La opinión calificada de María Ángela Holguín

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Sacada de Embajada de Colombia en México

La prédica según la cual toda la dirigencia política es corrupta, salvo por supuesto quienes la denuncian, en muchos países de nuestra Iberoamérica algunos “desinteresados” buscan que cale, a sabiendas que el aserto no solo es falso sino que a veces es hasta malicioso.

Sacada de Embajada de Colombia en México

Opinar sobre un país del cual uno es nacional es materia difícil pues, generalmente, los sentimientos pueden nublar el juicio, salvo que se trate de una persona absolutamente equilibrada – que existen pero que pocas son -. Por el contrario, el diplomático, que está obligado por formación y obligación a mantener la distancia para transmitirle a su gobierno la opinión más objetiva posible, es en esas circunstancias persona muy calificada para hacerlo, sobre todo cuando está – o ha estado en el terreno – y ha tenido contacto con distintos actores del país respecto del cual opinará.

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Ha publicado la señora María Ángela Holguín, quien fuere embajadora en Caracas del gobierno colombiano durante la primera gestión del Presidente Uribe y posteriormente canciller del gobierno Santos, un libro sobre sus tiempos en nuestros país denominado “La Venezuela que viví” respecto del cual el bogotano diario El Tiempo, en su pasada edición dominical, publicó un capítulo en el cual quedan retratadas nuestra Venezuela democrática y las prácticas que nos condujeron a lo que hoy somos. En el mismo, ella expresamente señaló que “fueron ignorados los logros de la Cuarta República y, en cambio, exaltados sus muchos errores”. Así, en quince palabras fotografió ella uno de los principales motivos de nuestra tragedia.

Tal como expresamente queda referido en el citado capítulo, por una parte, los medios se encargaron de debilitar la democracia, exaltando sus debilidades y, por la otra, la Corte Suprema de la época desarrolló la inexistente figura en nuestra legislación de la consulta al poder originario, lo que permitió a Chávez “desmontar el sistema de democracia representativa” que existió en el país.

Ha confirmado la señora Holguín con su obra lo que en muchas de estas líneas en oportunidades precedentes hemos destacado, entre otras la influencia de los medios en el ascenso del señor Chávez, la nula defensa de la democracia por parte de quienes la habían dirigido y la “ingeniería jurídica” en mala hora desarrollada por los señores que integraban el más alto tribunal del país para esa época. En ellos – así lo creo – radica la mayor responsabilidad de nuestra tragedia. Ese cóctel una minoría lo compró y nos la impuso – por acción y por omisión- no solo a nosotros sino a los demás países del mundo que hoy ven inundadas sus calles de venezolanos, los más de ellos en situación muy calamitosa.

(Texto relacionado: Referendo abrogatorio)

La explicación que contiene el capítulo del libro referido tiene suma importancia en nuestros países.

En éstos, las mismas prácticas de la sociedad civil – léase medios y élites – parecieren privilegiar en sus dichos las falencias internas que se tienen sin ponderarlas con las cosas que bien se han hecho, lo cual a cualquiera de sus ciudadanos puede hacer creer, especialmente a los jóvenes, que todo es malo, que nada se ha construido y que todo está por hacer.

La prédica según la cual toda la dirigencia política es corrupta, salvo por supuesto quienes la denuncian, en muchos países de nuestra Iberoamérica algunos “desinteresados” buscan que cale, a sabiendas que el aserto no solo es falso sino que a veces es hasta malicioso. La receta fue ensayada en Venezuela y les resultó exitosa y todavía hoy algunos la repiten a pesar de la evidencia en contrario respecto de la conducta de la gran mayoría de nuestros políticos.

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Como corolario, uno espera que la experiencia venezolana, tan bien descrita en esas quince palabras que previamente referí, pueda servir como elemento de reflexión para que nuestra experiencia no sea repetida en otros lares.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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