La paz siempre debe ser una acción, no una aspiración

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Palabras de Eamon Gilmore en la Primera Conferencia Internacional para la Implementación del Acuerdo de Paz, organizada por Defendamos la Paz, que tuvo lugar el 26 de septiembre de 2020.

Gracias.

Es un honor unirme a ustedes hoy en este importante evento.

Me gustaría comenzar expresando mi más sentido pésame a todos aquellos que han perdido a sus seres queridos durante la pandemia del Covid-19. También me gustaría hacer llegar mis condolencias a las familias y amigos de todos los que murieron o resultaron heridos en la reciente violencia, tras las muertes de Javier Ordóñez a principios de este mes y de los que han perdido la vida en los últimos ataques criminales en las regiones.

Hace cuatro años estuve en Cartagena con muchos de ustedes y recuerdo la increíble y contagiosa esperanza y el optimismo de ese día. Por supuesto, ése no fue el final de la historia, ni siquiera del capítulo, pero fue un hito importante hacia el Acuerdo Final.

Estuvieron presentes ese día muchos miembros de la comunidad internacional y hasta el Secretario General de Naciones Unidas. El apoyo de la comunidad internacional ha sido consistente durante todo el proceso de paz. En Europa, hemos sufrido el dolor y la tragedia del conflicto, incluidas dos guerras mundiales, y sabemos que para lograr la paz debemos, como dijo una vez el ex presidente Obama, “reducir la brecha entre la promesa de nuestros ideales y la realidad de su tiempo”. Sabemos que la consolidación de la paz es un gran desafío y exige un trabajo duro. Ese trabajo duro deber ser efectuado por todos los colombianos y el apoyo internacional es vital. Por esa razón, la Unión Europea permanecerá al lado de Colombia y apoyará la construcción de la paz en el país por el tiempo que sea necesario.

Cualquier acuerdo de paz es producto de muchos autores y se basa en los esfuerzos de quienes vinieron antes. Muchos son bien conocidos y muchos han trabajado sin reconocimiento ni recompensa, pero comparten igualmente este logro histórico. Lo mismo ocurre con las comunidades de las regiones afectadas por el conflicto que tienen hambre y esperanza de paz. Histórico es una palabra que se ha convertido en sinónimo del Acuerdo de Paz colombiano, porque poner fin a más de cincuenta años de un conflicto que dejó nueve millones de víctimas merece tal descripción. Pero, el Acuerdo fue solo el comienzo. Como hemos visto en otros procesos de paz en todo el mundo, el verdadero trabajo comienza después de la firma.

El Acuerdo de Paz colombiano a menudo se cita internacionalmente como modelo, debido a su ambición, su innovación y su determinación para resolver las causas específicas del conflicto. Para implementar un acuerdo tan complejo, dos cosas son necesarias. En primer lugar, todas las partes del Acuerdo deben implementarse, ya que son interdependientes para abordar las causas del conflicto. En segundo lugar, las instituciones creadas en virtud del Acuerdo deben funcionar bien, en particular la comisión para la implementación – la CSIVI – . El diálogo es fundamental. Para asegurar el funcionamiento eficaz de las instituciones de paz del Acuerdo, el diálogo es clave, particularmente con las FARC como parte del Acuerdo.

Celebro la participación aquí hoy de la Comisión de la Verdad, la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos y la Jurisdicción Especial para la Paz. La justicia de transición es una parte central del Acuerdo de Paz, que pone las necesidades de las víctimas en el corazón de la implementación. Para hacer eso, debe hacer algunas preguntas muy difíciles. Pero eso es vital porque, para perdonar lo que parece imperdonable, debe haber verdad.

Es importante que todos los que se han sometido al sistema de justicia transicional entreguen una narración completa de lo que sucedió durante el conflicto. Hemos visto algunos pasos importantes en las últimas semanas: el informe militar sobre violaciones del derecho internacional humanitario y los derechos humanos durante el conflicto, el testimonio de Ingrid Betancourt y la disculpa pública de los líderes de las FARC por secuestro.

El liderazgo de las FARC me ha reiterado continuamente su compromiso con la implementación del Acuerdo de Paz. También lo ha hecho el presidente Duque y su gobierno y quiero agradecer de manera especial al Consejero Presidencial Archila por sus comentarios aquí hoy y su considerable trabajo y compromiso personal para impulsar la implementación del Acuerdo. Hemos visto un buen progreso en el proceso de reincorporación y en los PDETs y sabemos que se está realizando un trabajo importante en las regiones. Apoyamos muchos proyectos productivos y seguiremos haciéndolo a través del Fondo de la Unión Europea para la Paz en Colombia.

