La diplomacia de la vergüenza

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El parroquialismo prominente en los funcionarios del gobierno y su desprecio por el bienestar de la población los llevó a pasar por alto que estábamos ante un mercado oligopólico, sumado a que el mecanismo COVAX fue pensado especialmente para los Estados más pobres

El Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, solo puede catalogarse como el palacio de la vergüenza. El único “logro” de Duque y su equipo de trabajo en materia internacional ha sido no permitir que nos volviésemos como Venezuela. Con su gestión, igual que un hechicero de magia negra, logró descender a Colombia a los más oscuros socavones de pobreza, corrupción, violaciones de los derechos humanos, narco-paramilitarismo, en sumatoria, la receta perfecta para emular a Myanmar, Haití, Guinea-Bisáu, Nicaragua y, por supuesto, Venezuela, todo embotellado en un macabro elixir venenoso para libertad y la democracia.

El primer canciller y las dos sucesoras han demostrado desconocer el objetivo de la política exterior y el sentido del servicio exterior, como la más sacra expresión del diseño, puesta en marcha y evaluación del proceso de interacción con esa diversa y amplia gama de actores que conforman el espectro internacional. 

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Sin temor a duda, los intereses que un Estado posee y propugna por alcanzar en la arena internacional se aglutinan en tres líneas gruesas: primero, la sobrevivencia de la nación y su territorio; segundo, el bienestar económico de sus gobernados; y, tercero, una libre autodeterminación que le permita tomar sus decisiones de manera autónoma, guardando el respeto a la juridicidad internacional. 

Para el caso colombiano, ninguna de los tres espectros se ve reflejado en el accionar internacional. Basta solo con analizar la absurda incompetencia en el tratamiento a la pandemia. Mientras la mayoría de los países del planeta propugnaban por negociar con las principales farmacéuticas para adquirir la vacuna, Duque y su equipo decidieron esperar cómodamente a que el mecanismo COVAX abasteciera la mayor parte de las cien millones de dosis que la nación requería. 

El parroquialismo prominente en los funcionarios del gobierno y su desprecio por el bienestar de la población los llevó a pasar por alto que estábamos ante un mercado oligopólico, sumado a que el mecanismo COVAX fue pensado especialmente para los Estados más pobres. 

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Paradójicamente, esa mano extendida de Colombia para recibir las donaciones de COVAX contradice completamente la postura del país en la Organización Mundial del Comercio, al negarse obstinadamente a apoyar a los gobiernos que luchan por liberar las patentes de las vacunas. Duque protagoniza un bochornoso espectáculo de contradicciones:  por una parte, el país subdesarrollado incapaz de acceder exitosamente al mercado de las vacunas y, por otra, el rico que defiende los intereses de las farmacéuticas. 

Desde otra perspectiva, recientemente, el Congreso, de la mano con el ejecutivo ofrecieron al país y el mundo, un patético espectáculo, al hundir la ratificación del Acuerdo de Escazú. El repudiable accionar consensuado entre las dos ramas del poder solo revalida la tesis de que el Gobierno no está interesado en la protección del medioambiente y en la aplicación de una verdadera justicia que propugne por garantizar la vida de líderes y lideresas que luchan por el desarrollo sostenible. 

En materia económica, la mediocridad del equipo internacional es irrefutable. A la fecha, no se han iniciado negociaciones encaminadas a abrir nuevas posibilidades para los exportadores colombianos. En la página del Mincomercio, se referencian dos acuerdos en proceso de negociación; no obstante, las conversaciones con Turquía y Japón se iniciaron con el gobierno de Juan Manuel Santos. Asimismo, el único tratado de libre comercio en el cual ha participado el gobierno fue mediante la promulgación del Decreto 1100 de 2020, que puso en vigor el acuerdo con Israel. En conclusión, se puede afirmar que el comercio no ha estado en la agenda internacional colombiana desde el 7 de agosto de 2018. 

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Sin embargo, lo indiscutible es que, en ese penoso ejercicio de diplomacia y paradiplomacia de Duque y sus aliados, han sido protagonistas en la campaña en favor del peor presidente de la historia de Norteamérica, un vehemente lobby en búsqueda del apoyo del gobierno de los EE. UU. para reiniciar las fumigaciones, el socavamiento de las relaciones con Cuba y Rusia, una defensa  de su jefe político ante los 6.402 víctimas de los mal llamados falsos positivos y la justificación de las violaciones de los derechos humanos por parte de la fuerza pública ante cada legítima protesta ciudadana. 

En ese orden de ideas, ya sea asperjando veneno, haciendo trizas el Acuerdo de Paz, justificando las masacres o cerrando las puertas al acceso a vacunas, la diplomacia de Iván Duque está marcada por la cortedad. Un signo con el que se escribirá la historia de la política exterior que lideró y que solo se puede catalogar como la diplomacia de la vergüenza. 

*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

3 COMENTARIOS

  1. Este gobierno es el resultado de una cadena de hechos inmorales que llevaron al señor Ivan Duque M. como el ungido por el INNOMBRABLE. Rodeado por herederos de la delincuencia, usufructuarios de la corrupción. Aliado con el gran capital, para que se sigan llenando los bolsillos, mientras la población Colombiana en su mayoría yace en la miseria. Su incapacidad lo ha hecho caer en lo mas abyecto del ser humano, no le importó la pandemia y por eso se tardaron en tomar medidas, se siguen asesinando a lideres sociales y defensores de derechos humanos y eso nada ha importado. La respuesta a las exigencias del paro han sido fascistas. Que asquerosidad de gobierno. Pasará a la historia por genocida.

  2. El presidente. Duque , si así puede llamarse a un lacayo, a un títere del más corrupto de los políticos que ha dado nuestra nación el “señor tenebroso” Uribe, pasará a la historia como el gobernante más incapaz, un ser corrupto que prefirió seguir las órdenes de su jefe Uribe , para mandar asesinar , torturar , desaparecer, mutilar y desmembrar a una generación de jóvenes manifestantes desarmados que solo buscaban ser escuchados para lograr unas mejores condiciones de vida para lo sociedad.
    Su periodo pasará a la historia como el del más genocida y violador de los derechos humanos que se haya visto , y tarde que temprano tendrá que ser juzgado junto con su mentor por sus crímenes de lesa humanidad.
    Se convirtió en un asesino igual o peor de aquel que lo ayudo a subir al poder.

  3. Uno de los propósitos del Centro Democrático – partido de gobierno, enunciados fue el de volver trizas la Paz. Lo han logrado de lejos. No solo desfiguran con estadísticas – medias verdades, pero grandes mentiras, los “logros” en la implementación de los Acuerdos de la Habana, la masacre sistemática de los firmantes con el permiso del estado, sino que su mezquindad, intolerancia y odio hacia quienes “estorban” sus intereses lo han contagiado al resto de la sociedad. Somos mas mezquinos, mas intolerantes, mas agresivos entre nosotros, que antes.
    Insultamos, si es posible humillamos a quienes piensan diferente a nosotros como ellos lo hacen.En eso, incluso, tratamos de ir adelante que ellos. El Paro Nacional mostró algo esperanzador y admirable. Los jóvenes en un despertar con un impulso grandioso luchando no por sus propias reivindicaciones o con ellas, las de una sociedad mejor para nuestro país. En mucho nos dan ejemplo, especialmente en su generosidad. Son ellos a quienes debemos imitar, no los dirigentes del centro democrático encabezados por Álvaro Uribe y el presidente Iván Duque

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