La evolución del progresismo frente al resultado de Rodolfo Hernández

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Si bien Hernández tiene más chances teniendo en cuenta el resultado de la primera vuelta, la campaña será, indudablemente, decisoria.

El 29 de mayo de 2022 tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Seis años después de la firma de la paz con las Farc, se celebraron estas elecciones con cuatro candidatos principales: Gustavo Petro, por la coalición de izquierda y movimientos sociales Pacto Histórico, Rodolfo Hernández, con el partido Liga contra la corrupción (tendencia de anticorrupción “apolítica”), Federico Gutiérrez, por el espectro de partidos tradicionales de derecha, y Sergio Fajardo, por la coalición de centro.

Este artículo busca seguir la reflexión que he iniciado anteriormente sobre evolución de las tercerías en las elecciones presidenciales, avance del bloque progresista, obstáculos y desafíos de este bloque. Anoto que en este artículo no discuto la fundamentación conceptual entre el proyecto y proceso del Pacto Histórico y la Coalición Centro Esperanza, cuyas múltiples coincidencias programáticas son conocidas (defensa de un Estado regulador, defensa de una estructura tributaria más progresiva, defensa de la inversión pública en salud y educación, revisión del modelo extractivista minero, atención al medio ambiente, defensa de los derechos humanos, de mujeres y minorías, apoyo al proceso de paz, a las víctimas, idea de “igualdad”, etc.).

En este comentario quiero enfocar el análisis en la presentación de los resultados electorales desde el punto de vista del bloque progresista, representado este año, como en 2018, por las candidaturas de Gustavo Petro y Sergio Fajardo, y en la evolución de las tercerías, representadas por este bloque y por el candidato Rodolfo Hernández.

Un nivel de abstención similar en 2018 y 2022

Los resultados globales fueron estos:

En 2022 la participación para la primera vuelta fue de 55%, apenas dos puntos más que en la primera vuelta de 2018. Como suele suceder, se presentan grandes variaciones regionales que habría que profundizar (solo me limitaré a dar un ejemplo: participación del 64% en Villavicencio, y 40% en Buenaventura). En un primer examen, las regiones donde baja la abstención alrededor de 4 puntos son principalmente Santander y Boyacá. Sin embargo, no existen grandes variaciones en el nivel de participación entre 2018 y 2022.

Evolución del bloque progresista entre 2018 y 2022

En la primera vuelta del 2022, el progresismo (Fajardo + Petro) logró básicamente la misma votación que en 2018: en cifras brutas, en 2018 hubo 9 440 950 votantes por este bloque, mientras que en 2022 hubo 9 416 353 votantes. Pese al leve aumento de la votación, en proporciones este aumento fue menor (debido a la mayor participación). Así, en 2018 hubo casi 50% de votos por el progresismo, mientras que, en 2022, la proporción fue menor a 45%, como se aprecia en este gráfico:

Observemos las diferencias entre las dos votaciones de 2018 y el 2022: como se aprecia en el gráfico, en la segunda elección Fajardo quedó reducido a un poco más del 4%. El progresismo se concentró en la sola figura de Petro, que obtuvo 8 millones y medio de votos.

Este resultado de 2022 interroga sobre la estrategia de concentrar el progresismo en una sola figura. Por supuesto, la votación del candidato Gustavo Petro se disparó y él quedó consolidado como líder único. En el pasado reciente, sólo la candidatura de otra figura disidente de los dos partidos impuestos por el acuerdo del Frente Nacional, el general Rojas Pinilla, había logrado un puntaje similar (40%). Esto sucedía en 1970, y dio lugar, como se sabe, al robo de las elecciones que motivó la rebelión armada del grupo M19, del que precisamente Gustavo Petro hizo parte. Lo cierto es que, nunca antes un candidato de izquierda había obtenido una votación tan alta en primera vuelta. Ahora bien, si este triunfo de Petro es innegable, el bloque progresista no aumentó su peso. Por el contrario, bajó porcentualmente.

