Muy desafortunada la intención de Nancy Patricia de deslegitimar no sólo las causas de las marchas sino también sus resultados. Un desacierto que a todas luces refleja la incapacidad del gobierno nacional de entender qué está detrás de millares de colombianos que aún hoy se mantienen en las calles exigiendo, nada más ni nada menos, superar el desgobierno que tenemos hace más de 15 meses.

Sería más apropiado señalar que la que no pudo con su cargo fue precisamente la ministra del interior. Bajo su administración ya se cuentan centenares de indígenas, líderes sociales y reinsertados asesinados. Recordemos que ella no sólo tiene como entidad adscrita la Unidad Nacional de Protección, desde donde hace unos meses se reconoció la incapacidad de garantizarle la seguridad a todos aquellos colombianos que mediante su voz representan los intereses de millones de oprimidos en las zonas más apartadas del país. Así mismo, está a cargo del direccionamiento de la política de derechos humanos, tema que por estos días en Colombia parece no estar de moda. Finalmente, valdría la pena también recordar que, en materia legislativa, el primer año de la ministra tuvo un record negativo en proyectos de ley aprobados, muy a pesar de que vivimos en un sistema santanderista donde la sobreproducción legislativa hace parecer el Congreso una panadería de normas. Los proyectos más importantes para Duque han fracasado tanto en el Congreso como en las cortes y ni qué decir del desastroso costo político que tuvo que soportar con las objeciones a la ley estatutaria de la JEP o al oso de que se cayera su gran reforma tributaria por vicios de forma que sólo cometen funcionarios principiantes.   

Pero es que, además, de los pobres resultados de su gestión, se suma su actitud incendiaria ante los promotores del paro y todos los demás ciudadanos que, por uno u otro motivo, salieron a las calles o, incluso desde sus casas, han entonado interminables horas de cacerolazos. Esa postura soberbia y alejada de la realidad que vive, no sólo resulta ofensiva, sino también contraproducente justo cuando el gobierno acaba de aceptar sostener una mesa de negociación paralela con los organizadores del paro. Vaya contradicciones de la administración Duque: al tiempo que anuncian la voluntad de diálogo, la ministra de la política minimiza y menosprecia los resultados del paro; esos mismos resultados que han obligado al presidente a sentarse por primera vez en 15 meses con diversos sectores sociales, políticos y empresariales para enderezar su rumbo. Incluso, gracias a las marchas se ha logrado poner en la agenda de discusión la necesidad de retomar los diálogos con el ELN, hecho impensable bajo todo punto de vista hace tan solo unas semanas. Eso, sin contar el reversazo en las intenciones de promover una reforma laboral y pensional que, si bien no habían sido radicadas, sí habían sido anunciadas por diferentes altos funcionarios.

Es absurdo pensar que las marchas estudiantiles han sido inocuas, tal y como pretende hacer ver Nancy Patricia. Por primera vez en años, quizás décadas, los estudiantes, sindicatos y gran parte de la ciudadanía, se han mantenido en las calles para exigirle en unísono al gobierno los cambios que consideran justos. Yo diría que han logrado mucho más en una semana esos estudiantes que han pretendido estigmatizar que la misma ministra que lleva 15 meses en su cargo. 

Bien harían desde el Ministerio del Interior dejar de perder el tiempo tratando de viralizar tendencias absurdas en las redes sociales y hacer lo que han debido lograr desde hace mucho tiempo: convocar a todas las bancadas para ver cómo desde el Congreso, pueden interpretar el clamor de la ciudadanía marchante y acordar una agenda legislativa balanceada que no sólo satisfaga la estrecha visión de esa derecha minúscula que parece tener el control de las decisiones en el gobierno. Desconocer que Colombia es una sociedad plural, con diversas manifestaciones e intereses y que, muy a pesar de la errónea interpretación de algunos áulicos uribistas, todavía se tiene el derecho a disentir y a ser escuchado aún cuando se haya perdido en las urnas, es un error clamoroso, por no decir antidemocrático. Quizás, a lo mejor, buscando algún acuerdo con las bancadas, logre por fin sacar adelante algún proyecto de ley significativo, cosa que hasta ahora no ha sido capaz de hacer.

Y es que la democracia no sólo se vive en las urnas. La democracia representativa, de la cual deriva indirectamente el poder de Nancy Patricia, está en crisis. Las manifestaciones sociales, los paros y las protestas, son expresiones que deben ser atendidas. En las democracias de verdad, la ciudadanía no es esclava de las mayorías, mucho menos de una tan débil como la que gobierna hoy en día a Colombia.

A lo mejor Nancy Patricia debería tomarse un descanso, el gobierno necesita en estos momentos una persona que sepa negociar con humildad y no una funcionaria que atice el fuego y profundice una crisis de gobernabilidad que ha venido in crescendo. Sería un buen momento para ajustar el gabinete, aunque conociendo a Duque y su temor por demostrar debilidad, veo muy improbable que decida darle un nuevo aire al Ministerio del Interior.

*Gabriel Cifuentes Ghidini, @gabocifuentes, Doctor en derecho penal, Universitá degli Studi di Roma, MPA, Harvard University, LLM, New York University, Master en Derecho, Universidad de los Andes  

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