La bandera derrama sangre, un llamado al gobierno de Canadá

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Este texto fue elaborado a propósito de la movilización de colombianos en Ottawa este 7 de mayo.

La bandera colombiana escurre rojo, derrama sangre. Pero la bandera no está solo roja; está arrugada, impactada, sombría: está de luto.

Los millones de la pandemia, nos dimos cuenta, fueron utilizados para tanquetas, para aviones de guerra, para bombas aturdidoras, para cohetes que lanzan gases y bombas múltiples en barrios pobres, contra niños, mujeres y jóvenes inermes que se defienden con arengas, canciones, bailes, rebeldía y piedras. Piedras de tanta injusticia social acumulada.

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La plata era para camionetas blindadas del presidente, para sus paseos y sus banquetes, para nuevos policías, para sicarios, para gatilleros, que persiguen en la noche en furgones blancos y en motos sin placas a los jóvenes. La lista de muertos, de torturados y desaparecidos golpea el alma.

La plata era también para la biografía de su mujer y para mejorar su imagen personal. Era igualmente para los bancos y los financiadores de su campaña. Y quieren aprobar una reforma tributaria, que dicen retirar para reformarla, para que el pueblo pague su arrogancia y su derroche.

Toda esa logística de guerra y mermelada es el verdadero significado de su programa de televisión, de timación, “prevención y acción”. La gente sale a protestar y le dicen que no es una protesta social, que se trata de vándalos, y le repiten el cuento trillado de la infiltración de la guerrilla, y no bastando con eso le dicen que se trata de una “revolución molecular disipada”, como advirtió recientemente el que manda al títere.

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Eso es lo que se está viendo y eso no tiene un carácter filosófico sino histórico y político: eso es puro fascismo.

Llaman “revolución molecular disipada” a la protesta social para estigmatizarla, para darle un trato militar, para masacrarla, porque en “el país más feliz del mundo”, según sus campañas publicitarias, la protesta social no cabe. Protestar no es un derecho sino un delito. Quieren que de la bandera, al pueblo le toque el rojo, porque el amarillo y el azul lo cogieron ellos para robárselo.

Así han tenido la república, así siempre la han controlado. Pero, desde la independencia, desde el Bogotazo, desde el paro de 1977, desde el anterior de 2019, como en el de ahora, ha ido pariendo en la lucha una nueva Colombia, una generación que no tolera más semejante oprobio.

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La juventud y el pueblo colombiano en su conjunto quieren un futuro distinto y están dando una batalla heroica de emancipación para lograrlo. El pueblo demanda cambios sociales profundos, no un besamanos en Palacio, no ese conciliábulo del yo-con-yo con el que el Presidente, como el avestruz, mete la cabeza en la arena.

Honor a los jóvenes mártires, a Dilan Cruz, al jovencito de Ibagué Santiago Murillo, a los otros numerosos caídos, a los torturados y desaparecidos y a Lucas Villa, de Pereira, que no ha muerto, que sigue vivo como el paro, en su lucha por la vida. Ellos son nuestros verdaderos héroes, nuestros muchachos.

Pero sepan, nada ha sido en vano. Lo que ya han logrado los jóvenes, los indígenas, los trabajadores colombianos y la lista larga de líderes sociales y excombatientes de Farc a diario asesinados es una gran victoria: abrirle los ojos al país y al mundo de lo que ha ocurrido, de lo que está pasando.

Viva la juventud rebelde de Colombia,
Viva el paro nacional,
que es un paro para avanzar,

“El pueblo unido jamás será vencido”.

S.O.S. COLOMBIA: NOS ESTÁN MATANDO
ES UN LLAMADO AL PUEBLO Y AL GOBIERNO DE CANADÁ,
¡ES UN LLAMADO AL MUNDO!

*León Arled Flórez, historiador colombo-canadiense.

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