Necesitamos discreción y respeto; por el contrario, las corrientes políticas movilizan los denominados hashtag #DespideUnMamerto y #NoCompreAEmpresariosUribistas.

Estamos corriendo un riesgo político por cuenta de la polarización. Es el mecanismo que muchos gobiernos utilizan para sostenerse en el poder. Acarrea consecuencias para los ciudadanos y estamos en el hilo más delgado, en medio de la crisis sanitaria, aislados y con deseo de salir.

La polarización nubla a las personas hasta llevarlas a las sendas más radicales. Día a día se observa mayor división; no es mi interés hablar de unos o de otros, pero ciertamente es indispensable ver hasta dónde está llegando esta discusión, que desintegra la sociedad y la democracia en un Estado social de derecho como es Colombia.

El Artículo 113 de la Constitución Política dice: “Son Ramas del Poder Público, la legislativa, la ejecutiva, y la judicial.

Además de los órganos que las integran, existen otros, autónomos e independientes, para el cumplimiento de las demás funciones del Estado.

Los diferentes órganos del Estado tienen funciones separadas pero colaboran armónicamente para la realización de sus fines”.

Basta con esta sola disposición para darse cuenta que es indispensable dejar que el Estado opere en sus decisiones. No obstante, el sonar de las masas con opiniones encontradas alborotan a los colombianos. Necesitamos discreción y respeto entre todos nosotros; por el contrario, las posturas políticas movilizan los denominados hashtag #DespideUnMamerto y #NoCompreAEmpresariosUribistas.

Internet proporciona excelentes medios de comunicación e interacción, pero está siendo utilizado por muchos para alimentar el desprecio y proferir expresiones que son peligrosas. Algunos aducen que, para despedir un mamerto o para no comprar a determinados empresarios, se debe efectuar la revisión en la web y redes sociales de manera a conocer sus opiniones y tomar decisiones.

En contraste, Colombia ha obtenido grandes logros como una democracia pluralista, fundada en el respeto y la dignidad humana, amparando los derechos fundamentales y las libertades civiles, con instituciones que tienen como fin la conexión del ciudadano con el Estado, para resolver los problemas.

Vamos a hacer memoria

Aquí es indispensable recordar cómo se fraguan o se modifican los sentires de los ciudadanos. No es necesario exagerar, pero es bueno mirar ejemplos. El genocidio, durante la Segunda Guerra Mundial, no inició con trenes que trasladaban a las personas a los campos de exterminio; comenzó con expresiones de odio, con el deseo de “purificar” un país. Esto llevó a la promulgación de leyes y cambios que institucionalizaban una ideología y la negación de derechos hasta llegar al exterminio.

Adama Dieng, Asesor Especial del Secretario General de la ONU, dijo: “Las palabras matan, tanto como las balas”.

Estamos tan divididos que no nos damos cuenta de aquello que se oculta detrás de las cortinas de humo y disputas sin sentido que no llevan a ningún lugar. Tampoco solucionan los problemas de nuestro país; debemos actuar en derecho y no convertirnos en provocadores.

En una democracia, no es necesario darle golpes a la institucionalidad, aunque tengamos diferencias, todos estamos amparados por las mismas regulaciones que permiten que Colombia salga de situaciones que parecieran insostenibles, con la resistencia que nos caracteriza, hasta que logremos respirar otro aire, el aire de la concordia y la paz que anhelamos tanto.

¿Ya nos percatamos del mensaje que promueven las etiquetas? Las que mencioné invitan al despido de trabajadores y el boicoteo de empresas. ¿Acaso no somos todos colombianos? Todos necesitamos un trabajo y un lugar donde laborar.

La legislación nacional consagra el hostigamiento y la discriminación como conductas sancionables ¿Todavía quieren seguir polarizando con estos mensajes? Esa es la forma que utilizan algunos para distraer la atención sobre lo fundamental.

Está bien que no estemos de acuerdo con algunas corrientes políticas o pensamientos, pero fácilmente estamos en la antesala de la destrucción de ciudadanos de una misma nación.  ¡Seamos superiores!

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

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