Qué bueno sería que todo este suceso sirviera para generar un debate nacional muy necesario, sobre el acoso sexual que, a pesar de los antecedentes históricos, sólo hasta 2008 se categorizó como delito.

Muy lamentable que las noticias asociadas al nombre de Alberto Salcedo no hablen de su talento con las letras y sí de presuntos delitos sexuales en contra de mujeres. De ser probados los delitos que se le endilgan, lo justo es que reciba todo el peso sancionatorio que la ley tiene establecido para este tipo de conductas. Pero también lo injusto es que se aprovechen de su condición de figura pública para lapidarlo de forma anticipada, desconociendo así el derecho que le asiste a cualquier mortal de gozar de una presunción de inocencia o de un debido proceso.

La revolución tecnológica trajo muchas cosas buenas y también algunas reprochables que merecen una regulación más estricta. Eso de andar, de manera ligera y sin control, destruyendo sin fallos judiciales, el buen nombre, la honra, la reputación de las personas, por dichos de aquí o de allá, es un claro ejemplo de los excesos de las redes.

Menciono esto porque, para que opere la justicia en debida forma, se requiere de pesos y contrapesos. El contraste de las diferentes versiones o la aceptación de responsabilidad de quien se acusa es lo que a la larga demanda un juez para emitir un fallo en un determinado sentido.

Aplaudo la valentía de las mujeres que denunciaron la presunta comisión de tan execrable delito y me solidarizo con ellas en sus padecimientos. Pero, asimismo, hasta que no haya un fallo judicial, le ofrezco el beneficio de la duda a un gran profesional de las letras, que además, estimo como un buen ser humano.

Qué bueno sería que todo este suceso sirviera para generar un debate nacional muy necesario, sobre el acoso sexual que, a pesar de los antecedentes históricos, sólo hasta 2008 se categorizó como delito.  Se trata de una expresión de violencia que surge en aquellos escenarios donde la relación de género se expresa en condiciones de desigualdad y que requiere, para que el delito se tipifique, que se determine a través de material probatorio la condición predominante entre el victimario y la víctima, y que el primero se aproveche de su condición económica, laboral, social o familiar. 

En lo que respecta al caso que nos ocupa, no me queda sino desear que la justicia actúe con celeridad, que se pueda aclarar este doloroso episodio y cese esta mala hora que tanto desconsuelo produce a todas las partes involucradas.

*Rodney Castro Gullo, Gerente general de la Sociedad Portuaria Bocas de Ceniza S.A, abogado de la Universidad Libre de Colombia. @rodneycastrog

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