La cacerola: personaje del año

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En estos últimos días del año, comienzan los balances, las noticias y los personajes del año. La revista Time eligió hace unos días a la joven activista ambiental, Greta Thunberg, como la figura más destacada en el mundo por su poderoso mensaje de protección del medio ambiente. En Colombia los candidatos son muchos: Egan Bernal quien nos llenó de alegría con su triunfo en el Tour de Francia, Cabal y Farah que nos emocionaron en Wimbledon, el templo del tenis mundial y Claudia López, la primera mujer alcaldesa de Bogotá. Pero, sin duda, a partir del 21 de noviembre, la cacerola, un instrumento de nuestras cocinas, desplazó a todos los anteriores.

Tras las inesperadas y multitudinarias marchas del 21N, convocadas por las principales centrales obreras contra las políticas económicas y sociales del gobierno Duque, surgió espontáneamente en la noche de ese mismo día un ruido impresionante en todos los rincones de Bogotá y de Colombia: el de las cacerolas. Desde el sur hasta el norte y al frente de la misma casa particular del jefe de Estado. La forma más simple y contundente de protesta, sin antecedentes en el país, apareció de forma sorpresiva y generó el más contundente movimiento cultural y social de las últimas décadas en Colombia. A muchos nos hizo recordar los cacerolazos de Caracas, hace exactamente 30 años, contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

La cacerola se convirtió, entonces, en el símbolo de una ciudadanía irritada, indignada contra la desigualdad social, contra la corrupción, la falta de oportunidades para los jóvenes, el deterioro del medio ambiente, los disparos al sueño de la paz, la ineficacia de nuestras instituciones para resolver oportunamente los problemas de los ciudadanos. Las clases medias y los jóvenes se tomaron de manera pacífica las plazas y calles del país, en un movimiento que desbordó totalmente a los organizadores del paro y al propio gobierno, que no esperaban los cientos de miles de manifestantes, ni su decisión de quedarse en las calles hasta tanto no se tomen medidas de fondo que garanticen las transformaciones sociales que piden a gritos.

Son, entonces, las marchas, los jóvenes, las cacerolas, los personajes del año que termina. Y si el gobierno no cambia su libreto, lo serán en el próximo año, más allá de las opiniones y acciones de las organizaciones sindicales y sociales que convocaron las protestas. Mientras tanto, el gobierno se equivoca en forma grave al no leer ni comprender bien estas movilizaciones. Primero, fueron el castrochavismo y el Foro de São Paulo los responsables; después, Petro; posteriormente, el santismo y una conspiración para sacar a Duque del poder y terminaron en la estrambótica teoría del complot ruso. Esa lectura errónea los lleva a desconocer la interlocución de los sindicatos y organizaciones sociales convocantes de las marchas y la invención de una “gran conversación nacional” que no conduce a ninguna parte.

También los integrantes del comité de paro se equivocan al adoptar posiciones intransigentes, presionados por algunas de las organizaciones más radicales que se sumaron a las protestas, y al no entender que estas movilizaciones son totalmente distintas a las que estábamos acostumbrados en Colombia. Tienen más ciudadanía y menos estructuras sindicales, más juventud y menos experiencia, más alegría y esperanza que agresividad y odio, más cultura que política, más clases medias urbanas despolitizadas y menos izquierda obrera y campesina.

La suma de errores de gobierno y convocantes del paro nos llevarán después de esta tregua navideña a una reactivación de las marchas con más fuerza. Las causas por las que se convocaron siguen ahí, o aún peor, se profundizaron con la actitud torpe y soberbia del gobierno y la aprobación de la reforma tributaria como aguinaldo navideño para los colombianos. La principal razón de las movilizaciones, más allá de los 104 puntos que absurdamente plantearon los integrantes del Comité del Paro, es la aberrante desigualdad social en Colombia. Y gobierno y congreso de manera arrogante decidieron impulsar una reforma que acentúa ese flagelo.

Una ciudadanía cada vez más informada y activa por cuenta de las redes sociales. Unos jóvenes más exigentes y politizados. Una clase media agobiada, que teme con toda razón devolverse a la pobreza ante la falta de oportunidades de educación y trabajo digno, mostró que las marchas y las cacerolas llegaron en el 2019 para quedarse. Si no se adoptan con seriedad las reformas sociales estructurales que las mayorías reclaman, en los próximos años la gente seguirá en las calles protestando porque ya perdió el miedo a la violencia y a la estigmatización ideológica. Vivimos un renacer democrático gracias al Acuerdo de Paz que algunos sectores radicales del gobierno y su partido insisten en hacer trizas. Con paños de agua tibia populistas, no se calmarán las aguas. En eso, también, se equivoca el gobierno.

Juan Fernando Cristo, @cristobustos, ex Ministro del Interior y ex Senador

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