Me caes gordo, Fernando

0
78

About The Author

Le debemos mucho más como sociedad colombiana a los grafiteros y muralistas que le dan vida a las frías paredes que a Fernando Botero. Mientras los primeros ponen de presente la realidad nacional con sus trazos haciéndonos saber de la pluriculturalidad que nos caracteriza como nación y de las injusticias que nos asolan cual pandemia, el gran logro del segundo es haberse vuelto universal en su minúsculo universo plagado de jeques, presidentes y bochornosa alcurnia. Los artistas callejeros cuestionan al transeúnte con sus diseños, los hace pensar sobre su presente además de ofrecerle solaz al habitante de calle y al vendedor ambulante, Botero, por su parte, tan solo ofrecía cuadros y esculturas a precios astronómicos que producían caché entre galeristas, museos y millonarios deseosos de hacerse a una de sus obras, no para sentir recreo espiritual sino arrogancia entre sus pares. Si no te juegas la vida y las creencias haciendo arte lo tuyo no es arte sino negocio: a Diego Felipe lo llenaron de plomo a mansalva por plasmar su pensamiento con aerosoles bajo un puente, al “gran Fernando” lo llenaron de condecoraciones por hacer obras en sus seguras, cómodas y palaciegas residencias. Me caes gordo, Fernando. Le debemos mucho más como sociedad al cantante de bus urbano que a Shakira, Vives y Juanes juntos; unos nos hablan en sus letras del hambre, de la soledad y de la estigmatización mientras que los otros nos remiten al divorcio de su marido, a los fascistas camisa negra y a la bicicleta de los escarabajos. El rapero de la ruta Los Laches escoge la buseta como tarima, los cantantes que facturan millones prefirieron una tarima en la frontera sumándose a las hordas golpistas que pretendieron derrocar al mandatario vecino. Le debemos mucho más a los sin nombre, pero con cojones que a los famosos y glamurosos inmersos en sus pequeñas producciones que no logran traspasar la piel: unos tienen admiradores que se cuestionan sobre la realidad, otros fans que tararean sus temas. Le debemos mucho más al docente que les enseña a sus alumnos a construir alas de mariposa amarilla para volar alto y lejos que al escritor que a punta de mariposas amarillas vio crecer y volar su fama y fortuna.

*Roque Monteiro. comunicador social – periodista retirado, fotógrafo sin cámara, autor de varias novelas, cultivador de yuca y viajero incansable. Miembro del colectivo Psicolombianos de Diván.

Autor

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.