Acabamos de entrar a espacio aéreo colombiano, dijo el capitán. Sentí alivio. Casi tres meses antes, con mi familia nos trasladamos a Estados Unidos donde yo estaría realizando una investigación de seis meses en el marco de una reputada ‘fellowship’ de un centro de pensamiento. Nunca pensé vivir una crisis de salud pública y menos una pandemia lejos de Colombia y, juntos, no demoramos mucho en decidir que debíamos buscar el regreso.

A las dos semanas de llegar a Washington, D.C., el colegio de mi hijo mandó a todos sus estudiantes a casa; pocos días después, yo también me encontraría haciendo entrevistas por Zoom, devorando toda la información que pudiera encontrar sobre el Covid y viendo noticias en pantalla durante horas y horas.

En el país que Estados Unidos se convirtió, la televisión es para valientes. Mi proyecto de trabajo se centra en la opinión en los medios así que me sumergí de lleno en las realidades alternas de Laura Ingraham y Tucker Carlson, de Fox News, de un lado, y Wolf Blitzer y Chris Cuomo, de CNN, y Rachel Maddow, de MSNBC, del otro. El partidismo de Fox y MSNBC se extendió a CNN. La primera cadena de noticias las 24 horas ahora emite una sola que se resume en pocas palabras: ‘Trump es un idiota’. La versión USA de CNN parece la imagen espejo de Fox. La televisión en Estados Unidos emite mucha toxicidad y poco periodismo.

Con veneno en pantalla y virus en las calles, el espacio mental se me estrechaba cada vez más y el miedo a que contrajéramos una enfermedad en el país que viví mi adolescencia y juventud y hoy desconozco me hizo añorar el retorno. Pero demoré en registrarme ante el consulado por aprensión; hace varios años, había recibido en las redes más de un insulto de la actual cónsul Erika Salamanca.

Me comuniqué con el embajador Francisco Santos, un hombre cálido y colaborador, que estuvo pendiente de nosotros durante el mes que esperamos el vuelo humanitario. Mis temores fueron infundados; Salamanca y la persona del consulado asignada a nuestro caso nos trataron con profesionalismo y cordialidad.

El trámite resultó relativamente sencillo. Uno envía la información personal, copia de los documentos, respuestas a preguntas sanitarias y un acta de compromiso para el respeto de una cuarentena en Bogotá. En Colombia, hay unos 800 municipios no Covid; para protegerlos, quienes ingresen del exterior deben permanecer en Bogotá 14 días, entregar la dirección de alojamiento y, luego de 14 días en buenas condiciones de salud, solicitar autorización para el desplazamiento. Migración Colombia sí hace seguimiento; nuestro contacto listado en Colombia recibió una llamada para confirmar nuestro lugar de residencia.

Doscientos cuarenta y ocho colombianos viajamos el 22 de mayo en el vuelo de Avianca 157 por el que pagamos 399 dólares cada asiento. A las personas que tenían pasajes comprados, Avianca les reconoció el tramo.

El consulado nos citó al mediodía con hora de salida 4pm. Al llegar, sus funcionarios nos recibieron y entregaron copias de los formularios enviados a Bogotá. Tres médicos tomaban la temperatura. La soledad del Dulles International Airport quedará conmigo para siempre.

Aun así, no fue fácil mantener el distanciamiento social en medio del check-in y menos en un vuelo lleno. Avianca hizo lo que pudo. Con máscaras y guantes, abordamos de fila en fila a un avión con auxiliares protegidos de pies a cabeza, sin mantas, ni servicio de entretenimiento – para evitar contacto en las pantallas– y desembarcamos de la misma manera. Al final del corredor, nos estaban esperando con canecas para botar los guantes y sprays desinfectantes para las manos. Un funcionario recogía los pasaportes. Pasamos frente a la cámara que toma la temperatura.

Cuando llegamos a la zona de migración, encontramos sillas acomodadas para respetar el distanciamiento social donde esperamos, con conocidas canciones colombianas, los pasaportes sellados, entregábamos los formularios diligenciados y las actas de compromiso de permanecer en cuarentena por dos semanas. El detalle musical sirvió para calmar en algo la tensión del ambiente. Una médica de la secretaría de salud nos habló de medidas de desinfección; un oficial de la policía, del marco normativo.

Con prioridad para las familias con niños y adultos mayores, nos dirigieron, en pequeños grupos a la zona de las bandas de equipaje donde las maletas habían sido ubicadas para garantizar una recogida con distanciamiento social. La policía gestionó un servicio de taxis y camionetas adecuados con plásticos y vidrios para minimizar el contacto con el conductor. El control del servicio de transporte les permitió a las autoridades confirmar direcciones y asegurar que ninguno de nosotros quedara deambulando por Bogotá. Nada fue improvisado y, en todo momento, nos topamos con amabilidad. En los primeros minutos en Bogotá, entendí por qué Iván Duque encontró un norte con la pandemia. Fue un operativo ejemplar.

* Laura Gil, politóloga e internacionalista, directora de La Línea del Medio, @lauraggils

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here