Mediocres y populistas

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Felipe González Salamanca advierte acerca del oportunismo populista de políticos y medios.

La reacción natural a las situaciones desconocidas es el temor. Cuando no conocemos algo, nos asustamos. El Covid-19 y sus tragedias lo prueban. El camino natural después de asimilar el temor debería ser el de no repetir los comportamientos que llevan a que se materialicen amenazas reales. Ese camino, por sensato que parezca, ofrece la posibilidad del cultivo del populismo, la ruta más rentable para alcanzar réditos políticos y la más costosa en términos democráticos.

Los acontecimientos que ofrece Colombia no se pueden ajustar mejor a esa premisa. El escenario político que vive el país ha afectado de manera importante la calidad del debate público. Hace un tiempo ya que la maniquea manipulación de la realidad ha llevado a confrontaciones emocionales en instancias de decisión en los que deberían primar discusiones exclusivamente racionales. Se recordará que, cuando empezaba la cuarentena, la discusión sobre el momento correcto para el decretar el confinamiento no tornó alrededor de datos, no consideró los ejemplos de lo que salía tan mal en ese momento en Europa, particularmente en España, y no consideraba con seriedad lo que tenía que decir la ciencia al respecto.

Esa pobreza en el debate público aún marca la pauta. La instrumentalización emocional de los argumentos y la irresponsabilidad de líderes de todos los pelambres políticos están a la orden del día todos los días. Basta con recordar los argumentos de ciertos políticos frente a la gestión del coronavirus. La senadora Cabal sugirió que el coronavirus no era peor que una gripa de las que tanto dan y el senador Petro cuestionó recientemente a los profesionales de la salud y sus decisiones en el manejo de los pacientes infectados en un delirio populista sin precedentes. A la una, la movía el interés por reactivar la economía y el sistema productivo sin importar el altísimo costo humano y, al otro, el interés por agitar un sistema en estado de crisis para explotar sus debilidades en los albores de la campaña presidencial.

Los anteriores, como ejemplos de políticos elegidos, no sorprenden. Sí sorprende, en cambio, el más reciente ejemplo de estupidez populista electorera del exministro de defensa Juan Carlos Pinzón, que oportunista y ambicioso, se refirió a los integrantes de la Comisión de la Verdad y dijo que “la mayoría de los comisionados registra afinidad ideológica o nexos con grupos armados”. Se ha visto en suficiente medida que una estigmatización de ese calibre es con frecuencia una sentencia de muerte en Colombia. Una persona con la formación y trayectoria de Pinzón no puede llevar la irresponsabilidad a esos ridículos límites, en especial si pretende buscar un cambio positivo en las condiciones de violencia y de seguridad en Colombia.

Pinzón, Petro y Cabal son tan irresponsables como tantos otros políticos que minan el debate democrático con demasiada frecuencia. Pero no se puede dejar de apreciar el papel de periodistas y medios de comunicación que comparten esa irresponsabilidad, que no es más que afán populista electorero catalizado – aunque no exclusivamente – por la dictadura del click y las alianzas de medios y políticos, que desdibujan preocupantemente su papel fiscalizador. Los resultados de esas relaciones deberían ya dejar algunas lecciones.

La emoción manipulada por estudios falsos o datos inventados lleva al poder a populistas integrales como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Manuel Andrés López Obrador o Nicolás Maduro. Si bien Colombia no ha sufrido un gobierno de esa naturaleza, la tentación populista en el marco del coronavirus sigue latente. Véase nada más el bochornoso programa diario de televisión de Iván Duque. No se puede olvidar que la tensión social y política producto de la pandemia abona el terreno y aumenta el riesgo de la llegada del populismo (de cualquier populismo) al poder.

Ese riesgo se incrementa considerablemente gracias a los instrumentos que proporciona Internet para promover las verdades reveladas de todos los extremos. Portales de impresentable calidad estética y periodística traen como consecuencia fenómenos como la serie web El Matarife, presentada como un aporte documental y sin el más mínimo rigor periodístico.

El debate, los medios de comunicación y la toma de decisiones de política pública están en mora de tener una veeduría fuerte y de un escrutinio riguroso. De superar y castigar el oportunismo populista de lo emocional para evitar el daño mayor que provocaría en nuestra frágil economía y en nuestras fragilísimas instituciones un gobierno de esa naturaleza en el poder.

*Felipe González, comunicador social y periodista.

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