Paisanos en tierra extraña

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Sacado de El Periódico

Paisanos en tierra extraña. Todos los que fuera de Venezuela nos encontramos, así estamos, independientemente de las relaciones de afecto y hermandad que la nación en la que nos encontremos tenga o hubiere tenido con nuestro país y esa circunstancia siempre la debemos tener presente.

Sacado de El Periódico

La Constitución venezolana prohíbe el extrañamiento de su territorio de los nacionales compatriotas de El Libertador, aun cuando esa práctica la esté aplicando el señor Maduro de una forma u otra. Lo cierto es que, constitucionalmente, está prohibido.

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Pero sucede que los venezolanos que en Bogotá o Medellín, Lima o Guayaquil, Cuenca o Buenos Aires, Santiago o Colonia de Sacramento se encuentran – por solo citar algunas ciudades suramericanas -, no estamos en nuestro ámbito fronterizo sino en tierra extraña, con costumbres y normas diferentes y un más alto estándar de exigencia de cumplimiento de la norma, en algunos casos por práctica interna y en los otros por el tema nacionalidad.

El conocimiento de esa situación nos obliga a no replicar fuera de nuestras fronteras costumbres que, aún cuando las creamos normales, no lo son. La diferencia en nuestra interpretación puede traer como consecuencia la expulsión del país que nos recibió y donde aspiramos establecernos probablemente hasta que el huracán interno que afecta a Venezuela pase.

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Las restricciones que los distintos países están colocando como consecuencia de la pandemia que les afecta obliga a todos a cumplirlas de manera estricta – sí de esa manera -, independientemente de nuestra opinión desfavorable respecto de ellas. La circunstancia que no tengamos la nacionalidad del país donde nos encontramos nos obliga a ser muy prudentes al respecto pues el incumplimiento de la normativa interna puede tener consecuencias muy perjudiciales a los efectos de nuestra estancia en la tierra que elegimos como país de acogida.

La decisión de extrañar de la tierra extraña donde residamos por incumplimiento de las disposiciones que rige nuestra presencia en ella no puede interpretarse como signo de xenofobia. Los migrantes, por esa condición, no tenemos derechos especiales. Lo que sí nos acompaña hasta el último día que fuera de nuestra tierra estemos en la obligación de comportarnos mucho mejor que como lo haría cualquier nacional del país donde nos encontremos pues, lo reitero, cada uno de nosotros es fuera de Venezuela, según su conducta, el mejor o el peor embajador de nuestra nación.

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Las prácticas derivadas del Covid-19, aunque no lo creamos, llegaron para quedarse. En el caso de los venezolanos fuera de nuestra tierra, esperemos nos sirvan para rescatar el valor del cumplimiento de la ley, en algunos casos perdido como consecuencia de las prácticas contrarias desarrolladas internamente en nuestro país.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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