Luis Pérez Gutiérrez en el Pacto Histórico

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Luis Pérez Gutiérrez se une al Pacto Histórico

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“¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida?”

Mateo 16:26

El señor Luis Pérez Gutiérrez no es solo parte de una peligrosa máquina electoral, sino que además, lleva en su identidad política la Operación Orión, el desastre Hidroituango y la victimización a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

Luis Pérez Gutiérrez se une al Pacto Histórico

En estos días han suscitado gran polémica los acercamientos del exgobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, al Pacto Histórico. Pocas defensas y muchas críticas, dentro del mismo Pacto, ha generado este acercamiento. La pregunta que se impone es: ¿es válido este acercamiento para consolidar una base importante de votos en las próximas elecciones?

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Antes de contestar esta pregunta, es necesario plantearse ésta: ¿qué hace histórico al Pacto Histórico (PH)? Lo histórico, es decir lo disruptivo, lo novedoso, lo inédito no es hacer pactos para ganar unas elecciones. La historia de la política en Colombia está llena de pactos entre “diferentes” para conservar el poder electoral. Éste fue precisamente el contubernio que denunció Gaitán, cuando veía que, en última instancia, oligarquía liberal y conservadora eran lo mismo, pues ambas pactaban entre sí para dejar por fuera a las clases populares. Por otro lado, ¿qué mejor ejemplo de pacto que el que vimos en las aceleradas campañas presidenciales de Uribe, que unieron a liberales, conservadores, nuevos liberales y hasta “izquierdistas”? 

Es evidente, entonces, que lo histórico del PH no yace en unir lo que supuestamente es diferente para tener más votos. Lo histórico debería yacer en un empoderamiento de las clases históricamente negadas y oprimidas por el Estado. Recurrentemente, Gustavo Petro en sus discursos habla de “empoderar a la mujer campesina” y este punto, que es un punto de gran fuerza ética en su programa, no debería esperar a que se ganen las elecciones. Pensar que dicho empoderamiento, por ejemplo, solo puede llegar si se tiene X cantidad de votos es problemático, porque entonces se vería a este empoderamiento como una “propuesta futura” que se presenta ahora para ganar votos, y no como una realidad efectiva que debemos ir construyendo día a día, haya o no haya elecciones. El PH debería estar destinado al fortalecimiento de voces que no han querido ser escuchadas en este país. 

Se dirá: “pero esas voces olvidadas no dan votos” y puede que se tenga razón, pero nosotras y nosotros, los sectores que queremos construir una política que no sea oligárquica, tenemos que pensar la democracia más allá de los votos. ¿De qué sirve ganar unas elecciones si se pierde la ética? Si se piensa bien, ganar unas elecciones no es complicado. Con las ayudas del Ñeñe, votando por políticos corruptos, comprando votos en barrios humildes (como hacía Aida Merlano), se puede llegar a tener una red importante de congresistas y ministros. Por ello, el PH no debe mirar a las elecciones como un fin último, sino como un medio eficaz para quebrantar al sistema estatal corrupto y a las prácticas políticas excluyentes. 

Ganar las elecciones es un momento (momento corto y fugaz), pero lo que más importa es cómo se ganan las elecciones y para qué se quiere ganarlas. El cómo y el para qué deben estar basados en los procesos de base y las excepciones deben ser las alianzas con sectores políticos tradicionales. Y aún así, es necesario que estas excepciones estén enmarcadas en un marco ético claro: “no aceptar ningún político que soporte esta forma de Estado basado en la guerra, el narcotráfico, el racismo, el clasismo y el patriarcado.” 

Puede que Luis Pérez Gutiérrez dé algunos votos más al PH, ¿pero qué tipo de votos serán esos? No serán votos libres, que ayuden a construir una “política humana”, como diría Petro, sino votos envenenados que, tarde que temprano, reclamarían burocracia, que entorpecerían el dinamismo que al PH le inspiran los movimientos juveniles, feministas o ambientalistas. No todo voto es igual, tenemos que entender que hay votos que liberan (el voto del joven estudiante que ve las elecciones como otra forma de llevar a cabo su lucha política) y votos que encarcelan (el voto del político corrupto que luego pedirá burocracia, contratos, corrupción). Aceptar los votos de Pérez Gutiérrez ahora puede significar ganar las elecciones hoy (algo que no creo), pero mañana esos votos significarán la esclavitud del PH ante la política tradicional que dice querer combatir. 

