La mala hora de Petro

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Al gobierno Petro se le debe vigilar, desde luego. Y existen muchos aspectos de su gobierno para hacerlo.

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Es lamentable lo ocurrido con un pasaje de la vida íntima del mandatario. La utilización de la miseria humana y su explotación a manera de control político es lamentable. Así como la deshumanización del tan acostumbrado juicio sumario proveniente de la hoguera digital llamada Twitter. En Colombia, tenemos tanta moral que la tenemos doble. Con Petro tengo diversas criticas que me separan de su tono paternalista, su acostumbrada grandilocuencia y su complejo de Adán. No obstante, debemos hacer una delicada disección entre una maltrecha relación padre e hijo y la infracción de la ley penal.

De lo visto hasta el momento, parece que se recurre a todo con tal de criticar al gobierno sin importar el cómo y los efectos de tales “criticas”. El activismo de muchos “periodistas” raya en el odio fanático. De informar a tener agenda hay un paso enorme. Al gobierno Petro se le debe vigilar, desde luego. Y existen muchos aspectos de su gobierno para hacerlo. Por ejemplo, la escogencia de ministros, el manejo dado al servicio diplomático, el clientelismo y la burocracia desmedida vía Ministerio de la Igualdad. No obstante, me temo que muchos sectores de la prensa hacen el papel de juez y parte.

Lo grave es que en un país como Colombia se presume la mala fe. Aquí nadie es inocente hasta tanto se demuestre su culpabilidad, es al contrario, eres culpable de entrada. Ser servidor público es ser un bandido perezoso con paga. Así estamos. Presumiendo la maldad todo el tiempo. De otra parte, tenemos al petrismo militante que hasta conoce el contenido del corazón de Petro. Alegan en su afán de salvar los muebles, que su líder es puro de corazón. Un hombre bien intencionado que no somos capaces de comprender debido a nuestra mezquindad. Mientras, otros se apuran a señalar de racistas, fascistas, burgueses y demás, a quienes debido a nuestro ateísmo no somos capaces de ver el caudillo de buen corazón que habita en Petro.

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Así estamos. Nos atacamos ferozmente por tener la razón. Es una lástima que el pensamiento critico se haya extraviado en el cajón de sastre de la izquierda colombiana. Ya nadie cuenta las masacres. Los nombramientos de amigos y familiares en cargos públicos. Tampoco se reclama austeridad del Ejecutivo. Asimismo, nadie reclama la responsabilidad política del Presidente debido a las masacres de civiles que lamentablemente no cesan. En suma, cada vez más nos convertimos en una sociedad tribal que no tolera la crítica. De ahí que, a quien se atreva le caerá el peso de la justicia twittera con su respectiva dosis de escarnio público proveniente de las bodegas pagas que corren la línea ética a diario.

Quizás este lamentable episodio sirva para entender la necesidad de contar con unas instituciones fuertes. El preservar la justicia lo menos contaminada de la política debería ser un imperativo para esta Nación. Les conviene a todos ser juzgado por los mejores juristas que no respondan al interés político que solo atiende el deseo de llevar al fango el debate público, no importa si para tal fin se debe instrumentalizar a quién sea.

Es urgente echar un ojo a las facultades de derecho de donde vienen nuestros futuros jueces y la manera cómo se está impartiendo el saber jurídico a nuestros estudiantes. La defensa del marco institucional más allá del interés político en clave con la defensa de la democracia y sus formas debe ser la piedra angular. Hoy, cuando el Presidente tiene en vilo su legitimidad, es momento de hacer un llamado a la responsabilidad de todo el país político (incluida la prensa) para que permitan trabajar a los jueces evitando ocupar su lugar mediante titulares mezquinos que en lugar de informar confunden a la opinión.

Son los jueces los que deben juzgar respetando las garantías procesales y de paso, asegurando una investigación integral a través de evaluar los hechos y circunstancias que tiendan a demostrar la responsabilidad de los investigados o su inexistencia, o los eximan de responsabilidad. Mientras tanto, es fundamental darle altura al debate separando las miserias personales de las responsabilidades penales.

Adenda. Es lamentable lo ocurrido con el Tribunal de Ética Médica del Valle del Cauca que ante la falta de presupuesto cerró sus puertas.

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*Juan Carlos Lozano Cuervo, abogado, con estudios de maestría en filosofía. Es profesor de ética y ciudadanía en el Instituto Departamental de Bellas Artes y profesor de cátedra de derecho constitucional en la Universidad Santiago de Cali. @juanlozanocuerv

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