La trivialización del mal

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“La Verdad ha sido cubierta por el miedo y el terror, por intereses mezquinos y corrupción, por comportamientos inhumanos que se hicieron rutina. …Para desde esa Verdad construir desde la no repetición el país que todavía no conocemos”. Padre Francisco de Roux. Presidente de la Comisión de la Verdad. 29 de noviembre de 2021.

“Llamamos a aceptar responsabilidades éticas y políticas con sinceridad de corazón… ¿Qué paso con la sociedad y el Estado mientras ocurría? ¿Cómo nos atrevemos a dejar que pasara y a dejar que continúe?. Padre Francisco de Roux. Presidente de la comisión de la verdad. Tomado del discurso de entrega del Informe final de la Comisión de la Verdad. 28 de junio de 2022.

Sacado de Información Center

No hay pensamientos peligrosos, pensar es de por sí lo peligroso… El mal no es nunca “radical”, sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie… Antes de que los líderes de masas se apoderen del poder para hacer encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales. Los orígenes del totalitarismo“. (1951). Hannah Arendt. Filosofa Política. 1906-1975)

(Lea también: 1930 y 2022)

La presentación del Informe final de La Comisión de la Verdad el 28 de junio pasado, es uno de los acontecimientos de mayor significado en nuestra vida colombiana de los últimos tiempos. Frente al mismo se han dibujado posiciones distintas que parecen ser las que correspondieron en muchos casos, al grado de responsabilidad que se tuvo en el conflicto por parte de actores implicados en el mismo.

El Negacionismo, la trivialización y la aceptación seria son el compendio de las actitudes asumidas por quienes hacemos parte de esta sociedad, e inclusive la indiferencia. La elección presidencial del 29 de mayo ha opacado la trascendencia que un informe de esta magnitud de contenido y responsabilidad por las expectativas alrededor no solo de la composición del gabinete que integrará el presidente electo sino ante todo por el significado o dimensión del cambio prometido. Esto es entendible, pero solo como una coyuntura que también tiene trascendencia, pero el Informe debe ser un “libro sagrado”, para esta próxima administración en la medida en que el triunfo obtenido compromete más con el ejercicio real de la Paz, de acuerdo al mandato constitucional.

La actitud de las fuerzas de extrema derecha era de esperarse en cuanto asumen la negación no solo la del conflicto violento de esos 60 años sino de la imposibilidad de entender la reconciliación para entrar en una nueva era. El propósito de una Comisión de la Verdad no solamente se remitía al arduo, peligroso y nada agradable oficio de recoger las múltiples verdades que origina un conflicto violento endémico. Sino desarrollar con el conocimiento de la verdad y el horror de los hechos descritos un compromiso de NO REPETICIÓN y algo más la posibilidad de un camino de RECONCILIACIÓN Y como el mismo Informe lo señala construir un NOSOTROS. Otros han tomado el camino de la minimización de lo ocurrido y hasta su trivialización, como ocurre con alguna columnista de un importante diario capitalino que utilizando una insólita metáfora pastelera se va por las ramas del Informe para trivializarlo y como dice la filósofa Hannah Arendt, banalizar el mal.

¿Será que 450.666 personas que perdieron la vida durante el conflicto violento que embargó a nuestro país solo merece un comentario gracioso, casi de farándula? La indagación de la comisión de la Verdad pudo establecer esa cifra, seguramente aproximada y muchos muertos no quedaron en esa trágica contabilidad mortuoria, pero si suficientes para establecer un horror de lo acaecido, cruzando información de diversas fuentes. No es para meterlo debajo de la alfombra. Quizás para algunos era mejor ocultarlo o verlo como un daño colateral a no sé qué propósito. Se cruzaron 112 bases de datos y se pudieron estimar que entre 1986 y 2016 murieron por vía violenta esas personas y quizás más, pero lo más doloroso, si acaso el combate fuera una excusa, que el 80% de esas víctimas eran civiles y muertas fuera de combate.

Algunos se han sorprendido respecto a que el Informe establezca responsabilidades en el Estado Colombiano e inclusive encuentran un sesgo en este juicio. Hay que decirlo con toda claridad, la gran responsabilidad es del Estado ya sea por ACCIÓN, OMISIÓN o COMPLICIDAD. El Estado está diseñado en nuestro ordenamiento constitucional como el encargado supremo de garantizar el derecho a la vida como bien inalienable. De ahí se desprende la gran responsabilidad del Estado frente a terceros que violen tal derecho fundamental (paramilitares, guerrilla, narcotraficantes, Etc.). Por otro lado, la Constitución Política de Colombia señala claramente que la Paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

(Texto relacionado: El día después: Guerra Social o Guerra Económica.)

El voluminoso informe, no podría ser de otra manera, se compone de diez capítulos y fue entregado en la ceremonia del Teatro Jorge Eliécer Gaitán el 28 de junio, el correspondiente al documento que es una especie de resumen llamado de “Síntesis, hallazgos y recomendaciones”. Habrá que “masearlo”, como decíamos de muchachos en el colegio, para estudiarlo a fondo, porque indudablemente es un ejercicio necesario, es una especie de corte de cuentas doloroso para entrar al país del nunca jamás.

Comisiones de la Verdad se han dado en muchos países que han vivido procesos o episodios de violencia.  Las comisiones de la verdad se han establecido como un mecanismo paralelo a situaciones de postconflicto, en un contexto de justicia transicional para que sociedades que han vivido procesos o episodios de violencia puedan reconciliarse reconociendo lo ocurrido y con el compromiso de no repetición en un propósito de construcción de paz y democracia. En el mundo han existido alrededor de 51 comisiones de la Verdad, siendo la primera de ellas la de Uganda entre 1971 y 1974. En Canadá se estableció una comisión de la Verdad para investigar lo ocurrido en los internados para indígenas, respecto a abusos ocurridos en tales establecimientos, la cual se creó en 2008. En Colombia tuvimos unas experiencias anteriores de Comisiones de la Verdad, en diferentes gobiernos y a partir de acuerdos de paz con varios grupos insurgentes, e inclusive una que investigó los hechos del palacio de Justicia de 1985. Pero tal vez ninguna con la importancia, jerarquía y referencia de la actual.

Corresponderá al próximo Gobierno que asume el 7 de agosto de 2022, hacer la lectura y la difusión pedagógica y masiva del Informe de la Comisión de la Verdad. La tarea de la sociedad y el Estado colombianos es asumir este esfuerzo de Verdad para dimensionar lo ocurrido, establecer seriamente el compromiso de no repetición y abrir el camino de la paz definitiva.

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*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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2 COMENTARIOS

  1. El Informe de la Comisión de la Verdad (2022) y el libro “La violencia en Colombia” (1962) de Monseñor Germán Guzman, Eduardo Umaña Luna y Orlando Fals, son posiblemente, los dos textos más importantes producidos por las ciencias sociales en toda nuestra historia nacional, como textos que desentrañan la verdad de nuestro conflicto y aplicables a ellos la sentencia bíblica “la verdad os hará libres”. Como en aquellos años cincuenta y sesenta del siglo pasado, cuando se realizó la investigación que dio origen al segundo texto mencionado el parte aguas de la aceptación y rechazo a sus resultados y conclusiones divide el país entre los mas que deseamos una sociedad democrática, justa, incluyente y en paz y los menos aquellos negacionistas, incluido el actual presidente, que minimizan sus conclusiones o las niegan o las trivializan y que han estado en la raíz misma del el horror de la violencia que hemos padecido.

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