La situación financiera de las iglesias no es prioridad, escribe Sandra Doly Castillo.

Desde la constitución política de 1991 en su artículo 19, Colombia consagró el derecho a profesar libremente una religión y difundirla de forma individual o colectiva. Por estos días y, en razón a la licencia que da la carta política de nuestro país, proliferan iglesias y comunidades religiosas. ¿Quién no tiene que vivir circunstancias difíciles? Se recurre a la fe, en este instante, muchas personas.

No obstante, se puede ver la decadencia de varias iglesias. Por denuncias presentadas en el mes de febrero del presente año y artículos publicados por diferentes diarios del país, se conoció que varios sacerdotes fueron suspendidos por abuso sexual y, aunque la iglesia tradicional ha procurado mantener su rebaño, muchas de sus ovejas han saltado de su redil, han cambiado de denominación y se han vinculado a otros escenarios de fe.
Observamos iglesias con espacios amplios, música más cercana a la modernidad y también milagros. Ha sido público por medio de redes sociales como Facebook y Twitter o canales de YouTube, de forma cada vez más frecuente, lo que hacen estas comunidades, que es un vil engaño y aprovechamiento de la fe de los creyentes, pidiendo dinero por medio de diezmos y ofrendas y prometiendo milagros o mercadería de la fe. ¿Qué control puede hacer el Estado de las contribuciones a las iglesias?

El Estatuto Tributario Nacional, en su artículo 23, consagra como entidades que no son contribuyentes declarantes a las iglesias y confesiones religiosas reconocidas por el Ministerio del Interior o por la ley, esto a nivel nacional. A nivel local, por ejemplo, el Acuerdo 724 de 2018 del 6 de diciembre, mediante el que se estableció el cobro de la contribución de valorización para la construcción de obras, consagra como unidades prediales excluidas en su artículo 13, las áreas dedicadas a culto y a la vivienda de comunidades religiosas que sean propiedad de las iglesias.

Resulta sorprendente la declaración del senador John Milton Rodríguez @JhonMiltonR en su cuenta de Twitter el 29 de marzo, pidiendo ayuda al Presidente, así:
“…Señor Presidente @IvanDuque debido a la pandemia muchas iglesias, comunidades y organizaciones del sector social y religioso debieron suspender actividades con una gran afectación en materia financiera y social por eso le pedimos al Gobierno que lo tenga en cuenta, que se les incluya en los planes de respaldo en medio de la crisis con créditos a las organizaciones sociales y religiosas que necesitan realizar el pago de nómina, servicios, impuestos y otros rubros del cual dependen muchas familias.”

Observo este acto, como de carácter individual, recordando que muchas iglesias también utilizan sus espacios para hacer política y sacar provecho de ella, con la única obligación de presentar una declaración de ingresos que no tiene mayor control. Sus líderes evidencian su opulencia, al observar que andan en camionetas lujosas, con escoltas y grupos de personas a su servicio, lo que permite entender que sus recursos no son bajos y ahora, en época de crisis, espero que su fe les pueda alcanzar para contribuir con sus buenas acciones para sobrellevar entre todos la pandemia.

Si no se contribuye de forma sólida y equitativa al progreso de la Nación, difícilmente se les puede dar de lo que ellos no han dado. Este es un problema de fe.

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

1 COMENTARIO

  1. Es una vergüenza que sean éstas iglesias las que precisamente ahora soliciten la ayuda del gobierno en estos momentos .. cuando se esperaría de ellas que le tiendan la mano a sus fieles, a quienes por tanto tiempo han creído ciegamente en “sus pastores”

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