La fragilidad de la democracia

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“La Democracia es un sistema político que genera decepción… especialmente cuando se hace bien. Cuando la democracia funciona bien se convierte en un régimen de desocultación, en el que se vigila, descubre, critica, desconfía, protesta, e impugna. Daniel Inneriraty. Filósofo y catedrático español. Bilbao.1959).

“Las virulencias se ven como ejercicios de sinceridad y los discursos matizados como inauténticos; quienes son más ofensivos ganan mayor atención en la esfera pública.” Daniel Inneriraty. Filósofo y catedrático español. Bilbao, 1959).

(Lea también: Incompletud)

El sistema democrático de gobierno y de ejercicio de la política es un sistema frágil.  Lo es por su propia naturaleza, por ser abierto, sometido a la necesidad de transparencia, por ser el garante de los derechos humanos, donde la controversia es normal, donde se da el pleno ejercicio de la ciudadanía, obligado a procesos, a veces lentos, de decisión. No es un sistema perfecto pero perfectible. Esto significa que la democracia es un logro permanente. Pero tiene sus enemigos, el mayor de ellos es quizás el autoritarismo. Que alguien decida por todos y en nombre de todos, es la salida frecuente, aún muy querida por mayorías ciudadanas, que abdican sus derechos en favor de un ungido interprete del pueblo. En el siglo pasado a esto se le llamo sencillamente dictaduras. Todavía subsisten y en nuestra América Latina tenemos varias, originados en elecciones relativamente libres y que se perpetuaron en el poder controlando todas las ramas del poder público. No conocemos ninguna dictadura garante de los derechos humanos. Por el contrario, les incomoda y los cercenan a su antojo.

Si bien la democracia es un sistema político social frágil también es fuerte, en una especie de paradoja que no es fácil de explicar, por tanto. Frecuentemente será un sistema anhelado y a su vez con una exigencia de virtudes que no siempre se exhiben o practican. Es un sistema que resiste a los malos gobernantes, a algunos pésimos y corruptos políticos, a los extremismos y violentos (no siempre), a las variadas formas de populismo (no siempre), etc.

En estos tiempos eminentemente políticos, por ser de definición electoral del próximo gobierno colombiano, a partir del 7 de agosto de este año, la democracia es puesta a prueba y a pesar del imaginario de muchos, en cuanto que la democracia se reduce a lo electoral, esta es una forma de vida política, que, exige una vigilancia democrática permanente de parte de los ciudadanos. ¿A qué me refiero?

 Cualquiera que sea el resultado entre dos candidatos, en lo que se llama segunda vuelta, ambos producen incertidumbres, quizás uno por ser anti-establecimiento y otro por ser un “outsider”, o sea alguien sin mucha trayectoria política, con poca claridad ideológica, que algunos han calificado de un salto al vacío.

Entonces, ¿qué hacer ante tal perspectiva?

Mi propuesta iría encaminada a que cualquiera que gane, debe hacerse un ejercicio de veeduría ciudadana o de vigilancia democrática, que desde distintas organizaciones pro-democracia, personalidades y ciudadanos se den a la tarea de constituir esa especie de vigilancia democrática, con base en los siguientes puntos, que considero cruciales.

  1. Apoyo al desarrollo y ejecución del proceso de paz.
  2. Respeto a la separación de poderes del Estado.
  3. Garantías a quienes ejerzan la Oposición y cumplimiento estricto del Estatuto de Oposición.
  4. No gobernar bajo el esquema de Estado de Excepción salvo que una situación sobreviniente de amenaza grave al Estado o a la Sociedad se dé.
  5. No entregar porciones del Gobierno a manejo discrecional de sectores políticos.
  6. Convocatoria a la Unidad Nacional con propósitos que puedan ser comunes.
  7. Ningún miembro del Gobierno podrá aspirar a dirigir organismos de control.
  8. Garantizar la libertad de prensa y comunicación, no se utilizará publicidad del Estado para ganar favorabilidad de los medios de comunicación, la publicidad del Gobierno solo será informativa.
  9. La carrera diplomática, administrativa, notarial y judicial será respetada y priorizadas en la provisión de los cargos públicos.
  10. Respeto y trámite de los compromisos internacionales y relaciones diplomáticas con especial énfasis en el contexto americano.
  11. Disposición de un plan de Transición energética consensuado, responsable y viable.
  12. Garantía total del ejercicio del control territorial estatal, desarrollo de las áreas de frontera y ejercicio pleno de la soberanía nacional.
  13. Manejo responsable consensuado y transparente de las finanzas del Estado.
  14. En general, respeto a la Constitución política de 1991.

(Texto relacionado: El buen gobierno)

Todo este planteamiento o propuesta, no tiene otro propósito que despejar los temores o miedos que se han exacerbado durante la campaña electoral, porque de alguna manera ese ha sido el tono descalificador que se ha aplicado a y desde ambos bandos de la contienda. No se le pide a nadie, a ningún bloque político, que su programa que registró junto con su candidatura no se aplique, sino que, den la garantía de su comportamiento democrático en el ejercicio del gobierno. Por eso no aludimos a aspectos controversiales como políticas económicas, fiscales, contra la pobreza y en áreas como la educación, la salud, la vivienda, etc. Porque al fin al cabo quien gane y parece que va a ser por estrecho margen debe ser muy consciente de esta circunstancia y por lo menos se le pedirían tres cosas como líneas rojas:

Nada que signifique constreñir la democracia, nada que alimente la violencia y nada que haga crecer la enorme desigualdad que campea en nuestro país.

Si esto se da, las colombianas y los colombianos podremos dormir tranquilos durante 4 años y que solo los avatares de la naturaleza y las variables exógenas que nos afecten sean los peligros a afrontar.

¿Utópico? ¿Cómo exigir? ¿En nombre de qué o quién? Solo puedo aducir mi condición de ciudadano colombiano en ejercicio con una convicción de democracia plena, fe en el Estado Social de derecho, preocupado por el buen discurrir de nuestra nación, que no se tenga que buscar suelo extranjero para buscar oportunidades.

Estas ideas pueden ser ampliadas o corregidas, porque de pronto están mal planteadas, pero el propósito es viabilizar garantías de una transición pacífica de un gobierno a otro y de un ejercicio responsable, democrático y de no exclusión en el futuro, de un nuevo gobierno. Quien quiera que lea este texto y a su vez quiera asumirlo y darse a la tarea bienvenido sea.

(Le puede interesar: Al ritmo de los algoritmos)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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1 COMENTARIO

  1. El fortalecimiento de la democracia, a juzgar por las acciones de los candidatos, está más en riesgo con el “outsider” que con Petro y la propuesta del Pacto Histórico. En el fondo la propuesta del Pacto empieza por reducir la cooptación y captura que ha sufrido el Estado, lo que en otras palabras significa promover y ampliar la democracia. La idea de que la ciudadanía entienda y se apropie de las propuestas del Pacto y las exija ante una eventual victoria, es la mejor muestra de que una democracia en crecimiento.

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