La pobreza de Petro

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Sacado de Al Poniente

Así como el delito no se previene aumentando penas en el papel, la pobreza no se supera imprimiendo billetes.

Sacado de Al Poniente

La propuesta del Senador Gustavo Petro, esta semana, de emitir más papel moneda como un medio para combatir la crisis económica que atraviesa el país es fácil de entender, atractiva y muy poco efectiva. Busca un rédito a corto plazo en la opinión popular con algo que, al final, es contraproducente. Atiende al clamor popular e ignora el problema estructural. Es, en pocas palabras, populismo económico.

Normalmente, se suele ubicar el origen de este fenómeno a principios del siglo XIX. Técnicamente, populismo es el direccionamiento del poder por la voluntad popular. Así puesto, parece connatural al ejercicio de la democracia: ¿de qué otra forma habría de gobernar la autoridad, sino atendiendo a las necesidades del pueblo? La crisis de gobernabilidad que actualmente atraviesa el ejecutivo nos recuerda la importancia de mantener esa conexión entre autoridad y sociedad civil.

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Sin embargo, escoger a los mandatarios por voto popular no es exactamente lo mismo que pretender que estos gobiernen de manera popular. Hay decisiones correctas que son, no obstante, impopulares. En un Estado técnico, se espera que los mandatarios sepan identificarlas y, más aún, ejecutarlas. El peligro del populismo es que se acabe por sustituir la técnica por el clamor popular como ratio de gobierno.

En el derecho penal, constantemente, se presenta esta tensión. Uno de los frentes de batalla tradicionales es el de la punibilidad de los delitos, en el cual suele perder la técnica. En veinte años, nuestro Código Penal ha sido reformado aproximadamente 75 veces y ninguna de ellas ha tenido como propósito disminuir penas (ha habido casos curiosos, como cuando la Ley 1445 de mayo de 2011 redujo la pena del art. 359 y, un mes después, la Ley 1453 de junio de 2011 “corrigió ese error” y la volvió a aumentar, pero, salvo esta anécdota y quizás dos o tres más, nuestro legislador decididamente ha ampliado los delitos y/o aumentado sus penas). Esto ha llevado al colapso de nuestro sistema penitenciario y a la incongruencia punitiva de nuestro Código Penal (en el cual es más grave hurtarse una moto, que arrollar a alguien con ella).

La razón de por qué ocurre esto es, apenas, obvia: es infinitamente más fácil aumentar las penas para los delincuentes que implantar mecanismos eficaces de prevención del delito desde la educación, la seguridad pública y el desarrollo económico. También es más rápido: una reforma se puede sacar en una legislatura, pero un programa adecuado de política criminal tarda años (a veces, generaciones) en ser ejecutado. Las penas son el pan del pueblo ofendido y, a veces, el hambre no da espera.

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En muchos sentidos, imprimir moneda para superar la pobreza es como imprimir pena para prevenir el delito. Son medidas inicialmente baratas que cuestan muchísimo a mediano y largo plazo. Pero, más allá de sus efectos, el verdadero problema es su origen: parten de una concepción distorsionada de la realidad.

Creer que en Colombia se delinque porque las penas son laxas es ignorar por completo la realidad objetiva de que somos uno de los países con penas más altas y peores condiciones de sanidad, salubridad, alimentación y espacio físico para su cumplimiento. Del mismo modo, creer que en nuestro país el 40% de la población es pobre porque no hay suficiente dinero en circulación es desconocer groseramente los aspectos más elementales de nuestra economía y su diferencia con la de otras mucho más desarrolladas.

La propuesta de expedir dinero por vía de crédito sin interés (es decir, entregar dinero gratis) evidencia una concepción de la economía profundamente errada. A decir verdad, la pobreza de Petro sí se supera fácilmente entregando subsidios sin respaldo en productividad. El problema es que así como el delito no es el producto de falta de pena, la pobreza de nuestro país no es la falta de papel moneda. En uno y otro caso, se requiere algo más que aumentar penas y expedir dinero.

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El populismo económico, como el penal, distrae a la opinión pública de las soluciones que, aunque impopulares, son necesarias. En ambos frentes, se requiere una transformación de las condiciones de acceso a la participación significativa y crecimiento sostenible de la población en materia de salud, educación, justicia, economía y muchas otras dimensiones de la vida en sociedad. Esto no es algo que se agote en un cuatrienio ni debería prometerse a corto plazo por ningún candidato. Para eso, tristemente, no hay impresora que valga.

*Andrés Felipe Díaz, abogado y filósofo. Especialista, magíster y doctorando en Derecho Penal. Profesor de la Universidad Libre de Barranquilla.

2 COMENTARIOS

  1. Aunque plantea en las analogías con los asuntos penales su postura crítica parece razonable, considero que sí le falta adentrarse más en aspectos técnicos de la economía y en los detalles, técnicos también, de la propuesta Petro. No encuentro que se citen unos y otros para nutrir sus argumentos. También hubiese sido bueno remitirse a suficientes ejemplos de otros países en los que dicha medida económica fue inconveniente o trajo consecuencias negativas. Eso le resta mucho rigor a la crítica que usted desarrolla en el articulo.

  2. Que pobre nivel. Me vine a este portal motivado por la seriedad de Laura Gil. Però este articulo sebrià estar en las dos orillas o algún otro blog de esos donde la gente dice cosas por decir.

    No para de apelar a la técnica como la principal razón para no imprimir dinero. Pero nunca expone tales razones técnicas. Solo dice una y otra vez que la propuesta desconoce el ABC de la economía. Vale. Explicamos el ABC en lugar de repetirlo una y otra vez.

    Haces un símil con la reforma penal que te traes de los cabellos. El título del artículo promete Peras y en el texto nos hablas de manzanas como principal razón para comprarte las peras. Un galimatías.

    Que no te guste la propuesta no significa que la puedas descalificar gratuitamente, sin argumentar al menos alguna cosa. Pero nada.

    Esperaba alguna alusión a los EEUU en los 30 o durante la pandemia. Pero ni eso. Si no sos economista, pues al menos argumenta desde tus disciplinas. Pero no eso.

    Cómo haya más contenido con este nivel no le veo siendo muy lector de este portal.

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