Una segunda consecuencia de esta configuración es que el progresismo se quedó sin aire para crecer electoralmente. Será muy difícil, dadas las fuerzas en contienda, que el candidato Petro obtenga los 2 millones de votos que le hacen falta para ganar las elecciones y convertirse en presidente, pues el panorama general de la primera vuelta es el que se indica en el gráfico:

En esta elección, el candidato de la derecha Federico Gutiérrez obtuvo 24%, y Rodolfo Hernández, 28%. El grueso de estas dos fuerzas se irá con Rodolfo Hernández. El voto blanco representó menos del 2%. La votación de Sergio Fajardo muy reducida, como se dijo. Su electorado, muy posiblemente, se dividirá. Recordemos que, en la segunda vuelta de las elecciones de 2018, los votantes de Fajardo votaron así: 63% por Petro, 27% por Duque y 8% en blanco (con grandes variaciones regionales: en Bogotá 58% de los fajardistas votaron por Petro, 21% por Duque y 10% blanco. En Medellín, en contraste, 40% de los fajardistas votó por Petro, 46% por Duque y 9% votó en blanco).

Ya vendrá la hora de los balances internos. A primera vista, parece que la forma en que muchos sectores promotores de la candidatura de Gustavo Petro, que trataron de impedir que el centro existiera como fuerza autónoma, si bien funcionó tácticamente, resultó ser una muy mala estrategia. De hecho, no solo Petro no ganó en primera vuelta, además lo deja mal parado para la segunda vuelta.

Resultados globales de las tercerías

Durante la mayor parte del siglo XX, la vida política colombiana estuvo dominada por el bipartidismo. Pero desde los años noventa, cada vez más los candidatos provenientes de formaciones alternativas, identificados como candidatos de izquierda o de tendencias “cívicas”, o de “centro” logran tener buenos puntajes en las elecciones presidenciales.  

En estos dos gráficos se aprecia la evolución. El primero indica los porcentajes de votos obtenidos por los candidatos de las tercerías de izquierda y de otros sectores:

Desde la candidatura de Gustavo Rojas Pinilla en 1970, a las de Luis Carlos Galán (3) y las de Noemí Sanín en los noventa, a las de Mockus y los verdes (4) en los años 2000, las tercerías se han hecho escuchar (27% en 1998 con Noemí Sanín (5), 21% en 2010 con Mockus). Y como sucede con las candidaturas de izquierda, no hay figuras atadas a estos sectores: la prueba son Noemí Sanín y Mockus, que logran las mejores y también las más bajas votaciones de estos sectores a cuatro años de diferencia. En suma, tanto en la izquierda como entre los progresistas, son las circunstancias las que definen el mejor candidato.

En este otro gráfico se aprecia la evolución global de las tercerías (la suma de izquierdas y otros sectores):

Como se ve, se tardó mucho en recobrar los niveles alcanzados en 1970: en esa fecha, la candidatura disidente de Gustavo Rojas Pinilla había alcanzado el 40% de la votación total. A partir de ahí, y tras el robo de esta elección, el sistema se cierra y solamente en el cambio de siglo despunta, de nuevo, una tercería. En los años 1998-2014, la unión de izquierda y otros sectores alternativos tiene un nivel promedio de 21% de los votos, (su nivel máximo de 30% del total del voto). En 2018, por primera vez la suma de estas opciones alcanza casi el 50% de los votos. En 2022, y con sus dos figuras carismáticas, casi llega a las tres cuartas partes de la votación.

En suma, el impacto de las tercerías ha venido en alza, al punto que en 2022 tendremos un presidente proveniente de una de ellas. Por supuesto, un trabajo más profundo daría luces sobre el contorno político, social de estas formaciones (si responden o no a un partido, si son movimientos duraderos o efímeros, si están amarrados a la figura de un líder), así como sobre su independencia económica (o no).   

Resultados electorales en las cinco principales capitales

En 2018, Duque le sacó buena ventaja a Petro en 2018 en municipios pequeños (de menos de 50 mil votantes inscritos) y moderadamente en los municipios de tamaño medio (entre 50 mil y 100 mil votantes inscritos). Aun esperamos afinar los resultados de la primera vuelta para saber si esta vez, ese voto de corte más conservador, y que también favoreció al NO en el plebiscito por la paz, favoreció a Hernández, y en qué proporción.

