Nuestro doloroso Octubre 2

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La desinformación, el poder del dinero, la ingenuidad de unos y la ignorancia de otros contribuyeron para envalentonar a quienes tanto les gusta y les conviene la guerra.

La historia reciente de Colombia es una sucesión de vergüenzas pero, definitivamente, el domingo 2 de Octubre de 2016 fuimos la burla del mundo y con toda razón. Nuestro país le decía NO a la paz. ¿Quién no quiere la paz? ¿Cómo se niega ese derecho? ¿A qué presidente se le ocurre hacer un plebiscito innecesario?

Santos, tan confiado, requería reafirmar que las mayorías estaban de su lado y, en un acto de egocentrismo, el Nobel de Paz fue el primer personaje que puso en riesgo un acuerdo estudiado, luchado, conseguido con años de trabajo, diálogos y miles de inconvenientes, admirado y respaldado por gran parte del mundo. Juan Manuel Santos puso en riesgo el sueño de la Colombia rural que sufrió más de 50 años de  fuego cruzado, temor y abandono  y que, en ese momento, se aferraba a la esperanza de por fin ocupar un lugar, no en medio del conflicto, sino de plena participación ciudadana, para ser escuchados, atendidos, protegidos y representados. Él puso en riesgo el trabajo de académicos y líderes que, a pesar de las amenazas e intimidaciones, se esforzaron por mediar y aportar a esta causa. La papaya estaba servida, al Presidente le salió el tiro por la culata y ahora tenemos el discurso de un sector de la sociedad que, sin importar la campaña sucia detrás del resultado. repiten: “Nos robaron el plebiscito” y “ganó el NO”.

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No alcanzo a imaginar la sorpresa del Presidente al finalizar la tarde del famoso 2 de octubre, un día inmensamente triste y profundamente decepcionante para nuestra historia. La desinformación, el poder del dinero – porque esa campaña muy bien planeada tuvo un costo -, la ingenuidad de unos y la ignorancia de otros contribuyeron para envalentonar a quienes tanto les gusta y les conviene la guerra. Con artimañas, el plebiscito daba un resultado negativo para el país y positivo para los violentos.  Juan Manuel  tuvo que velar para que cuatro años de conversaciones no se fueran a la basura, salvar la tan anhelada paz y, en un acto de nobleza, en un acto democrático, invitó a participar a los integrantes de la campaña del NO para discutir sus objeciones, escuchar sus propuestas y hacer del Acuerdo de Paz un documento con el que todo colombiano se sintiera conforme. Ésa es la parte de la historia que omiten los uribistas al recordar el plebiscito. De forma inmediata, se dispuso todo para entrar en conversaciones. El Centro Democrático aún no creía que se había convertido en el nuevo protagonista y ficha clave para el avance del proceso de paz, pero lo que sí sabía, como siempre, es que no desperdiciaría el momento, la “victoria” que obtuvo con tan sólo un 50.21% de la votación total.

Cabe recordar que la invitación al expresidente Álvaro Uribe Vélez a la mesa de negociaciones siempre estuvo vigente y fue él quien se negó participar. Ahora llegaría con su partido a tratar de modificar el Acuerdo al máximo para luego desconocer que no sólo fueron escuchados sino que 82 de los 90 puntos que conformaban el documento final fueron discutidos y ajustados por complacerlos. En tres meses de imposiciones – porque lo de ellos no es diálogo – manosearon y modificaron un acuerdo en el que se trabajó arduamente por años. Al mismo tiempo nos enteramos por boca del mismo jefe de campaña,  el señor Juan Carlos Vélez, que la estrategia utilizada para obtener una masiva votación negativa y detener el Acuerdo de Paz se basó en la desinformación. “Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”; también afirmó que la campaña de indignación se hizo basada en el poder de las redes sociales y mediante las recomendaciones de estrategas de Brasil y Panamá, quienes aconsejarían “dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación”. “En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región, utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa, individualizamos el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela. Y aquí el NO ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca, pasamos propaganda por radio la noche del sábado centrada en víctimas”, dijo en entrevista para el diario La República.

Es cómico que quienes salieron a votar engañados aún no se indignen al ser utilizados en su buena fe, o en su ignorancia; eso me recuerda a los “inversionistas” de la pirámide DMG que salían a marchar pidiendo que les permitieran dejar su dinero en las oficinas de David Murcia. Cosas complicadas de entender de nuestra gente. ¿Les gusta que les vean la cara?

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Volviendo al tema, “el resultado del plebiscito no tiene validez al ser producto del engaño generalizado en la campaña del NO” pronunció al respecto el Consejo de Estado y agregó que el Presidente Juan Manuel Santos no estaba obligado a acatar el resultado del mismo. Sin embargo, Santos, siempre tan diplomático y coherente con sus objetivos, nunca negó la participación de los enemigos de la paz y optó por la conciliación. Era necesario seguir avanzando en el silenciamiento de las armas y amplificar el clamor y las propuestas de quienes también hacen parte del país pero por razones diversas hemos ignorado. La participación política de todos los sectores era más que necesaria.

Pues los del NO, nunca conformes, también quisieron destruir la Jurisdicción Especial para la Paz – JEP – en ese momento y lo han seguido intentando, por supuesto, haciendo creer que, diseñada por ellos, actúa al servicio únicamente de los excombatientes. Las fuerzas militares también contribuyeron en su diseño, siempre estuvieron representadas en la mesa de negociación y se han beneficiado al contar las verdades sobre su participación en hechos horrorosos como, por ejemplo, los falsos positivos y diversas masacres. Aún así, la campaña de desinformación no cesa y no deja de dar frutos.

Con el resultado del plebiscito, las conversaciones posteriores, las 82 modificaciones al Acuerdo  y la negativa del Centro Democrático a reconocer que fueron partícipes y que el documento final se obtuvo en un ejercicio plenamente democrático, se puede deducir que el Presidente abogó por todos, que las más interesadas en la implementación del Acuerdo siempre han sido las víctimas del conflicto – lo que lo hace más valioso -,  que las antiguas FARC se mantuvieron firmes en su convicción de dejar atrás la lucha armada y cedieron en lo que se podía negociar – actitud que vale la pena resaltar -, que el Ejército siempre tuvo representación activa en los diálogos, que hubo voluntad política de todos los sectores menos de los de “paz sí, pero no así”, a quienes lo único que les sirve es la guerra.

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*Marcela Combariza Rincón, ingeniera industrial, gerente de proyectos de la Universidad El Bosque, feminista, seguidora y divulgadora del apego seguro, la crianza respetuosa y la comunicación no violenta. @LaCombariza

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