Otto Morales Benítez: un legado para la defensa de la paz

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Estar alerta ante los “enemigos agazapados de la paz” es un deber y es la mejor manera de honrar el legado de Otto Morales Benítez.

El próximo 7 de agosto, se celebrarán los cien años del natalicio de uno de los colombianos más destacados y queridos en el siglo XX, Otto Morales Benítez, quien a partir de sus espacios políticos y académicos desarrolló una obra prolífica con aportes en la historiografía y la cultura colombiana.

Sin duda, dentro de sus múltiples facetas, Otto Morales Benítez será recordado por su compromiso por la paz y la solución negociada del conflicto armado.  Por ello, tras una larga lucha contra la dictadura de Rojas Pinilla, una de sus tareas en el gobierno de Alberto Lleras Camargo fue su trabajo como miembro de la Comisión Investigadora de las Causas de la Violencia- Éste fue un grupo heterogéneo formado por políticos, militares y representantes de la Iglesia, que recorrió buena parte de las zonas afectadas por la violencia desatada desde 1946. Esta Comisión entró en contacto con los alzados en armas de aquel entonces y conoció de primera mano las necesidades de los territorios más apartados de los núcleos urbanos. A partir de las conclusiones de esta Comisión, Lleras Camargo crearía los primeros programas de rehabilitación que permitieron que se mantuviese un estado de armonía y orden por algún tiempo hasta el surgimiento de guerrillas como las FARC y el ELN en 1964 y 1965, respectivamente.

Posteriormente, tras una carrera ministerial exitosa en las carteras de Trabajo (donde adelantó la reforma del Código Laboral) y de Agricultura (en la que promovió la necesidad de la reforma agraria), Otto Morales fue llamado a luchar por la paz, durante el gobierno de Belisario Betancur, quien lo invito a presidir la Comisión de Paz, formada a fines de la administración Turbay Ayala. Esta Comisión buscaba un diálogo con los grupos armados de aquel entonces en procura de cerrar las heridas desatadas, tras el controversial Estatuto de Seguridad, que fue cuestionado por las violaciones a los derechos humanos acontecidas en el marco de la lucha contra la subversión.

En los documentos, cartas y memorandos que produjo durante su gestión frente a la Comisión de Paz, se encuentran escritos que son pertinentes para el día de hoy. Por ejemplo, Otto Morales debió enfrentar la falacia que afirmaba que los beneficios de la paz eran exclusivos para los alzados en armas. Es importante recordar sus palabras:

“(La paz) es para el ganadero o el agricultor que demanda el goce de la tierra sin zozobras y sin tener que estar sometido a otras reglas diferentes a las impuestas por el Estado colombiano. Es para el industrial o para el líder sindical que no recibirán amenazas por sus actividades. Es para el hombre que ha acumulado capital y no debe sentir temores de ser secuestrado o extorsionado. Es para los funcionarios públicos; para los soldados; para los campesinos para que no anden atados a las guerrillas; para las gentes humildísimas de todos los sectores y estratos de la sociedad colombiana. Lo que se busca es que cada colombiano disfrute de la paz, sin necesidad de tener otras reglas para obedecer que las leyes colombianas. Por ello el alcanzarla es una obligación también de quienes presumen de estar en paz”. En otras palabras, la paz es una condición necesaria para la construcción de una sociedad democrática, en la que la base del orden sean las leyes civiles.

Y nunca debe olvidarse su carta de renuncia a la Comisión, un documento que merece ser leído y es más válido que nunca: “Sé que aún le falta a su gobierno (el de Belisario) una tarea muy exigente. La más apremiante es rechazar el escepticismo y, a veces, el pesimismo beligerante que se apodera de todos. Y combatir contra los enemigos de la paz y de la rehabilitación que están agazapados por fuera y por dentro del gobierno. Esas fuerzas reaccionarias en otras épocas lucharon, como hoy con sutilezas y lograron torpedearla. Por ello, nunca hemos salido de ese ambiente de zozobra colectiva”.

Estar alerta ante aquellos “enemigos agazapados de la paz” que, por medio de sutilezas (sofismas y mentiras) y/o acciones criminales (asesinatos de líderes sociales y excombatientes) intentan torpedear esfuerzos de paz, como lo es el Acuerdo del Estado colombiano con las FARC, es un deber y es la mejor manera de honrar el legado de Otto Morales Benítez.

*Carlos Chaves Avellaneda, docente, investigador senior Centro Libertad y Pensamiento Otto MORALES BENITEZ-Centotto. Historiador, magíster en análisis de problemas políticos económicos e internacionales contemporáneos y especialista en estadística aplicada. @carloshistorico

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