Nada debe parecer imposible de cambiar

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Tanta experiencia acumulada, tantas desdichas guardadas y algunas victorias deben servir para algo más que manifestar inconformidades, crear comités, organizar movilizaciones.

Cortesía: acore.org.co

En momentos en que la incertidumbre, la desconfianza y el miedo rondan las organizaciones y las comunidades, debido a las precarias condiciones que están padeciendo por las medidas que el Gobierno ha adoptado en la cuarentena, alguien me preguntó mi propuesta para después del confinamiento. O, ¿cómo se debería avanzar para contrarrestar las medidas que se están implementando? Las respuestas son tan complejas, como lo ha sido la búsqueda de la cura para el Covid-19. Hay que atreverse a recrear posibles rutas que anticipen el qué y el cómo responder colectivamente a los retos que emergen.

Frente al escenario de desigualdad que ha puesto en relieve la pandemia del Covid-19, en donde el mercado parece triunfar por encima de la vida, es oportuno preguntarse qué viene ahora para las organizaciones sociales, comunitarias y políticas, que han lidiado con años de opresión, desamparo y exclusión estatal. Tanta experiencia acumulada, tantas desdichas guardadas y algunas victorias que han profundizado la necesidad de armonizar y construir justicia social deben servir para algo más que manifestar inconformidades, crear comités, organizar movilizaciones; se necesita de todo esto y mucho más.

El comportamiento epidemiológico de la enfermedad y la respuesta antipopular del Gobierno y del Estado han evidenciado la incapacidad del modelo político y económico para responder a las grandes mayorías. Las organizaciones deben actuar y atreverse a proponer acciones que hagan menos traumática esta situación para millones de empobrecidos y excluidos, se requiere promover soluciones a largo plazo en el marco de la democracia directa y representativa. Ante la urgencia vital de cambiar de manera radical y compleja el panorama de injusticia mundial, es necesario construir y afianzar vínculos: se cuenta con redes y alianzas pero es preciso conectar con otros escenarios, con otros actores que permitan multiplicar acciones.

Los mensajes, las campañas virtuales, los foros, los eventos culturales y los ejercicios presenciales de los últimos días evidencian la disposición a continuar y revitalizar las movilizaciones y las acciones políticas de persistencia, promovidas desde finales del 2019 y que sufrieron una suspensión temporal y espiritual, en correspondencia con la  responsabilidad de preservar la vida, acatando las medidas para contrarrestar la propagación del virus. Sin embargo, esta pausa no determina un comportamiento duradero; la gente afectada se está viendo obligada a salir a defender sus derechos.

Es indiscutible que el Gobierno, el partido de Gobierno y sus aliados políticos y empresariales han preferido avanzar en la implementación de políticas de humillación para la mayoría de la sociedad, aumentando los privilegios para los más ricos. Esta receta aplicada en gran parte del mundo capitalista se siente con dureza en Colombia, debido a que aquí esta compleja estrategia va acompañada de altos niveles de violencia, represión, persecución, amenazas y asesinatos a lideresas y líderes sociales, políticos, comunitarios, sindicales y sus organizaciones. Con este panorama, se esperaría que pasadas las medidas de distanciamiento físico y social,  se desencadene un período muy dinámico en donde se entremezclen momentos de exigencias desde las calles, con ejercicios de resistencia, fortalecimiento organizativo y audacia política de los sectores sociales y populares golpeados. En tiempos de la peste negra, cuando los gobiernos intentaron poner controles a los salarios y disminuirlos a épocas anteriores, “los campesinos respondieron con revueltas como la Jacquerie de 1358 en Francia, o la revuelta de los campesinos de 1381 en Inglaterra[i]”.

Ante los vacíos del Estado en la atención de la pandemia, las organizaciones hacen de la solidaridad una acción de apoyo y resistencia que no se agota en la acción misma. Éstas  se deben asumir como un canal para la generación de propuestas de escenarios futuros,  poniendo en conflicto el conocimiento académico y posibilitando la conexión entre éste y las prácticas concretas. Esta alianza de conocimientos permitirá la configuración de  relaciones con mayor claridad y la identificación, más allá de la letalidad del virus, de aquello que está detrás de la crisis y que la alimenta: la lucha contra el cambio climático como una construcción social y las expropiaciones de derechos que profundizan las brechas de desigualdad.

