como colombianos reconciliarnos con la vida. Solo así dejaremos atrás ese lastre de ser señalados como una sociedad violenta.

De todas formas, estaremos muy pendientes de hacerle seguimiento a estos y a todos los casos que impliquen algún tipo de maltrato animal. Estamos en la era moderna en pleno siglo XXI  y esas conductas tienen que ser cosa del pasado. Entre todos podemos cambiar esta triste realidad; no seamos indiferentes, seamos solidarios, brindemos amor y cuidemos de nuestros animales, de nuestra naturaleza, no seamos malos ciudadanos.

Por ahora, esperamos pronta recuperación para Tokyo y que Júpiter, ya en Cali, recupere su peso y vuelva a ser ese gran felino saludable y carismático.

¡Paz con la naturaleza!

*Guillermo García Realpe, Senador, @GGarciaRealpe

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