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Tengo miedo torero
Pedro Lemebel
Planeta
173 páginas.

Tengo miedo torero (2001), la primera y única novela escrita por el ya desaparecido escritor chileno, Pedro Lemebel, empieza así:

“[…] Un año marcado a fuego de neumáticos humeando en las calles de Santiago
Comprimido por el patrullaje. Un Santiago que venía despertando al caceroleo y los relámpagos del apagón; por la cadena suelta al aire, a los cables, al chispazo eléctrico. Entonces la oscuridad completa, las luces de un camión blindado, el párate ahí, mierda, los disparos y las carreras de terror, como castañuelas de metal que trizaban las noches de fieltro”.

La Literatura es brujería: lo sé porque los libros son los que te encuentran a ti, se lucen, tosen delicadamente para llamar tu atención y crees, ingenuo, que eres tú el que se ha encontrado una joyita. ¡Mentira! A la luz de los acontecimientos desarrollados alrededor del 21N, que sirva este primer párrafo de esta novela como prueba de ese fenómeno.

La nueva edición de esta novela, en la colección Bordes, de Planeta, llegó mis manos en una mañana de domingo, cuando perplejo ante las reacciones violentas a las protestas pacíficas de la ciudadanía -y de algunos ciudadanos contra policías, no lo neguemos- necesitaba una luz, una historia que me diera pistas del porqué de esa furia desatada que acompaña estos fenómenos sociales.

Tengo miedo torero es una historia de amor contada en medio de los acontecimientos de 1986, en Santiago de Chile, en medio de una gran inconformidad social y cuando un grupo fraguó y ejecutó un fallido atentado contra Augusto Pinochet. Un hombre adulto, afeminado, rechazado por la familia, abusado y arrastrado a la prostitución como única manera de sobrevivir, llega a vivir a una ruinosa casa de un barrio marginal de Santiago. ‘La loca del frente’, decían los vecinos (así lo conoceremos, ‘La Loca’, en esa forma tan irónica y burlesca con la que sólo los homosexuales y sus amigos están autorizados a tratarse entre sí). Loca será, sí, pero también dignidad y corazón.

El otro gran personaje es Carlos, un muchacho varonil y atractivo, que empieza a entablar amistad con él y pronto logra que el recién llegado le preste un espacio en ese apartamento para ‘estudiar’ con sus compañeros. El lector va siendo testigo de cómo Carlos va manipulando a quien se muere de amor por él y lo involucra en los planes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez para cometer el tiranicidio.

La novela, escrita con la estructura de dos acontecimientos paralelos, intercalados, introduce los personajes de Augusto Pinochet y su esposa, Lucía Hiriart. La trama se va desarrollando entre el miedo, la tensión y el amor, por un lado, y la frivolidad, el arribismo, la intolerancia y el encierro del poder por el otro. Los cuatro, tan distintos, están condenados a encontrarse en esta historia.

Pedro Lemebel fue un artista valiente y un provocador que puso su cuerpo, mente y vida al servicio de su causa. Opositor furibundo de las dictaduras y del modelo económico neoliberal. Rehusó a ser encasillado y fue marica público en el sentido más valiente, irreverente y revolucionario de la palabra. Fue un ser aborrecido por el poder del Estado, por la tradición políticamente correcta, pero amado por los seres ninguneados a los que él prestaba la su esencia revolucionaria. Alguna vez dijo: “me dejé llevar por cierta porfía que experimentamos los niños raros frente al adiestramiento agresivo de la formación masculina, y escogí la posibilidad de una identidad cambiante. […] lo que se llama hombre para mí es un tronco podrido, una especie de fósil orgulloso, pero muy triste”.

La literatura hizo su brujería y nos dejó este libro en la Biblioteca Diaria de La Línea del Medio. Precisamente en una semana tan reivindicativa. Seguramente Lemebel estaría ahora mismo en las calles de Santiago, protestando, y aquí estaría en las mismas, pegándole a una cacerola. O mucho más. Seguramente hubiera sido deportado de nuestro país por perturbar nuestra sacrosanta paz con ideas extranjeras. Esta novela explica por qué.

Mauricio Arroyave, periodista, lector caprichoso y frustrado librero, @mauroarroyave

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