Negociaciones y alternativas

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Negociaciones y alternativas

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Serán las negociaciones las que con certeza permitirán resolver nuestra situación pues difícilmente quien ejerce el poder en Venezuela, dada la forma en que lo ha ejercido, lo entregará democráticamente sin tener garantías de alguna especie.

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En toda mesa de negociación hay siempre, cuando menos, dos partes. Son aquellas que tienen algo que ofrecerse. Quien en la misma no se encuentre, mucha autoridad moral o competencia tendrá, pero, a los efectos de quienes se encuentran sentados, carece de fuerza bien para ceder poder, bien para otorgar garantías. Es eso lo que en la cuestión venezolana está en juego. Quizás un buen ejemplo de lo que describo sea el Consejo de Seguridad de la ONU donde siempre estarán sentados los que ganaron la segunda guerra, a pesar de que los ejércitos vencedores representaban a más naciones que los miembros permanentes del mismo.

Lectores amigos, unos con menos severidad que otros, critican la posición que sostengo respecto de las negociaciones. Unos, por los actores que han participado en ellas en distintas oportunidades y, otros, porque parten del supuesto que una de las partes que se ha sentado por los delitos que se le atribuyen, no está facultada para adelantar ningún tipo de negociación, sino que su destino debe ser la cárcel.

Lo cierto es que se negocia con quien algo tiene que dar. Podrá haber personas muy prestigiosas, inteligentes, preparadas, con muchos seguidores de Twitter, casi que beatos, pero si ellas no tienen nada que ofrecer para resolver la situación – bien cediendo el poder que no tienen u otorgando las garantías que no están en posición de dar -, nada están en capacidad de negociar. Eso es una realidad indiscutible y eso pasa con muchos venezolanos prestantes – como se dice en Colombia – que algunos querrían ver incorporados en alguna mesa de esa naturaleza, pero que no lo están por la razón señalada.

(Texto relacionado: Venezuela en tiempos para acuerdos)

Por otro lado, respecto a las cualidades personales o morales que pudieren tener los actores del conflicto venezolano, esos son, gustenos o no, quienes nosotros en un acto de insensatez pusimos en condiciones de participar en las negociaciones, cuando a partir de diciembre de 1998 votamos por la posición política que representaban o nos abstuvimos de hacerlo. Como me dijo mi confesor, uno no cambia de viejo. Así eran y por acción y omisión, si les cabe la descripción realizada por un crítico en los párrafos precedentes, fueron elegidos y fuimos los venezolanos los que en posición de poder los pusimos. 

Así se han construido todas las negociaciones que en nuestro país – y el mundo se han adelantado – entre contrapartes que se reconocen como tales porque no solo están en conflicto sino porque, reitero, algo tienen que darse recíprocamente.

Comprendo que a algunos eso no les guste pero es lo cierto que así han sido y por lo pronto en el futuro serán las cosas. 

Independientemente de cualquier otro mecanismo que en Venezuela pretenda implementarse, serán las negociaciones las que con certeza permitirán resolver nuestra situación pues difícilmente quien ejerce el poder en Venezuela, dada la forma en que lo ha ejercido, lo entregará democráticamente sin tener garantías de alguna especie. De allí que el tiempo que habrá de transcurrir hasta el 2024 cuando, en cualquier mes de ese año se debe realizar elecciones presidenciales, es el que corresponde para llegar a acuerdos y reinstitucionalizar normativa y efectivamente al país, lo que es menester realizar de manera imperativa.

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*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. Director de Fundación2Países @barraplural

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