No es necesario que el Vesubio estalle o que se incendie la ciudad por tres días, mucho menos que llegue una peste porque estamos en medio de ella, para que se perpetúe el pan y circo romano.

La frase “pan y circo” fue traída de la Satira X de Juvenal, en la antigua Roma y es conocida para referirse al entretenimiento del pueblo mientras padece sufrimiento. Esta denuncia del poeta Décimo Junio Juvenal decía puntualmente así:

“Desde hace tiempo -exactamente desde que no tenemos a quién vender el voto – , este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo”. (Juvenal, Sátiras X, 77-81)

Todo esto tiene como contexto histórico que vale la pena resaltar el mandato del emperador Nerón (37-68), uno de los más crueles gobernantes de la época, sin querer decir que los otros no lo hubiesen sido, porque la crueldad era una característica de los emperadores romanos, debido a sus despreciables conductas y estilos desbordados.

Nerón fue sucedido por Vespaciano en el año 69, quien se vio envuelto en una lucha por su liderazgo, y más adelante sucedido en el trono por su hijo mayor Tito para terminar la represión a los judíos y disfrutar de sus placeres no convencionales y de su posición.

En medio del periodo del emperador Tito, ocurrieron varios hechos: el Vesubio entró en erupción destruyendo Pompeya, una epidemia en Roma produjo que un tercio de la población muriera y un incendio asoló la ciudad durante tres días. El pueblo demostró su descontento con el emperador Tito; sin embargo, éste era audaz para sostenerse y se le ocurrió terminar de construir el Coliseo rápidamente y proclamar su inauguración, que contempló alrededor de 100 días de espectáculos gratis.

Los combates en el Coliseo eran salvajes, porque se eliminaban a los enemigos de Roma con luchas a muerte, ejecuciones de desertores, criminales y prisioneros de guerra. El espectáculo también contemplaba peleas entre animales y se cree que alrededor de 9.000 animales fueron sacrificados. Se disfrutaba de batallas navales para tener intermedios en los que se repartía pan y fue allí que el pueblo perdió su memoria y se le olvidaron sus dificultades.

Juvenal, que escribió aproximadamente 16 poemas y entre sus escritos se encuentra la “Sátira X” como género de la literatura, hizo uso de la expresión de rechazo denominada – “panem et circenses” (pan y circo) – a las prácticas del Senado romano.

De esta forma, se ofrecía el pan y entretenimiento al pueblo para proporcionar a su emperador el poder para mantenerse; por medio de esta estrategia distractora, el pueblo romano había olvidado sus derechos y el deber de cuestionar a los políticos romanos, que solo buscaban votos conquistando a muchos por medio del pan, con su populismo acrecentado. Esta práctica también fue usada por Julio Cesar, compartiendo trigo barato o gratis, y Aureliano, que también repartía pan interesadamente.

Volvamos a la realidad actual para observar que nada de esto ha cambiado y que algunos políticos no han hecho más que copiar las conductas aprendidas de las épocas antiguas y ni siquiera hicieron un esfuerzo por inventar sus estrategias propias. El próximo año, muchos dirigentes alistarán sus mejores galas de campañas presidenciales para conquistar a su pueblo, para salir a votar nuevamente por un mandatario en el cargo más importante en un momento cuando la violencia se ha recrudecido. 

Es indispensable hacer uso de la reflexión y capacidad de análisis para comprender lo que estamos viviendo.

No es necesario que el Vesubio estalle o que se incendie la ciudad por tres días, mucho menos que llegue una peste porque estamos en medio de ella. Las etiquetas están listas para convencer al pueblo, aquel que se puede dejar comprar, en este caso tal vez no sea con pan, sino con un tamal, o quizá se alisten las bolsas repletas de dinero para comprar consciencias.

Algunos harán gala de su populismo barato para brindarnos un espectáculo mayor al que estamos viviendo. No salgamos a votar emocionados, sino conscientes de nuestras actuaciones, repasando lo que vivimos diariamente, dándonos el tiempo para cuestionar, ese mismo que despreciaron los romanos y varios de nuestros ciudadanos aun abandonan para que no nos arrase el circo que se esconde tras bambalinas, que promete bellas imágenes de televisión, eventos deportivos y la reconstrucción de un estadio en la zona de desastre.

Todo circo es mediático, una carpa temporal que se traslada para alegrar a otras ciudades, para el disfrute de animales manejados por sus entrenadores. El pueblo puede observar con anhelo o con rechazo lo que viene, algunos con la astucia maquiavélica de las prácticas planteadas por el príncipe que no pasan de moda.

Cada ciudadano tiene la facultad de decidir, de informarse y ejercer sus derechos. No es necesario hacer un tratado de teoría política para revelar los deseos ocultos del hombre detrás del poder, para infundir confianza o miedo, para obtener su trofeo y así eliminar a quien le estorbe en su propósito.

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

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