Se tendrá que hacer uso del ímpetu que ha dado tantos años de soportar la violencia política, de resistir a la implementación de un modelo económico nefasto y del mal uso de nuestros recursos naturales renovables y no renovables. Esa fuerza organizativa y política que han ido construyendo los movimientos sociales, comunitarios, étnicos, artísticos, estudiantiles, feministas, sindicales, ecologistas, defensores y defensoras de derechos humanos, constructores y constructoras de paz, y los influenciadores y opinadores en redes sociales, debe ser, citando a Violeta Parra, la “levadura del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura”, una fuerza capaz de transformar el miedo, la tristeza y la desesperanza, en alegría, osadía y optimismo. 

Para lograrlo, las organizaciones pueden posibilitar un cambio complejo que vaya de la mano de la cultura. La transformación de imaginarios y realidades y las aperturas cognitivas que nutren y dislocan el orden establecido que, por estos días y los que vendrán, se manifiestan de manera concentrada provocando la militarización, lo que  demuestra la incapacidad de los gobiernos, traducida en el uso de la fuerza. Seguramente algunos gobernantes locales tendrán que escoger entre acompañar las justas reivindicaciones sociales o plegarse a la orden represiva que el Gobierno seguirá aplicando con menos piedad.

Se tendrá que apelar a las propuestas del pliego nacional de peticiones del comando de paro, fortalecido en los encuentros nacionales, para construir y/o fortalecer estrategias pedagógicas y comunicativas que hagan posible la emergencia movilizadora y el anhelo de poder popular, la persistencia de la acción política coordinada y contundente, poniendo al centro del recinto en donde se abrigan los sentimientos, la lucha democrática y la unidad política. Avanzar hacia las conquistas de las utopías para gozar de una subsistencia más elemental, más respetuosa de la vida de todos los seres del planeta, una vida para el cuidado colectivo y el aprecio a la diversidad.

Este retomar de la iniciativa democrática para recuperar el rumbo hacia la paz integral y una sociedad más justa y equitativa no será fácil; siempre habrá que afrontar peligros, inseguridades, debates, señalamientos internos y externos, persecuciones y la necesaria dosis de incertidumbre. De allí que la solidaridad, la fraternidad y el fortalecimiento de las confianzas deben hacer parte de la acción pedagógica y metodológica que nos ayude a identificar claramente las acciones a realizar, las metas a lograr y los resultados a obtener. Nuevas formas de construcción colectiva, más sinceras y transparentes, que impidan desviarnos lo menos posible de la ruta de confrontación y destrucción de las causas estructurales que nos mantienen postrados. Lo que sigue, una vez finalizado el confinamiento, para las organizaciones sociales, comunitarias y políticas es hacer de la situación la oportunidad de señalar las responsabilidades en el aumento de las desigualdades y hacer de la rabia digna el pase para reformas profundas, muchas de ellas  de orden constitucional que den un giro rotundo al establecimiento y sus prioridades.

Habrá que reconocer en el otro y en la otra esa persona sin la cual no será posible construir una nueva sociedad, soberana y justa, una sociedad que acepte y potencie las capacidades de desarrollo endógeno, sin dejar de dialogar con las experiencias externas. Debemos estar conscientes que se avecinan tiempos de inestabilidad, tiempos para subvertir la normalidad opresiva, épocas de dolor y felicidad, de cambio y deconstrucción. Como dijo el dramaturgo y poeta Bertold Brecht “en tiempos de desorden, de confusión organizada, de arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar”.

*Luis Emil Sanabria, bacteriólogo, docente universitario con estudios en derechos humanos, derecho internacional humanitario y atención a la población víctima de la violencia política. @luisemilpaz


[i] Grant et al, “El libro de la historia”, 2017, p.119

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