Pandemia de suicidios en Colombia, un problema estructural

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La atención psicológica es importante, pero cambiar las condiciones estructurales que llevan a las personas a querer suicidarse lo es aún más.

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Hace casi dos años en una columna en este mismo medio, hablé al respecto de la salud mental. Por esa época se estaba discutiendo la propuesta del senador Iván Marulanda de crear una renta básica universal. Argumentaba que ésta, además de mejorar las condiciones socioeconómicas de la población o, precisamente por ello, ayudaría a aliviar y estabilizar la salud mental de las y los colombianos.

La discusión se hacía importante pues desde ese momento se había advertido lo que se venía con respecto a la salud mental en Colombia. Por ejemplo, la psicóloga Sonia Vaccaro, a quien cité en la columna mencionada, había anunciado que estábamos ante un inminente pico de depresión; así también la Corporación Nuevos Rumbos informaba que el 80% de la población tenía alguna afección psicológica por las cuarentenas. Era evidente que el futuro inmediato, es decir hoy día, iba a estar marcado por el reto que el control de la salud mental suponía.

Como no podía ser de otra manera, dicha crisis la estamos viviendo hoy en el país. Según Medicina Legal, en el año 2021 se presentó el mayor número de suicidios reportados en la historia de Colombia con un total de 2.595. Esta cifra, además de espantosa, es preocupante en dos sentidos.

Por un lado, si bien es la cifra más alta en reportarse, lo cierto es que no hubo un aumento considerable, pues en los últimos años también se han presentado cifras muy altas. Basta ver que, en el 2018, hubo 2.464 suicidios; en 2019, se presentaron 2.550 y, en 2020, los casos fueron 2.379.

Esto quiere decir que, si bien la pandemia impactó en este indicador y las afecciones post-cuarentena son innegables, desde antes ya existían condiciones estructurales que sistemáticamente han llevado a miles de colombianos al suicidio

Por otro lado, y más preocupante aún, es que la juventud colombiana, el futuro del país, representa casi el 40% de los suicidios. Las cifras son así: el rango de edad que más suicidios registró el año pasado es el de los 20 a 24 años con el 14,2 %; el segundo puesto se lo lleva el rango de 15 a 19 con 11,7%; y, en tercer lugar, está el rango de 25 a 29 con 11,4%. En total, la población entre 15 y 29 años completa el 37,3% de los suicidios.

(Texto relacionado: Renta básica para la salud mental)

En Bogotá, según datos de la Secretaría de Salud, aunque en los últimos años han disminuido, en el año 2021 se presentaron 283 casos de suicido, de los cuales el 40.6% se presentaron entre los 20 y los 34 años. Pero, además, como lo informa una investigación de la revista Cambio, la ciudad presenta un colapso en el sistema privado de salud mental: las camas destinadas a este ámbito no dan abasto y es posible que la situación empeore en los próximos meses.

Algunos expertos han mencionado que el aumento de suicidios se debe a la estigmatización de la salud mental que aún permea la sociedad colombiana. Esto, aunque cierto, ha tenido un cambio considerable. Lo que sí es totalmente cierto es que el colombiano promedio no tiene los recursos suficientes para asistir a un psicólogo. Si el salario no alcanza para la salud alimentaria, mucho menos para la salud mental.

He de admitir que yo mismo, que estoy en el rango de edad en que más se presentan suicidios, he sentido los embates que, sin piedad y desde dentro, da la enfermedad mental. La depresión carcome el alma y la ansiedad la ata a un estado de intranquilidad constante. Ambas pueden llegar a producir una muerte tan lenta y dolorosa como algunas enfermedades físicas.

La atención psicológica es un complemento de la física. El mensaje a las psicólogas que en su momento la vicepresidenta despreció indolentemente (“tenemos demasiadas sicólogas, carreras que no sirven para generar ingresos”) es que hoy son ellas quienes nos pueden salvar. Hoy las necesitamos más que nunca. Es necesario que los gobiernos pongan en marcha programas que las lleven al ciudadano.

Pero es aún más necesario garantizar el futuro de los jóvenes del país. No es solo darles asistencia psicológica, es garantizar que el esfuerzo de estudiar se premie con un empleo estable y justamente remunerado. También es garantizar que, luego de un trabajo honesto y una vida productiva, se tenga una vejez digna.

Reitero la importancia de una renta básica universal y de un plan público de salud mental; el nuevo gobierno deberá implementar ambos programas. Pero esto no es suficiente, se necesita mucho más.

En últimas, la atención psicológica es importante, pero cambiar las condiciones estructurales que llevan a las personas a querer suicidarse lo es aún más. Como leí en un tuit hace un tiempo: es imposible hacerle psicoterapia a un ser humano con hambre o hablarle de la importancia del sueño a una persona sin techo.

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*Camilo Andrés Delgado Gómez, estudiante de ciencia política, Universidad Nacional de Colombia/sede Bogotá, @CamiloADelgadoG

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