La transformación de la mente moderna

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La transformación de la mente moderna
Jonathan Haidt y Greg Lukianoff
Ariel
437 páginas (incluidos dos apéndices y una extensa bibliografía)

Yo lo admito sin problemas: tengo las mismas capacidades para la docencia que una cuchara las tiene para inflar globos. Me imagino que fue una deficiencia en la leche materna. Agradezco a la vida que no me haya tocado ser docente y que unos eventuales alumnos no se las tengan que ver conmigo. Quizás por eso es que no entiendo cómo es que se compara el consumo de bebidas azucaradas con la adicción a la heroína, que un puñetazo entre dos colegiales quiera ser llevado a la Corte Penal Internacional y que los padres de los jóvenes, después del incidente, cambien su apellido por Montesco o Capuleto.

Pero, por lo que vi en una revisión somera de La transformación de la mente moderna, el libro que dejo hoy en las estanterías de la Biblioteca de La línea del Medio, hay investigadores que comparten inquietudes sobre el esquema vigente en el sistema educativo mundial. Son inquietudes más serias que las mías, pero inquietudes, al fin y al cabo, que señalan que algo está mal, muy mal, en la manera cómo escolares y universitarios están siendo preparados para el futuro. Los autores de este libro, Jonathan Haidt y Greg Lukianoff, plantean que la sobreprotección hacia los alumnos ha creado una ‘distorsión cognitiva’ que, aunque bienintencionada, falsea la realidad y no los dispone para ser eficientes, asertivos o mentalmente estables en el mundo adulto. Ellos se centran en los Estados Unidos, donde hay un debate este sentido, pero, en la introducción a la edición española, se preguntan si esto se está extendiendo como una ‘infección’ a otros países y culturas.

Según Haidt y Lukianoff, esa ‘infección’ se transmite en tres ideas difundidas de distintos modos en las instituciones educativas, desde los colegios hasta las universidades: “lo que no te mata te hace más débil”, “confía siempre en tus sentimientos” y “la vida es una batalla entre las buenas y las malas personas”. Digo yo que es como si quisiéramos regresar a una pre-modernidad en la que se reconoce a los estudiantes un supuesto derecho un entorno seguro y confortable, donde cualquier intromisión de una idea que cause frustración debe ser asumida como un ataque directo de parte de las fuerzas del mal.

Y, para responder a la pregunta sobre si esa ‘infección’ se está extendiendo a la cultura hispana, podemos intentar comparar el siguiente diagnóstico que hacen los autores sobre su realidad estadounidense para ver cómo nos va: “La cultura en muchos campus universitarios se ha vuelto ideológicamente uniforme y está poniendo en riesgo la capacidad de muchos investigadores de buscar la verdad, así como la capacidad de los estudiantes de aprender de un amplio abanico de pensadores. Han proliferado los extremistas de ultraderecha y ultraizquierda, llevándose mutuamente a niveles de odio cada vez más profundos. Las redes sociales han canalizado las pasiones partidistas en la creación de una ‘cultura de la acusación pública’; cualquiera puede ser públicamente avergonzado por decir algo bienintencionado que algún otro interpretó de forma poco caritativa. Las nuevas plataformas permiten a los ciudadanos replegarse en burbujas auto confirmantes, donde sus peores temores sobre las maldades del otro lado pueden ser confirmados y magnificados por el intento de extremistas y cibertroles de sembrar discordia y división”.

¿Qué creen? ¿Será que la ‘infección’ ya llegó por aquí?

*Mauricio Arroyave, periodista, lector caprichoso y frustrado librero, @mauroarroyave. Canal de Youtube El Ojo Nuclear.

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