Las horas contadas de Maduro, un fracaso más de Duque

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La participación de la oposición en las próximas elecciones asesta un golpe contundente e irrecuperable a la política exterior de Colombia, enmarcada en la carencia de una brújula orientadora, sin metas y con un servicio exterior politizado.

El primero de febrero de 2019, el presidente Iván Duque pronunció un grandilocuente discurso en el cual afirmaba sin temor a duda que a la “dictadura le quedan pocas horas”. Paralelamente, el entonces embajador en Washington y el Secretario General de la OEA admitían que todas las opciones estaban sobre la mesa, dejando una estela de preocupación entre los demócratas de la región, ante la posibilidad de una intervención militar en el vecino país.   

Duque enfatizó su monólogo internacional, erigiéndolo como el único tema y prioridad ante el escenario regional y global. Con base en el “cerco diplomático”, el gobierno colombiano le dio la espalda a la frontera, sus ciudadanos y en general a todo ese espectro de necesidades inherentes al lindero terrestre más extenso y dinámico de Colombia. De hecho, todo ese periplo internacional que el autoproclamado presidente interino Guaidó emprendió fue llevado a cabo, mediante la asignación de un avión de la Fuerza Aérea de Colombia. Como dicen  los inversionistas, Duque puso todos los huevos en la misma canasta. 

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Veintitrés mil horas después y luego de sumar estruendosos fracasos, dentro de los cuales se destaca la Operación Gedeón, el gobierno de Nicolás Maduro logró  negociar la participación de la oposición en el próximo proceso electoral. Con ello, se asesta un golpe contundente e irrecuperable para una política exterior enmarcada en la carencia de una brújula orientadora, sin metas y con un servicio exterior politizado. En conclusión, vemos un descalabro absoluto del accionar nacional en la arena internacional. 

Es claro que el próximo 21 de noviembre se puede catalogar como unas megaelecciones. Se elegirán veintitrés gobernaciones y trescientas treinta y cinco alcaldías, lo que sumado a los consejos legislativos estatales y municipales convierte a Venezuela en un protagonista de la democracia ante una platea que desconfiaba y criticaba permanentemente la falta de garantías para la oposición. 

Para sorpresa de la Casa de Nariño, además de la participación del Gran Polo Patriótico que apoya a Maduro y la Alternativa Popular Revolucionaria, se une a la carrera electoral el denominado G4 o Alianza Unitaria, compuesta por los partidos de oposición al régimen de Miraflores. De hecho, Juan Guaidó, quien había “satanizado” cualquier posibilidad de participación de los partidos contrarios al gobierno en las elecciones pasadas, se encuentra en la palestra de los seguros candidatos. 

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Con un giro de tal magnitud en la postura de Guaidó y los pocos aliados cercanos que le quedaban, se derrumba completamente ese endeble andamiaje que montó desde enero de 2019, al autoproclamarse presidente del vecino país. Igualmente, termina sepultando el mínimo o casi nulo liderazgo que le quedaba ya que, impulsado por un narcisismo sin límites, arremetió contra líderes como Capriles, quien ya había considerado necesario involucrarse en las instancias electorales. Además, tendrá mucho que explicar ante sus conciudadanos por los recursos que ha recibido durante el periodo de su fantasiosa e inocua “presidencia” y que evidentemente dilapidó irresponsablemente.  

Lo lamentable para los colombianos es que el residente de la Casa de Nariño, con el sol a las espaldas de su funesto gobierno, posicionó a Colombia como un país problema para la región, abandonó cualquier posibilidad de acercamientos comerciales, generó una fisura sin precedentes con Washington, narcotizó la agenda internacional y ratificó ante las organizaciones internacionales que era y es un enemigo de la paz. Para cerrar con “broche de oro” su fatídico ejercicio en el poder, el único propósito que se hizo desde el 7 de agosto de 2018 en materia internacional también cayó en esa bodega de frustraciones y vergüenzas, en la que terminó convirtiendo nuestra política exterior. 

Hoy el mundo ve como la democracia venezolana se comienza a reconstruir, mientras desde el gobierno colombiano corren a pasos agigantados para mantenerse en el poder, sacrificando nuestra democracia y el necesario equilibrio de poderes sobre el cual se sustenta. Todo para no convertirnos en otra Venezuela.  

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*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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