Los pobres argumentos que nos roban la esperanza

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Todos estos “argumentos” son clara evidencia de que nos han robado la esperanza y la alegría de pensar en un mejor lugar para vivir mejor.

A veces escucho algunos argumentos para eludir nuestra responsabilidad ciudadana, que me parecen no sólo pobres política y socialmente, sino precarios en términos de la capacidad empática y compasiva para con quienes no están en nuestro círculo familiar o de amistad. Ello por supuesto desdice no solo de nuestra posición como sujetos políticos, que es una condición humana ineludible, sino de las limitadas emociones públicas que procuran la equidad y la justicia social y, por supuesto, la verdadera democracia, la cual privilegia el bienestar colectivo y la participación en asuntos públicos de todos los sectores de la sociedad. Recordemos que la palabra “política” proviene del vocablo griego “politike” que significa: ciudadano o propio de los asuntos del Estado, es decir, que todas las personas que hacemos parte de una sociedad y pretendemos gozar de las decisiones de Gobierno debemos ejercer nuestra condición política o ciudadana que establece la participación en asuntos que nos conciernen a todos. En suma, todos somos sujetos políticos.

Aquí algunos de esos “argumentos” y mis impresiones frente a los mismos.

1. “Siga trabajando que ningún político le va a arreglar la vida”. – revela desconocimiento de la articulación que existe entre las distintas instituciones del poder público y las instituciones de la sociedad como la familia –

2. “Deje de hacer campaña por los políticos que no son sus amigos y familiares” – ¿entonces nadie puede sentir auténticamente que se identifica con un proyecto político y que no exista motivación distinta a desear una sociedad más justa? Revela lo instalados que se hayan en nuestra acción y pensamiento, el individualismo, la tesis “sálvese quien pueda” y me parece que también la corrupción pues es algo así como: ´si no le dan nada no haga nada, sino recibe nada a cambio para qué hacerlo´. Entonces se cuestiona la corrupción, pero se es cómplice y se aplaude.

3. “Todos los políticos son iguales, por eso no voto por ninguno. Las cosas nunca van a cambiar con un político” – Revela desconocimiento de las trayectorias políticas de muchas personas que sí han conseguido importantes reivindicaciones y transformaciones sociales, políticas, económicas…, pero sobre todo es claro que ni siquiera se revisan las plataformas políticas de los candidatos, solo se quedan con los rumores de redes sociales. Pereza mental y facilismo, no es más. Y creo que hay un poco de arrogancia y vanidad en esa posición: ´nadie merece mi voto, mis expectativas son demasiado elevadas como para pensar que alguien pueda darme la talla´-

4. “Voto por cualquiera menos por Petro”. Revela que se es presa fácil de las fake news y que aún no consigue desinstalar el discurso precario del castrochavismo. Que, aunque preconice que no quiere discursos clasistas de odio, solo se mueve por el odio. Que no conoce la historia de Colombia y la diferencia entre la guerrilla del M-19 y las FARC -mejor dicho, revuelve peras con manzanas – Que desconoce otros proyectos políticos de izquierda en Latinoamérica como Ecuador con Correa, Uruguay con Pepe Mujica o Brasil con Lula Da Silva con los que claramente Gustavo Petro tiene más cercanía. Que le falta ética y pensamiento crítico porque no puede ser que dé el voto a un político simplemente porque no es Petro. Que pregona tolerancia y respeto, pero no tolera a quien piensa distinto e insulta a la primera oportunidad al candidato que moviliza sus odios y a las personas que muestran simpatía hacia él.

5. “No discuta de política con sus amigos y familiares, los políticos no lo valen”. Esta es la más preocupante en mi opinión, significa que nuestros lazos con nuestros seres queridos son tan frágiles que preferimos no correr el riesgo de discutir sobre política por temor a perder la relación con alguien de nuestros afectos. Significa que no hemos creado una cultura del disenso más que saludable para la democracia y para mantener relaciones armoniosas en las que tengamos la libertad de expresar lo que pensamos sin temor a ser silenciados. Significa que no tenemos ni la madurez política ni intelectual para separar los vínculos afectivos de las divergencias de pensamiento y para poder abordar un debate o una discusión con altura argumentativa, lo cual favorecería el pensamiento crítico que tanta falta hace en esta cultura del silencio, la obediencia y la resignación. Significa que padecemos de hipersensibilidad, pero somos indelicados con lo que decimos a otras personas.

Todas estas ideas recaen en el discurso paralizante e inmovilizador del que hablaba el pedagogo Paulo Freire en su obra Pedagogía del Oprimido, el cual mantiene el statu quo sobre la base de un determinismo histórico que considera que no hay manera de construir un destino distinto. Todos estos “argumentos” son clara evidencia de que nos han robado la esperanza y la alegría de pensar en un mejor lugar para vivir mejor, o para estar acorde con los tiempos actuales, para tener la ilusión de Vivir Sabroso.

*Adriana Chacón Chacón. Profesora de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pedagógica Nacional.

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