Lecciones de la semana pasada

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Sacado de EMOL

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Está muy bien que los jóvenes puedan en un empleo encontrar su vocación como presentadores de televisión, pero no cuando el empleo en cuestión es la Presidencia de la República.

La semana que acaba de pasar en Colombia es muy significativa. Para comenzar, el gobierno constató que no hay espacio político para su proyecto de reforma fiscal, así muchas personas con sentido más técnico que social insistan en que la reforma es necesaria y buena.

En segundo lugar, se convocó para el 28 de abril un paro que algunos quieren convertir en un paro indefinido, que no solo ha servido para ventilar el descontento social, sino que también ha servido de canal para actos de vandalismo que todos lamentamos y que inevitablemente deslegitiman la protesta. Hoy nadie se acuerda de la jueza que, en típica colombianada, trató de prohibir la protesta con un acto judicial, pero sí nos queda la imagen de un pueblo incendiado, en más de un sentido. La frase de fondo que queda flotando en el ambiente es que “si la gente sale a protestar en medio de una pandemia, es porque considera al gobierno más peligroso que al virus”. 

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En tercer lugar, el DANE, con impecable sentido técnico, pero con poca comprensión del efecto político del timing de sus anuncios, publicó datos sobre pobreza monetaria, distribución del ingreso y desempleo que confirman que hay razones objetivas para el descontento social. En 2020, la pobreza subió al 42,5% de la población y el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, subió al 0,544, los peores registros desde que los datos se calculan con las metodologías actuales. Las cifras miden, pero no ilustran, la magnitud de la crisis social. Es difícil imaginarla cuando uno la presenta en cifras: uno tiene que imaginarla en términos de dramas humanos.

En síntesis, no cabe duda: Colombia está peor que en 2018. Gran legado del gobierno Duque, así este diga que no era su intención y que no es su culpa. Pero a los adultos les toca asumir responsabilidades. Lo que nos está pasando no sorprende. Con mala fortuna, pues nadie podía preverlo, para manejar la peor crisis de los últimos 100 años, que se añade a una situación estructural que ya venía grave, Colombia escogió un presidente que sin duda tiene méritos personales, pero que no tiene el liderazgo político propio ni la experiencia suficientes para manejar grandes barcos en aguas turbulentas. Rodeado de un gobierno de jóvenes y tecnócratas, le ha faltado piel para entender la gravedad de la situación social y sentido para saber cómo gestionarla. A las carreras, le ha tocado aprender que hay que hacer gasto social, pero lo que ha hecho ha sido muy poco y demasiado tarde. A Colombia le queda la sensación de que está muy bien que los jóvenes puedan en un empleo encontrar su vocación como presentadores de televisión, pero no cuando el empleo en cuestión es la Presidencia de la República.

El Gobierno sale, ahora sí, a buscar una reforma tributaria por consenso. Tiene que soportar la humillación de retirar el proyecto y, por eso, ahora hay que aprovechar cualquier cosa que el Congreso esté dispuesto a aceptar. El ministro Carrasquilla debe estar entre furioso y desconcertado. Para aumentar la humillación, el exministro Cárdenas sale diciendo cosas que suenan prácticas y sensatas: los programas sociales y de conservación del empleo hay que mantenerlos, por lo menos por tres años más. Y, para financiarlos, no se puede apelar a la clase media, que está igualmente golpeada, sino que hay que apelar a los ricos. Si el gobierno hubiera dicho algo así hace dos semanas… Eso abre otro debate interesante: los dos ministros de hacienda más influyentes de Colombia en las últimas dos décadas han sido Alberto Carrasquilla y Mauricio Cárdenas. ¿Cuál de los dos habrá dejado un legado más valioso?

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De la semana que pasa se pueden derivar muchas lecciones. Alguien más capaz que yo derivaría más y mejores lecciones. Estas son las que a mí se me ocurren. 

Lección 1: El país necesita en el gobierno experiencia, inteligencia emocional y empatía. Hay que volver a traer a los adultos a la habitación.

Lección 2: La rabia social que se manifestó en las calles el pasado miércoles tiene una justificación en la vida real. No es un cuento, ni problema solo de unos desadaptados. El país está incendiado y seguirá así hasta que resuelva políticamente su futuro en 2022. La gran pregunta es si el país escogerá patear la lonchera o hacer un cambio controlado.

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Lección 3: La lucha contra la pandemia no se puede seguir haciendo con base en el freno de la economía. A la economía hay que reactivarla, no frenarla. 

Lección 4: Uno no gobierna para los inversionistas internacionales ni para las agencias de calificación, sino para la gente. Evitar el descalabro económico no debe ser el objetivo de la política económica, sino su restricción.

Lección 5: La política social realmente mitiga los efectos de la crisis. Si la mitigación no es mayor, es porque los programas sociales que tenemos no son maduros y nos tocó improvisar muchos durante 2020. Hasta al Gobierno le tocó aprender que, en medio de una crisis, hay que tener una red de protección social. La lección, en síntesis, es que tenemos que robustecer nuestra red de seguridad social.

*Daniel Castellanos García, @castellanosgd, economista, director de la Fundación Impacta,  organización para la transformación social.

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