En estos días vi a muchas personas alegrándose por la cercanía de Pérez Gutiérrez al PH. Pero esta alegría era bastante perversa y decía: “me alegro que por fin el PH muestre su verdadera cara; ¿sí ven?; son los mismos con las mismas”. Esto me parece injusto. Claro, es crucial en estos momentos que se reconozca que, dentro del PH, hay sectores que entienden la política como un ejercicio de votos sin ética. Pero contra estos sectores se ha plantado una férrea oposición, que enarbola los movimientos sociales de base, los sectores negros, campesinos e indígenas, las luchas feministas, estudiantiles y barriales. La posibilidad en que debemos profundizar dentro del PH es aquella que insista en la creación de mecanismos de decisión que contrarresten a las tendencias conservadoras y meramente electoreras.

(Texto relacionado: Gaitán, Petro y el año 1946)

La ética debe ir por encima de los votos, pues la presidencia no es un fin en sí mismo, sino un mecanismo para un fin superior: la construcción de la democracia en Colombia. Democracia no significa poder votar solamente, sino tener unas condiciones de vida digna para poder ejercer plenamente mis libertades políticas. El PH no debe esperar a que Petro llegue al poder para ser democrático. ¡No! La democracia empieza ya, en la misma lucha política, en la organización más pequeña en un barrio o una vereda se empieza a construir democracia. Y yo, sinceramente, no veo que Luis Pérez Gutiérrez le aporte democracia al PH. 

Democracia no es aceptar a todo el mundo, sino la creación de una base común para confrontar posiciones políticas que tienen sus límites. La democracia necesita límites; por ello, en Alemania y en su sistema electoral no es permitido, en teoría, movimientos que rescaten las ideas nazis. El PH debería asumir una política similar en su interior: no aceptar a nadie que haga apología del paramilitarismo, el racismo, el machismo, el narcotráfico o el clasismo. El señor Luis Pérez Gutiérrez no es solo parte de una peligrosa máquina electoral, sino que además lleva en su identidad política la Operación Orión, el desastre Hidroituango y la victimización a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

Si este señor entra al PH, algunos votantes en los clubes citadinos dirán: “el PH no es radical, vean cómo sigue las buenas costumbres de la oligarquía, podríamos votar por ese nuevo partido.” Y ahí está el problema, porque ganando votos en los clubes, se acallan, de nuevo, las voces campesinas históricamente acalladas a la fuerza. ¿Qué se prefiere: complacer a una serie de empresarios y políticos de dudosa reputación, o fortalecer y enaltecer la labor política y ética de, por ejemplo, las y los campesinos de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó? Acercando a Luis Pérez Gutiérrez, el PH está diciendo: “avalamos políticamente a un señor que ha irrespetado a los campesinos, que calladamente ha justificado masacres, robos de tierras y narcotráfico.” Y además dice: “nos importa más Luis Pérez que la comunidad campesina de San José de Apartadó”. Esto no puede suceder. Los votos y la lucha política de las y los campesinos son más importantes que la aceptación de la oligarquía, aún cuando esta pueda dar más votos.  

A veces siento, en varios miembros del PH, una peligrosa minoría de edad ansiosa por decir: “miren, somos iguales a ustedes los políticos tradicionales; no somos castro-chavistas, no somos monstruos”, y emprenden así un proceso de asimilación para que no les tengan más miedo. Pero eso, a mi modo de ver, es profundamente peligroso. Está muy bien que la oligarquía, que se sostiene en el narcotráfico, le tenga miedo a un proyecto político diferente. ¡Claro que el PH debe dar miedo! Debe dar miedo al corrupto, al racista, a la “gente de bien” que dispara en la calle con completa impunidad. Y ese miedo se da no porque el PH sea vengativo o porque viole el Estado de Derecho, sino porque por fin va entender a la justicia como un derecho general y no como un privilegio privado.  

Personalmente creo que la intención de Isabel Cristina Zuleta, una mujer que admiro desde hace varios años, fue una intención sana: escuchar a un hombre que, con sus políticas, ha desgraciado una parte importante de la población pobre antioqueña. Sin embargo, no puedo aceptar las voces que dicen: “que entre Luis Perez Gutiérrez, eso nos da más votos”. No. Una cosa es escuchar al oponente y otra cosa es volverse el oponente

Repito: la democracia implica poner límites y cambiar a Colombia implica alejarse de algunas personas. La construcción de vida digna y justicia social en este país está plagada de debates, rupturas, enemistades, y eso está bien. Como dice el dicho: “la mejor manera de fracasar es querer complacer a todo el mundo.” En este momento la pregunta es: tenemos que elegir a quien complacer. ¿Complacemos a la política tradicional (en forma de Luis Pérez) o la política fresca de las clases populares? Creo que la respuesta es clara. ¿Luis Pérez Gutiérrez en el Pacto Histórico?

(Le puede interesar: Alejandro Gaviria: de cara a los Andes, de espaldas al país)

*Nicolás Martínez Bejarano, filósofo de la Universidad Nacional y estudiante de la maestría en historia del arte. Investigador sobre filosofía medieval y estudios visuales. @NicolasMarB

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