Manual para perdedores

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“Si buscas resultados distintos no hagas las mismas cosas”.  

Albert Einstein (1879-1955).

Se me ocurre hacer un poco de política-ficción, un ejercicio imaginario de situaciones en donde me arrogo la función de consejero político. ¿Para qué? Quizás con la pretensión de que la realidad recurra en algo a la ficción o a cualquier efecto que logre la reflexión a pesar de ser, digamos, imaginaria, y en una especie de apuesta se acierte en algo.

(Lea también: Estragos ideológicos)

VOLVER A HACER LO MISMO. Esta situación está inspirada en una socorrida frase de Albert Einstein, que encabeza esta columna. Significa que no se pueden cometer los mismos errores que en una oportunidad anterior, sencillamente porque se obtendrán los mismos resultados, seguramente no deseables: por ejemplo, si en una ocasión anterior se perdió una elección, porque quizás la soberbia de creer que la propia posición o posicionamiento era imbatible y resultó que hicieron falta esos voticos despreciados.

Una de las cosas que parece estar claras de la próxima coyuntura electoral es que, ante la dispersión política, lo que hay que hacer es unir fuerzas, en lo que se han denominado coaliciones. Algunos han ganado apoyos mordiéndole a los demás alguna gente o mucha gente, como si hubiesen aprendido de una última elección.

ESCRUPULISMO IDEOLÓGICO. El escrúpulo es una especie de condición de la conciencia de creer que se están cometiendo faltas que en realidad no se cometen o que no son faltas, por una especie de inseguridad que enfatiza más los buenos comportamientos de manera exagerada que los objetivos mismos. Entonces, alguien se erige, sin que inclusive tenga la intención de hacerlo, en tribunal de escrúpulos. Ese lastre ideológico es muy propio de los militantes de la izquierda o de los fanáticos provenientes de cualquier religión. Un atavismo inquisitorial, de épocas oscuras.

FUEGO AMIGO. Si uno quiere hacer alianzas – y se necesitan – debe pensar que el techo de los aliados es de vidrio. Que hay que cuidar a los aliados. Que los aliados no tienen que ser idénticos a uno. Se supone que los que piensan igual (es un decir) ya están con uno. Y los que pueden compartir algún punto en común y con quienes se pueden establecer reglas de actuar comunes, entonces podemos considerarlos aliados. Alguien dijo que la política es la ciencia de sumar voluntades. El riesgo del fuego amigo es muy frecuente, entre otras cosas, porque siempre habrá quienes hagan la labor de zapa, que consiste en sentido figurado, en minar las líneas, en arruinar la confianza. La alianza se basa en la confianza. Si ésta se pierde, se acaba la alianza.

EFECTO NIEBLA. Recurro a una recomendación del asesor político estadounidense Dick Morris (sin parentesco conmigo) en libro publicado que llamó el “Nuevo Príncipe” (con la pretensión de ser la nueva versión del clásico el Príncipe de Maquiavelo, pero en clave de cultura y experiencia norteamericana) que consiste en advertirle a un pretendido candidato (a presidente, por ejemplo) de lo que llamó el “efecto niebla” que es un choque entre expresiones de los malquerientes políticos y los aduladores de la propia corriente política del candidato. Nublarse por la paranoia que producen los vituperios o la complacencia de los aduladores demuestra una personalidad que conduce al fracaso. Este cambio de personalidad producto de ese efecto marca una diferencia entre una personalidad recia y segura y otra que no lo es. En otras palabras, se trata del cambio de personalidad que acerca a perder el norte.

(Texto relacionado: Meditaciones urbanas: ¿en qué estamos, para donde vamos?)

MUNDO VIRTUAL, FAKE NEWS, REDES SOCIALES Y ALGORITMOS.

La nueva realidad es medio real y medio virtual. Unos, algunos, viven en el mundo virtual como una forma de relacionarse con los demás. Otros, algotros, viven el mundo real y poco les interesa o entienden lo virtual. Muchos viven los dos mundos y sus interacciones. Un político de hoy tiene que “tupirle” a los dos mundos. Hay que decir algo que resulta paradójico: el mundo virtual es una realidad y, sin enredarnos en juegos de palabras, dicen que el futuro será de manejo virtual y ahí están los famosos algoritmos, que son nada más que todos los datos de cada uno de nosotros. Cuando digo todos, son todos, aun datos que no sabemos que existen sobre nosotros. O sea, la manipulación total. Por eso, no entendemos cuando nos advierten sobre las llamadas políticas de uso y protección de datos.

Parece que alguien que se quiera conducir por los caminos culebreros de la política debe tener su provisión de algoritmos para examinar sus verdaderos chances. Pero como todo en lo virtual y en lo real, puede ocurrir un dato anómalo, inesperado (serendipia lo llaman los gringos), para bien o para mal.

Se crean “nuevas realidades”, aprovechando la velocidad y la masividad de las redes sociales; se difunden noticias falsas (fake-news) tanto para desprestigiar (la mayoría de las veces) como para aprestigiar. Tales fake-news se producen en lo que se llaman “bodeguitas”, grupos de inteligencia y contrainteligencia virtual dispuestos a todo, que alquilan áreas de almacenamiento virtual para manipular información y  difundirla por las redes sociales. Aclaremos que  todas las llamadas bodegas virtuales tienen connotación negativa y es una forma de un servicio de almacenamiento virtual de datos y procesos, que le sirve a muchas empresas e instituciones y aún personas. ¿Se puede fabricar un candidato más virtual que real? Es posible, pero ¿funcionará?  Mejor no probarlo, pero de pronto alguien lo hará.

Se ha afirmado por parte de algunos observadores de la política que el paso de una democracia representativa a una más participativa sería el gran desafío que podrían vehiculizar las redes sociales. Si bien la velocidad de una consulta directa popular es más viable, también la manipulación puede ser mayor. La gente seguirá pronunciándose de acuerdo a parámetros estadísticos previsibles. El problema reside en la capacidad de análisis de lo que pueda decir la gente en donde la masividad hace que los pronunciamientos sean muy simples o gruesos.

(Le puede interesar: Transparencia: ¿dónde estás que no te vemos?)

De todas maneras, la Internet cambió al mundo sin que podamos saber todavía si para bien o para mal, si nos lleva al Gran Hermano (la distopía orwelliana de suprema vigilancia) o la idea griega de democracia directa, ya no con pocos sino con muchos.

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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