La marihuana de la tierra sagrada

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El negocio prevé mover en el año 2025 unos 50.000 millones de euros en todo el mundo. Colombia no se puede quedar rezagada.

El 16 de mayo de 1961, John F. Kennedy anunció que el segundo proyecto de los Cuerpos de Paz, para contener el comunismo, se llevaría a cabo en Colombia. Alrededor de 60 voluntarios llegaron con la misión de brindar apoyo y asesoría a nuestros campesinos, especialmente en asuntos relacionados con el agro, la infraestructura, la educación y la salud.

Tenían el propósito de llegar a los más recónditos lugares de nuestra patria con su apostolado y sí que lo hicieron. Pisaron tierra sagrada, justo el sitio donde, de acuerdo con nuestros hermanos mayores, comienza el universo, la Sierra Nevada de Santa Marta. Entonces, ya no se quisieron ir. Los deslumbraba el fascinante clima, la tranquilidad, la bondad de nuestros indígenas, la belleza impactante de la fauna y la flora; sí, especialmente, la de la flora.

Colombia ya era reconocida en el mundo por los atributos de su suave café, gracias a su proceso de producción en condiciones naturales; su calidad era el resultado de altitud, latitud y temperatura. Por eso, no era extraño que los visitantes, siendo expertos también en asuntos agrícolas, revisaran el sabor, aroma, textura, formas de diversos vegetales y frutos de nuestra tierra. En dicho escrutinio, también estaba la marihuana.

Las cualidades de esta hierba en la Sierra Nevada de Santa Marta eran únicas. El descubrimiento puso un brillo inusual en la mirada de los americanos, las manos comenzaron a sudarles y la voz se les hizo cada vez más temblorosa. Un  sobresalto que no tenía nada que ver con efectos relacionados con la catación de la planta y se asociaba, más bien, a la emoción que les producía dicho hallazgo. Sabían que, frente a ellos, tenían el nuevo oro de los conquistadores modernos. A partir de aquel momento, se percibieron de ese modo – conquistadores – .

Con los voluntarios del Cuerpo de Paz traficando la singular mercancia, inició un negocio a pequeña escala ilegal y muy lucrativo hasta que llegó a las mafias de Estados Unidos, donde creció de forma exponencial, dando lugar a lo que se denominó “la bonanza marimbera”, que entre otros, enriqueció a muchos nativos de las zonas geográficas de la Sierra Nevada de Santa Marta (Magdalena), La Serranía del Perijá (Cesar) y La Guajira.

Pocos años después, el 84% de ese territorio estaba sembrado de marihuana; los campesinos ganaban seis veces más, que cuando trabajaban con el algodón. Los gringos inundaron de dólares el territorio y compraban sin discriminación a todo el que les llevara alijos de la planta.

El producto era tan bueno y rentable que los jefes de la mafia no escatimaron recursos en la modernización de los cultivos y en la creación de una infraestructura de transporte, con vehículos de toda clase. Además, corrompieron a muchas autoridades para garantizar el éxito de su creciente y próspera empresa. Incluso el Gobierno nacional, con Lopez Michelsen a la cabeza, se las ingenió para nacionalizar los capitales que generaba el negocio. En aquella época, se hizo célebre “la ventanilla siniestra” del Banco de la República como el mayor lavadero de dólares de Colombia.

Desde entonces, nuestro país se ha mantenido subyugado a los Estados Unidos. Son los mayores consumidores del mundo, los que nos trajeron el negocio de las drogas en todas sus variedades y, sin embargo, marchamos con la cabeza gacha, porque a los señores del Norte, les pareció fácil y estratégico endilgarnos el título de reyes de la producción de drogas del mundo, aunque en el fondo sean ellos, quienes controlan todo el negocio. Mientras a Colombia se le asocia con la fabricación y exportación de drogas, a Estados Unidos, por el contrario, se le ve como víctima de la voracidad de los narcos colombianos.

Si nos exigen sudor y lágrimas, que no nos paguen con espejitos y raras baratijas. Más y más países optan por la legalización, una tendencia que dificilmente se detendrá. El negocio prevé mover en el año 2025 unos 50.000 millones de euros en todo el mundo. Colombia no se puede quedar rezagada. Los financieros afirman que, después de la aparición de Amazon, el del cannabis, es el negocio de mayor disrupción en el mercado. El ejemplo de Canadá es notorio. Fue el primer Estado en regularla de forma integral. Un país que es ícono de progreso y modernidad y que tiene uno de los mayores PIB del mundo, con 37 millones de habitantes, de los cuales cinco millones la consumen y que maneja unas cifras alrededor del negocio de la marihuana, que ya supera los 6.000 millones de euros.

En Colombia, se dio un paso importante. El presidente Juan Manuel Santos sancionó la ley 1787 de 2016, que permitió el uso médico y científico del cannabis y sus derivados. Es importante continuar avanzando; nuestro pontencial sigue siendo enorme.

*Rodney Castro Gullo, Abogado, escritor y columnista. @rodneycastrog

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