La vida senior

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Esas voces a las que pocas veces prestamos nuestro oído vienen a arrancarnos de un letargo, vienen como otras que tampoco escuchamos, a despertar nuestra conciencia dormida y a enaltecer a otros seres, a mostrarnos otros rostros, a cambiar la dirección y la profundidad de nuestra mirada antes reducida y enturbiada”. Irene de V. De Gialdino en R. Sautu. El método biográfico.  Ediciones Lumiere. Bs. Aires, Argentina. 1999.

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Un programa de televisión nacional (Caracol TV) nos reveló que las historias de vida de los concursantes de un programa-concurso de canto para mayores de 60 años, era un material interesante para concitar la atención de los televidentes. En efecto, parecería que las biografías narradas por los propios participantes del concurso (La Voz Senior) eran más interesantes que sus habilidades cantoras (sin decir que no las tengan), para algunos de los que observamos este programa. La sorpresa, entonces, y acertadamente la producción del programa les dio espacio a estas narraciones de su propia vida, fueron las interesantes y muchas veces desgarradoras historias que narraban los concursantes de esta edición 2022 del programa de TV. La revelación fueron las dramáticas experiencias que vivieron estos personajes que reflejan bien la vida de muchos colombianos y colombianas. Infancias difíciles, marcadas por el desarraigo, familias empobrecidas desplazadas, mujeres abandonadas que lograron sobrevivir a crueles condiciones de vida con sus hijos. Porque la narrativa no era la truculencia de una telenovela o serie, sino el testimonio vívido de personas que gracias a la música o a pesar de ella, lograron de alguna manera lo que en lenguaje social colombiano se llama “salir adelante”, es decir superar condiciones económicas y sociales muy adversas, con padres ausentes o despóticos. A esto los psicólogos lo llaman resiliencia.

Los hombres-niños o las mujeres-niñas, muchos de ellos/as, tuvieran que dejar el hogar paterno muy temprano para hacer su propia vida, inclusive desde muy pequeños y sobrevivir en la calle, con toda ese despojo y aculturación de sobrevivencia, muchas veces rayando en la pequeña delincuencia o en la sobreexplotación laboral. Las mujeres, que querían optar en su vida por la dedicación a la música fueron condenadas a negarse esa opción, en situaciones de progenitores autoritarios o esposos maltratadores que reducían el rol de la mujer a la crianza de los hijos o a las tareas del hogar. Muchos de ellos con trayectorias artísticas, de pronto efímeras, pero que, además, las condiciones del “mercado” los despojaba de alguna seguridad económica y solo quedaba el recuerdo de los éxitos y los aplausos, escasos o abundantes.

Un material sociológico increíble, de viva voz, con las limitaciones que los criterios de los productores imponen, aun cuando de alguna manera intuyendo que ahí en buena parte podría estar el éxito del programa televisivo y su rating. Un verdadero “serendipity” (un término gringo para expresar un hallazgo no previsto) o serendipia en español. Este no es un tema de farándula, la música no lo es a pesar de la comercialización que la ha intentado reducir a algo muy “light”.

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Las ciencias sociales consideran a las historias de vida, o método biográfico, como una técnica de investigación cualitativa que permite al investigador aproximarse mejor a cómo las personas reproducen o reflejan la sociedad en que viven.

El propósito de este escrito no es ni explicar ni fundamentar una determinada técnica de investigación social, sino cómo valorar por caminos de pronto inesperados, en donde aparecen elementos que permiten ver las rendijas de nuestra sociedad y observar sus grietas profundas.

La música y todas sus expresiones, en este caso la vocal, han pasado a una valoración distinta como actividad, a lo largo de los últimos 50 años o tal vez más en nuestro país. Vinculada a un imaginario de “bohemia” en los años 40 o 50 del siglo pasado, en el sentido de vida “disipada” y quizás calificada de irresponsable, en donde el consumo de licor era el medio usual de relacionamiento, hoy es una actividad muy comercial, con las exigencias propias de ser muy rentable, en donde el asunto de la “fama”, el reconocimiento social, juega un papel muy importante y donde los medios de comunicación y últimamente las redes virtuales sociales son determinantes.

Hoy en día la industria de la recreación, en donde suele ubicarse la actividad musical, desde las más refinada hasta en sus formas más prosaicas, tienen una dinámica de lógica capitalista aun cuando en términos de una producción simbólica. Para decirlo más sencillo, ese mundo de la música no es el mismo de unos personajes que en la mayoría de los casos se le negó el acceso a él, ya sea porque en el imaginario social no era aceptable, o “bien visto”, y aún hoy es estigmatizado quizás ya no por el “vicio del alcohol” sino por el de las “drogas”.

Pues como de un programa de entretención puede surgir un rico asomo a unos mundos personales de muy difícil vivencia, como expresión de esta Colombia tan desigual y equívoca en la apreciación del mundo simbólico, como lo es la música, no solo vinculada a situaciones del fracaso amoroso (el famoso despecho) sino no a cantar nuestra propia vida, en todos sus elementos.

De una televisión, pensada casi siempre como una actividad recreativa insulsa, pueden surgir reconocimientos importantes de cómo se señalaba en la cita que encabeza este escrito y para recurrir a algo machacado: darle voz a los que no la tienen, a los invisibilizados (¿nadies?), porque quizás no gozaron del efímero título de famosos en su momento.

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*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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2 COMENTARIOS

  1. Tres temas: resilencia, método biográfico e industria de la recreación. De la resilencia: palabreja de moda, que traducida al colombiano es “hacer la vida”; del método biográfico, tan apreciado siempre por las ciencias sociales y puesto ahora sobre el tapete ante una sociología que trató de olvidar al individuo; e industria de recreación emparentado con los desarrollos de las ciencias sociales en el período entreguerras . Con estos tres temas se organiza una mirada sintética y valiosa sobre alguna manera de reconocimiento a los que la vida se los negó durante la mayor parte de esta. Buen asunto.

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