Por el momento me limito a las cinco ciudades más pobladas del país (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena). Para cada una presento el nivel de participación (que, en regla general, es casi idéntico), y las votaciones por bloques (progresista, derecha y Hernández).

Este examen muestra que 1) donde el progresismo logra mantenerse, como Cartagena, Barranquilla y parcialmente en Cali, Hernández consigue sus votos casi exclusivamente en la sola derecha. 2) en contraste, en donde el progresismo baja (Bogotá, Medellín), Hernández captura tanto el voto progresista como el de derecha. Veamos:

Cali, primera vuelta 2018 y 2022:

Participación: 3 puntos más en 2022

Bloque progresista: baja 3 puntos
2018: 62%
2022: 59%

Derecha: baja 10 puntos
2018: 35%
2022: 25%

Hernández, 14%, le saca la mayor tajada a la derecha, a una pequeña fracción de los progresistas y posiblemente a los nuevos votantes.

Cartagena, primera vuelta 2018 y 2022:

Participación: sube un poco (3 puntos)

Bloque progresista: baja 1 punto
2018: 60%
2022: 59%

Derecha: baja 10 puntos
2018: 37%
2022: 27%

Hernández, 12%, captura los votos que antes se fueron a la derecha.

Barranquilla: primera vuelta 2018 y 2022

Participación: bajó en tres puntos.

Bloque progresista baja 2 puntos:
2018: 57%
2022: 55%

Derecha: baja 16 puntos
2018: 45%
2022: 29%

Hernández obtiene el 14% de los votos, capturando esencialmente el voto de la derecha.

Medellín, primera vuelta 2018 y 2022

Participación: casi idéntica.

Bloque progresista: baja 10 puntos
2018: 41%
2022: 31%

Derecha: baja 2 puntos
2018: 56%
2022: 54%

Hernández, 13%, capturó el caudal del bloque progresista que no se fue con Petro/Fajardo esta vez.

Bogotá, primera vuelta 2018 y 2022

Participación: casi igual.

Bloque progresista baja 12 puntos:
2018: 67%
2022: 55%

Derecha: baja 12 puntos
2018: 32%
2022: 20%

Hernández obtiene el 22% de los votos. Les mordió a ambos bloques, casi por igual.

En síntesis, el análisis de la votación de la primera vuelta en 2018 y 2022 muestra que amplios sectores que en las elecciones pasadas votaron por Duque, pero también una fracción del sector progresista, esta vez se fue con el candidato “outsider” Rodolfo Hernández.

¿En estas condiciones, cómo encarar esta segunda vuelta? Petro, sin duda, va a construir un nuevo discurso, pues el elector de Hernández no es solo el “uribista” de base contra el que ha centrado su campaña. Petro tratará seguramente de desmotivar al elector de Hernández; buscará al que duda (o pondrá a dudar al elector, incluso pidiendo el voto en blanco). Muy seguramente, además, Petro atacará por varios flancos a Hernández (éste habla mucho, y dice muchas cosas que revelan su poco conocimiento de temas sensibles, como el feminismo). También será atacado por sus investigaciones por corrupción. 

Este, por su lado, debe buscar equidistancia, pues buena parte de su electorado (pero no todo) es anti petrista más que rodolfista. Adicionalmente, la simpleza de su discurso anticorrupción es eficaz en cierto electorado, pero termina por agotarse. Rodolfo Hernández, además, tendrá que responder a la lluvia de críticas (y no tiene a muchos alfiles desmintiendo estas, contrariamente al candidato Petro, que tiene a senadores y a cientos de miles de seguidores). Por último, si bien Hernández tiene más chances teniendo en cuenta el resultado de la primera vuelta, la campaña será, indudablemente, decisoria. Cualquier error tendrá consecuencias, además de que la guerra de des/información será viral.

*Olga Lucía González. Doctora en sociología de la EHESS de París.

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