Negros o afrodescendientes

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El color de piel o el origen racial son circunstancias con las cuales llegamos a la vida pero nuestro desenvolvimiento en ésta depende esencialmente de nuestra decisión.

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Uno de los  temas que  me ha llamado la atención en Colombia es el relativo a la discriminación que algunos grupos étnicos estiman que existe.

Así entonces, uno observa que indígenas y quienes ahora se llaman afrodescendientes parecieren cargar con un peso de siglos por lo que en el país  ocurrió con sus ancestros a partir de la llegada de los españoles a este continente lo que, a su juicio, debe ser saldado por los actuales residentes de esta tierra que no forman parte de su colectividad.

El término afrodescendientes no era de común utilización en Venezuela. El mismo fue introducido en nuestro léxico por quienes desde la llegada del señor Chávez al poder en febrero de 1999 han dirigido los destinos del país. Nosotros, en nuestro  habitual, hablar, utilizamos  el término “negro” o “negra” en un contexto generalmente cariñoso, sin dejar de reconocer que, bajo determinadas circunstancias – que son ciertamente las menores – se utiliza despectivamente, lo cual por cierto es sorprendente en un país como el nuestro de absoluto mestizaje.

En Colombia, buena parte de los candidatos presidenciales han elegido como compañero de fórmula electoral a personas con ese color de piel, a quienes los periodistas llaman afrodescendientes. Es así como  el equipo de redacción política del bogotano diario El Tiempo, este pasado 1 de abril  formuló al abogado, especialista en derecho, magister en esta materia y candidato a doctor Ceferino Mosquera – quien no reniega de su negritud – una pregunta en los siguientes términos: “pero a muchos afros no les gusta que les digan negros”. La misma fue  respondida así:  “No, yo no soy afro, yo soy un negro todo terreno colombiano. Yo sería afro si hubiere nacido en África, pero yo nací en Colombia”.

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Esas palabras del candidato Mosquera valen para Colombia y también para Venezuela.  

Nuestras constituciones – y la nuestra es muy similar a la colombiana – en lugar de buscar la integración del crisol de personas que integran nuestros dos países, con esa especial diferenciación étnica que realizan, en lugar de propender a la misma, pareciere que han logrado lo contrario, estableciendo derechos preferenciales para unos sobre otros por cuanto consideran que es menester saldar deudas de antaño, no consiguiendo este objetivo – si existiere – y sí recalcando las diferencias.  

Que unas personas se crean más que otras por el color de su piel es natural. Les pasa igual a algunos de aquellos que tienen más títulos académicos que otros, como también ocurre con los  que, por egresar de universidades que tienen más prestigio que otras, se consideran superiores a los demás.

Es lo cierto que todos somos iguales; ciertamente las posibilidades de desarrollo pueden variar entre unos y otros, pero es indiscutible que, quien decidió progresar en su vida no tendrá como argumento para no hacerlo su color de piel, su estrato o la universidad de la cual egresó. Éstas, en todo caso, serán excusas para justificar su negativa a hacerlo.

Las palabras, la conducta y la formación del señor Ceferino Mosquera, abogado, especialista, magister, candidato a doctor y orgullosamente negro, ponen de presente que somos todos y cada uno de nosotros los que establecemos nuestros límites de crecimiento personal e intelectual. Que el color de piel o el origen racial son circunstancias con las cuales llegamos a la vida pero que nuestro desenvolvimiento en ésta depende esencialmente de nuestra decisión.

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*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. Director de Fundación2Países @barraplural

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