Hace unos días, se volvió viral una foto que se mantuvo como tendencia nacional varias horas. Era la foto de Laura Daniela Beltrán, más conocida en las redes como “Lalis”. Lalis es una periodista, creadora de contenido para YouTube y tuitera que se caracteriza por su franqueza para abordar la coyuntura política. Podría decirse que, en este mundo de redes sociales, ella es una figura de opinión. ¿Cuál fue la foto y por qué se volvió viral?


Laura Daniela recuerda que, mientras apoyaba a los manifestantes durante el paro del 21 de enero, unos personajes que ella reconoce, por alguna razón, se empeñaron en tomar fotos… pero no fotos de la movilización, no de los integrantes de la Primera Línea, sino de ella. Esta es la foto que se volvió viral:

Horas después de publicada, Twitter se desbordó en comentarios. Millones de personas estuvieron dispuestas a dejar el tema del paro a un lado y concentrarse en el aspecto físico de esta mujer. Comentarios mal intencionados y rayando en el matoneo empezaron a hacerse públicos en Twitter. Muchos de los que más sobresalieron se centraron en su peso y provinieron de la derecha, como si hablar del aspecto físico de una mujer de izquierda desacreditara una manifestación. Esto llegó al punto en que hasta mujeres y personas de su misma inclinación política hablaron de la obesidad como problema social. Puede que lo sea, pero, en este contexto, fueron comentarios “políticamente correctos” mal intencionados. Lalis, no solo se volvió blanco por ser de izquierda, sino por ser mujer.


La discusión no terminó ahí y los insultos parecieron cambiar de rumbo. Aprovechando unos tuits publicados en su cuenta, según ella, unos viejos y otros falsos, muchos intensificaron el ataque con una argumentación del estilo: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”. Estos tuits muestran a una Lalis que agrede con insultos a varias personas.

Ataques tanto xenófobos como a la comunidad LGBTIQ son claves en la argumentación del bullying y la desacreditación de Laura Daniela.


En su libro “Los medios y la modernidad”, John Thompson menciona algo denominado política del escándalo. Es la difamación de la vida privada que pueda afectar un contexto político, un método inmoral pero efectivo. Lalis, como lo decía anteriormente, no solo es una mujer, es una mujer de izquierda y, como les ha pasado a varias mujeres vinculadas a la política, es fácil desacreditarlas, no por su condición ideológica sino por cuestiones de apariencia y sexualidad. En pocas palabras, una mujer en la política tiene que ser flaca, deseable, sin vida sexual y con nada más que un lindo peinado en su cabeza.


Este debate generado por una simple foto dio no solo para analizar las cuestiones ya mencionadas, sino una más. Medios altamente reconocidos en Colombia también hicieron su contribución al debate con esto:

Lalis aclaró, en una entrevista en Semana, a raíz de el escándalo, que ella nunca ha dicho que sea modelo. Pero esto no importa. Aquí, más que acoso y una desmedida falta de profesionalismo por estas partes que publicaron esto como “clickbait”, se mostró un rotundo machismo anclado aun en nuestra retórica que afirma que una mujer puede engañar a hombres por solo mostrar su cara. Este incidente ha suscitado indignación en varias direcciones.


Primero, indignación por volver viral un tema tan íntimo como el peso de una mujer. Si usted va a hablar de sobrepeso como problema social, háblelo desde la generalidad; no discuta un tema como éste desde la particularidad de un caso. ¿A quién debería importarle más el peso de Lalis que a ella misma?


Segundo, indignación porque aun en el 2020 se sigue tratando a una mujer como blanco de ataque por su aspecto físico. Aquí no se delinque por engañar a los hombres con fotos; si no le gustan las fotos de perfiles en redes sociales, es fácil solucionarlo: basta nomás un bloqueo y acabado está el problema. Aclarar en un medio de comunicación que no se es modelo resulta humillante: una mujer, independientemente de la belleza, es libre de publicar fotos como quiera, sin reproche alguno.


Tercero, indignación porque, en un momento crítico nacional como el que está afrontando Colombia, con manifestantes en las calles en contra del gobierno de Duque, las difamaciones en torno a la vida privada de una persona hicieron perder el interés en el paro. Es clara la atracción sensacionalista de estos temas; nada justifica perder el hilo de la marcha.


Cuarto, indignación porque Lalis debe reconocer su papel como figura pública. Puede que los tuits en su cuenta sean de hace mucho tiempo y puede que se base en el argumento “es que era una niña”. Nada justifica un ataque xenófobo, ni a la comunidad LGBTIQ, ni a personas por su físico. Tiene que saber que “Twitter es el infierno de los débiles”. Aunque ella sostenga que es una mujer fuerte y con mucha autoestima, hay muchos que no lo estarían. Cada cosa pública pueder ser usada en su contra y, si exige un trato respetuoso de las ideas, es imperativo también lo practique. Válidas son las inclinaciones políticas de las personas, pero no los acosos desde la palabra.


Directores digitales de los medios hicieron tuits con disculpas públicas desde cuentas personales y no desde el mismo medio:

Hay que analizar cómo se ha ido transformando el periodismo en Colombia. ¿Qué temas se cubren y cómo se abordan? El profesionalismo de medios informativos de renombre ha caído en el “clickbait” y solo se piensa en vistas. Los titulares del estilo usados para este caso dejan mucho que desear. Es imperdonable el uso que le dieron al tema.

*Alejandra Sánchez, estudiante de comunicación social y periodismo.

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