Marketing religioso, el mejor negocio

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Foto de Adrian Cogua

Todos tienen derecho a montar un negocio, pero es cuestionable un negocio que utilice la fe, creando un vínculo que no permite llegar directamente a Dios, sino con intermediarios.

Foto de Adrian Cogua

¿Quién hubiese creído que, después de miles de años, la religión se convertiría en el mejor negocio en el cual muchas almas sedientas van a reposar y pastar por el deseo de exaltar a Dios? Lamentablemente, este descanso se ve perturbado por los propios pastores porque no apacientan su rebaño, se vuelven mercaderes de la fe y no se apiadan de sus ovejas.

Esto me hace recordar el pasaje del profeta Ezequiel 34:8-10, en el que se evidencia que los pastores se apacientan a sí mismos y el rebaño es presa y que, a futuro, eso les será reclamado. Más allá de esta situación tan constante que se observa a diario en los medios, la publicidad que aparece debajo de la puerta de nuestras casas y las personas que salen a buscar seguidores muestran mucho movimiento en estos sitios.

En la actualidad, cada vez más líderes religiosos son afamados predicadores que transitan en camionetas blindadas, tienen mega-iglesias y guardaespaldas; de hecho, frecuentemente están involucrados en distintos escándalos por sus actuaciones, lo cual es extraño, a juzgar por lo que predican. ¿Cómo puede un seguidor de Dios tener una vida oscura? Eso debería al menos poner a pensar a sus fieles, porque el listado de cuestionamientos es largo: abusos sexuales, vínculos con delincuentes, dueños de ostentosos lugares, lenguaje cuestionable, shows de todos los estilos para euforia de sus feligreses y hasta asesores de imagen les rodean.

¡Cómo han crecido en logros materiales estos señores, dueños de una fe extraña y contaminada! Se explica en la medida en que su estrategia es logística, soportada en ventas, organización administrativa, imágenes, libros, escarapelas, camisetas, fidelización de su marca y un escenario que para algunos puede ser envidiable, pero hace parte de la modernización de su culto. El marketing es clave en su estrategia así como las técnicas para la promoción de sus servicios; tal vez existan varias personas que requieran de ellos, pues de lo contrario no serían tan prósperos.

Siempre me he preguntado si realmente Dios necesita de ellos o de su dinero mal habido, o si en realidad existe una cuenta celestial que multiplica la capacidad del bolsillo de quienes entregan el dinero de sus rentas; muchas personas ya no gustan de viejos cultos y, por eso, asisten a sitios en los que sus orquestas les brindan música en vivo y después pasan el voucher cobrando la fiesta; los conservadores han quedado atrás para algunos y por tal motivo es necesario el ruido devastador y luces en gran tarima. ¡Vaya poder e influencia! ¿Qué diría Jesús en esta época? ¿Será que su predicación cambió? ¿Acaso no fue él quien volcó las mesas de los mercaderes que intentaban instalarse alrededor del templo? Bueno, eso dice el evangelio de Mateo 21:12.

En otros casos, los atuendos son lo más importante, por ejemplo, vestidos de blanco u otro color uniformado, mitra, anillo y copas de oro; todo esto es muy llamativo, así como sus redes sociales y programas de televisión en vivo, elementos que de una forma u otra son sugestivos y están íntimamente ligados al marketing, así como sus peregrinaciones. La competencia entre los diferentes “ismos” busca abrirse paso entre las demás. ¿Realmente Jesús o algunos personajes de la escritura sagrada se valieron de esa publicidad? Creo que no, no precisamente porque no existiera, sino porque sencillamente eran personas a quienes verdaderamente se les encomendó una misión.

Por el contrario, encontramos que Jesús pedía a quienes hacía un milagro no decir quién estaba haciendo estas señales, como se lee en Marcos 3:12, Mateo 8:4 y muchos más pasajes. No existe una sola cita en la que Jesús promocionara un servicio o tuviera una noche de milagros. La vista impresiona la mente del ser humano y es una manera de prestar el mejor servicio para hacer crecer las comunidades, adaptándose a lo que el consumidor necesita, a veces por medio de llamadas en vivo para conocer las necesidades, no sin antes preguntar si ya hacen parte de su red de amigos o grupo tal o cual, para garantizar su oferta o mediante largas maratones para recaudar fondos.

Todos tienen derecho a montar un negocio, pero es cuestionable un negocio que utilice la fe, creando un vínculo que no permite llegar directamente a Dios, sino con intermediarios; personalmente no sabía que al Creador del mundo tocaba pedirle cita o ahorrar en un banco celestial, pero se les escucha decir a sus predicadores cosas similares a éstas. Vale la pena recordarles a estos telepredicadores, o como se puedan denominar, que los tesoros se hacen en el cielo y no aquí en la tierra – porque ciertamente donde está ese tesoro el corazón estará, por lo menos así lo menciona Lucas 12:32-34 – para que no se desgasten pidiendo el “priezmo”, es decir el diezmo más la prima que les corresponde dar en diciembre.

Esta pandemia deja situaciones difíciles para quienes su dependencia física es absoluta en estos lugares; sin embargo, algunas comunidades se resisten a perecer y aceptan distanciamiento social y las restricciones, porque sus fieles ya se dieron cuenta que Dios está en todas partes.

La competencia es grande y la creatividad juega un papel importante en la estrategia efectiva para retener a fieles, creándoles necesidades que bien podrían suplir con mayor facilidad si se aferraran a la fe y no a lugares. Jóvenes, adultos o mayores, espero que no muevan las cajas registradoras para ensanchar las tiendas o denominadas “casas de Dios”, con aire acondicionado, nombre que se aparta de la verdad. Dios no habita en templos hechos por manos de hombres, como está escrito en Hechos 17:24.

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

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