El desarrollo sostenible, incluso abordando las economías ilegales y las drogas ilícitas, debe ir de la mano de la seguridad. La presencia integral del Estado en las zonas rurales necesita convertirse en una realidad, no solo en materia de seguridad, sino también como presencia civil efectiva que entrega servicios.

Me han impresionado constantemente la vitalidad y la fuerza de la sociedad civil en Colombia y su intrépida incidencia en nombre de sus comunidades, los marginados y los vulnerables. La contribución de sociedad civil para el proceso de paz es invaluable y, para que la implementación del Acuerdo sea verdaderamente exitosa, necesita la plena participación de la sociedad civil.
Una de mis principales preocupaciones en relación con el proceso de paz son los asesinatos de líderes y lideresas sociales, defensores de derechos humanos y excombatientes desde la firma del Acuerdo. Estoy consternado con las recientes masacres de civiles y el deterioro de la situación humanitaria de las comunidades locales, que ha creado un miedo considerable. Animo a trabajar para avanzar en la Comisión Nacional de Garantías de seguridad. Éste es un mecanismo importante para el diálogo y la búsqueda de soluciones prácticas para una situación extremadamente grave y compleja.

Si bien la violencia que hemos visto durante el último mes no se refería específicamente al proceso de paz, ella muestra claramente un nivel de desconfianza, enfado y frustración entre los colombianos. Esto solo se puede resolver con diálogo. Ahora es el momento de asegurar las reformas institucionales necesarias para que haya confianza entre la población y quienes la protegen. Para garantizar esa confianza, cualquier uso excesivo de la fuerza debe ser investigado a fondo y los autores deben ser llevados ante la justicia.

El derecho a la protesta pacífica es esencial en cualquier democracia sana, pero nunca debería ser acompañado de violencia. Como dijo una vez el gran John Lewis: “La libertad no es un estado; es un conducta. No es un jardín encantado encaramado en lo alto de una meseta distante donde finalmente podemos sentarnos y descansar. La libertad es la acción continua que todos debemos asumir y cada generación debe hacer su parte para crear una sociedad aún más justa “.

La Unión Europea apoya firmemente el llamamiento del Secretario General de las Naciones Unidas a un alto el fuego global para brindar alivio a los más vulnerables. Las dificultades y la incertidumbre causadas por la pandemia y la necesidad de concentrar los esfuerzos en combatir el virus hacen que esta exhortación sea aún más urgente. Este llamado tiene especial relevancia por Colombia y, por eso, vuelvo a pedir al ELN y a todos los grupos armados que detengan su campaña de violencia, liberen a todas las víctimas de secuestro y detengan el reclutamiento de menores. La Unión Europea seguirá apoyando todas las posibilidades de diálogo para lograr una paz integral y sostenible.

Siempre me inspira el tiempo que paso en Colombia. He tenido el privilegio de viajar por todo ese hermoso país y conocer a colombianos de todos los ámbitos – Gobierno, FARC, líderes políticos, sociedad civil, medios de comunicación, líderes y lideresas sociales y defensores de derechos humanos – . Estoy convencido de que, para hacer realidad la paz en Colombia, ésta debe ser inclusiva. La paz es de todos los colombianos, pero todos los colombianos también deben apropiarse de ella, participar y comprometerse con la creación de una sociedad más igualitaria e incluyente. Una cultura de paz debe afianzarse y solo puede hacerlo impulsada por todos los actores. La polarización a menudo puede afectar la política, pero nunca debería afectar la paz.

El futuro no tiene por qué reforzar o repetir los errores del pasado. La creación de una cultura de la paz significa apoyar el diálogo con los que son diferentes o con los que no estamos de acuerdo. El respeto, la empatía y la defensa de los derechos humanos deben ser nuestra guía, incluso en los momentos más difíciles. Martin Luther King dijo una vez: “algún día debemos llegar a ver que la paz no es solo una meta lejana que buscamos, pero que es un medio por el cual llegamos a esa meta ”.
La paz siempre debe ser una acción, no una aspiración.

Gracias

*Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Colombia.

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