Mi reforma tributaria ideal

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La reforma tributaria es más mala que buena. Y tiene otro pecado grave: es inoportuna.

En estos días está de moda hablar sobre la reforma tributaria que presentó el Gobierno. Unos la juzgan bien; otros (la mayoría, tal vez) la juzgan mal. Para juzgarla bien o mal, uno debe tener en la cabeza una idea de lo que sería una reforma tributaria ideal. Dada esa reforma tributaria ideal, uno puede juzgar qué tan buena o mala es la propuesta del Gobierno. Los juicios sobre la propuesta del Gobierno van a depender de esa idea de una “buena reforma” que uno tenga en la cabeza: unos van a desear una cosa; otros otra.

Mi reforma tributaria ideal se puede resumir en seis premisas, que aquí, por razones de espacio, solo presento de manera muy escueta (para quien quiera una mayor elaboración de estas premisas, tengo un documento un poco más largo y técnico donde las sustento, que puedo poner a disposición de quien me lo solicite, por medio de un correo a [email protected]):

  1. El cálculo de cuántos impuestos paga una persona como proporción de su ingreso (renta) debería ser lo más transparente posible.
  2. Los impuestos se deben pagar sobre el ingreso, no sobre el gasto ni sobre la riqueza. Es decir, los impuestos deben ser impuestos a la renta, no al valor agregado o al patrimonio.
  3. No hay ninguna razón para que las rentas de capital paguen distinto y, en particular menos, que las rentas de trabajo.
  4. Las empresas no deben pagar impuestos sobre la renta. Los individuos sí.
  5. Si las empresas terminan pagando impuestos a la renta – cosa que no es deseable -, no deberían pagar impuestos sobre sus utilidades, sino sobre su acumulación patrimonial.
  6. Un individuo debería pagar impuestos basado solo en dos parámetros: la tasa promedio de impuestos de la economía y un parámetro que mida el grado de progresividad deseada en la política tributaria.

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Mis criterios son debatibles, yo sé. Aún más: son irreales. Bajo mis criterios, no habría impuesto al valor agregado ni impuesto al patrimonio. Las empresas no pagarían impuestos. Las rentas del trabajo y del capital pagarían lo mismo. Estoy soñando, yo sé. Pero mis criterios sirven para evaluar la propuesta de reforma tributaria del gobierno. Bajo mis criterios, la propuesta tiene algunas cosas buenas y bastantes cosas malas.

La principal cosa mala de la propuesta del Gobierno es que no hace prácticamente ningún esfuerzo por satisfacer la premisa 3: las rentas del trabajo seguirán pagando muy distinto, mucho más que las rentas de capital. Esta es la principal razón por la cual el sistema tributario colombiano es tan inequitativo.

(Texto relacionado: Más impuestos: La contradicción de Carrasquilla)

La segunda cosa mala de la propuesta del Gobierno es que sigue descansando de manera importante en incrementar el IVA: de 28 billones de pesos que espera recaudar en total, siete billones provienen del IVA. Esta es la otra razón de la inequitatividad de nuestro sistema tributario.

A cambio, la propuesta tiene algunas cosas buenas. Por ejemplo, trata de respetar la premisa 4 (no hacer tributar a las empresas, pero la embarra cuando no hace nada para respetar la premisa 5 de que las empresas deberían tributar sobre su acumulación patrimonial). De igual manera, en el campo limitado de las rentas laborales, la reforma trata de mejorar un poco la progresividad tributaria incluida en la premisa 6 (lo cual es totalmente insuficiente, dado que la propuesta hace muy poco para respetar la premisa 3 de que el trabajo y el capital deben pagar lo mismo).

En fin, a mi modo de ver la reforma tributaria es más mala que buena. Y tiene otro pecado grave: es inoportuna. Es muy difícil, cuando todo el mundo está en crisis económica, anunciar que el Gobierno le quiere sacar a la economía 28 billones de pesos. Y más aún cuando la gente percibe que la equidad con la que se quiere esquilmar a la gente deja mucho qué desear. Por eso la reforma no tiene ambiente político. Hasta el Presidente lo ha reconocido. Seguramente habrá una reforma, pero no se puede esperar que lo que salga del equilibrio de fuerzas políticas en el Congreso sea algo técnico. La verdadera reforma tributaria estructural y equitativa quedará en manos del próximo gobierno. Sobre esto no nos podemos llamar a engaños.

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*Daniel Castellanos García, @castellanosgd, economista, director de la Fundación Impacta,  organización para la transformación social.

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