Los retos que asume Carlos Holmes Trujillo al frente de la cartera de defensa son enormes. Y no sólo son retos de carácter administrativo, sino también político. Tendrá que arreglar el desastre que dejó Botero y, además, recomponer las relaciones con el Congreso y, en general, con una ciudadanía inconforme y cada vez menos dispuesta a tolerar errores en un sector crucial para el desarrollo social y económico del país.

Creo que el primer reto que deberá enfrentar Holmes es él mismo. En estos momentos de incertidumbre y desasosiego por las denuncias de Roy Barreras, antes de ver el ministerio de defensa como un trampolín para sus aspiraciones presidenciales, deberá ponerse el overol y enfocarse en ajustar las fallas de una cartera que recibe el segundo rubro de inversión y funcionamiento del país. Politizar el ministerio para auspiciar sus ambiciones electorales sería un craso error y pondría en riesgo la legitimidad de nuestras fuerzas en el momento en el que más las necesitamos.

Otro aspecto que será fundamental resolver tiene que ver con las sombras y lunares de la administración Botero. Ya el Congreso de la República demostró que no le temblará la mano ante ningún ministro. Su nombramiento, que no tiene muchos visos de renovación en el gabinete, se verá puesto a prueba por los escándalos de corrupción, las presuntas ejecuciones extrajudiciales y los temerarios cambios en la estrategia militar que han llevado a bajarle los estándares de protección que ordena el DIH ante bombardeos y ataques ofensivos. Mantener la cúpula militar y una política continuista no sólo afectaría su labor como ministro sino también la ya magullada imagen del presidente quien, a pesar de todo, y con esto me refiero a sus poco acertadas decisiones diplomáticas, le ha dado un voto de confianza a Holmes y de paso al uribismo pura sangre.

Los retos en materia de orden público y seguridad ciudadana son también enormes. La violencia en las regiones de consolidación va en aumento; a nuestros indígenas los están masacrando, sin hablar de líderes sociales y reinsertados. No puede haber seguridad y desarrollo en territorios donde a diario se cometen asesinatos. La lucha contra las estructuras organizadas no sólo tendrá que regirse a punta de bombazos, sino también con la articulación de políticas sociales y económicas acompañadas de un diálogo con las comunidades afectadas. La prepotencia y arrogancia de las armas, paradójicamente, es el punto más débil de nuestra política de seguridad.

Las ciudades también están sufriendo por la falta de una visión integral en materia de seguridad. La tasa de victimización por delitos asociados a la seguridad ciudadana va en aumento y, de paso, la percepción de inseguridad está en sus máximos históricos. Este no es un tema menor; no en vano las propuestas de campaña de la mayoría de los alcaldes elegidos giraron alrededor de los problemas en materia de inseguridad ciudadana.

En materia de seguridad nacional, Holmes deberá contener sus comentarios y recordar que una cosa son los ataques diplomáticos en contra de los “regímenes” vecinos y, otra muy diferente, las declaraciones que como encargado de nuestras fuerzas pueda llegar a hacer. Hay que tener cuidado y no pasar de un “cerco diplomático” a un “cerco armado”. No estamos como para abrir otro frente de guerra. Y sí, tendrá también que reconocer que en Colombia persiste el conflicto; de lo contrario, cualquier decisión que tome en materia de orden público que considere arropada bajo el derecho internacional humanitario le podrá representar riesgos jurídicos a nivel nacional e internacional.

Finalmente, otros temas sensibles para nuestra seguridad son el manejo de los cultivos ilícitos, el desbordado contrabando, la crisis migratoria, el respeto por la protesta social, la lucha no sólo contra las estructuras criminales sino también contra las economías ilegales y sus causas sociales, la revisión de las políticas de seguridad y convivencia de cara a los derechos humanos y la renovación de nuestras capacidades de defensa soberana.

A pesar de que Holmes es un político curtido y seguramente tendrá una curva de aprendizaje más rápida que la de Botero, es preciso que no se le olvide que él tampoco es un conocedor a fondo del estamento militar. En estos momentos de crispación política, la improvisación y arrogancia pueden ser el detonante para otra moción de censura.

Ñapa: ¿Será que Holmes, futuro candidato presidencial, le dará a Claudia López el apoyo necesario para que resuelva los problemas de seguridad en Bogotá y, así de paso, allanarle el camino a Sergio Fajardo? Veo muy enredados esos 2.000 policías que la alcaldesa prometió en campaña.

Gabriel Cifuentes Ghidini, @gabocifuentes, Doctor en derecho penal, Universitá degli Studi di Roma, MPA, Harvard University, LLM, New York University, Master en Derecho, Universidad de los Andes  

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