Paquistán: crecientes dificultades para la democracia y la economía

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La gran pregunta ahora es cuánta consistencia puede tener una oposición para mantener la unidad alcanzada en torno a la moción de censura, siendo conocido el hecho de que se trata de una agrupación de fuerzas con raíces ideológicas muy diversas.

Paquistán es una nación de 229 millones de habitantes (ONU 2021 Data) con una extensión total cercana a los 800 mil kilómetros cuadrados. Es el sexto país más poblado del mundo y el segundo en practicantes del islam después de Indonesia. Tiene dos megalópolis: Karachi (15.5 millones) y Lahore (11.3 millones). Es una nación muy diversa con grandes variaciones geográficas que van desde un enorme desierto a cinco mil metros de altura en el norte hasta una costa subtropical en el sur. Su posición es estratégica.

La economía podría definirse como semi-industrial con un sector agrícola bastante bien integrado. Ocupa el puesto 23 en la economía mundial en términos de PIB medido por poder de compra (PPP). La mano de obra agrícola es fundamentalmente femenina (67%) y el sector agropecuario representa el 18.5% del Producto. Cuenta con 22 millones de hectáreas cultivadas y un 80% de ellas tiene sistemas de riego, uno de los coeficientes de irrigación más altos del mundo. Es gran productor de trigo, algodón, caña de azúcar, mango y dátiles.

Los idiomas oficiales son el urdu y el inglés. Sin embargo, las lenguas regionales son muy importantes; se destacan el punjabi. el pashto, el sindhi, el balochi y el Kashmir entre otras.

Poco tiempo después de su creación en 1947, Paquistán empezó a presentar de forma recurrente conflictos políticos entre los estamentos civil y militar. Tal fenómeno repetitivo configura una cierta debilidad para el sistema democrático que lucha por afianzarse y por obtener una condición estable, firme y duradera. Tales han sido las expectativas desde la llegada al poder del PTI, el “Movimiento por la Justicia de Paquistán”, bajo el liderazgo alternativo de la estrella del cricket Imran Khan.

A pesar de ese entusiasmo democrático en torno al PTI y sus promesas, los problemas económicos y sociales que ha debido enfrentar se exacerbaron con motivo de la pandemia del Covid-19 y el descontento por la crisis social ha venido en aumento. Nuevamente aparece el espectro aquel que impide una y otra vez a los gobiernos civiles culminar su mandato constitucional.

El poder del Primer Ministro Imran Khan afronta un fuerte desafío ante una moción de censura presentada en el parlamento el pasado 8 de marzo, cuya suerte podría traer consigo alteraciones políticas y económicas de profundidad. Alrededor de 100 parlamentarios pertenecientes al Partido Popular PPP y al Partido Liga Musulmana Nawaz PML-Nf ormularon la moción de censura.

En una alocución el 28 de febrero, después de su controvertida visita a Rusia, Khan anunció un paquete de medidas, entre las cuales destaca la reducción en el precio de los combustibles, lo cual ha sido señalado por la oposición como un esfuerzo de última hora para salvar la permanencia del gobierno.

Los rumores acerca de la pérdida del respaldo gubernamental se han expandido durante los últimos seis meses. Para lograr la aprobación de la moción de censura, la oposición necesita sumar 172 votos entre los 342 miembros de la Asamblea Nacional. Tras un cabeza a cabeza en la Asamblea legislativa, el Gobierno ha disuelto el parlamento para llamar a nuevas elecciones mas también como un recurso que pasará a consideración de las altas cortes para impedir la votación final de la moción de censura.

La gran pregunta ahora es cuánta consistencia puede tener una oposición para mantener la unidad alcanzada en torno a la moción de censura, siendo conocido el hecho de que se trata de una agrupación de fuerzas con raíces ideológicas muy diversas. La hipótesis de un gobierno que produzca un cambio rotundo no luce sólida aún bajo el llamamiento a nuevas elecciones. Existen temores fundados acerca de una fuga de capitales sobreviniente, así como sobre el estancamiento o retracción en proyectos de inversión foránea que podrían ser agravantes de la débil disponibilidad de reservas. Lo que resulta claro es que el país parece tomar el sendero hacia un período de penosa incertidumbre.

Dado el cúmulo de antecedentes sobre los vínculos entre los ámbitos político y militar, la incertidumbre conspira contra la consolidación democrática que la comunidad internacional esperaría. Ante la pregunta acerca de si estamos concernidos por esta realidad, sólo hay una respuesta: claro que sí. Es una nación con arsenal nuclear a la cual Colombia empezó a observar durante los últimos años cuando iniciamos los acercamientos académicos y empresariales. ¿Cómo no tener en cuenta lo que ocurre en Paquistán cuando, de mantenerse la tendencia en los índices de densidad poblacional este país, podría configurar en el intervalo 2050 – 2060 – asunto que sólo sería alterado si tomara curso una brutal conflagración entre los mayores poderes asiáticos y globales – un conglomerado de 380 millones de ciudadanos, sobrepasando a naciones como Estados Unidos, Indonesia o Brasil?

*Juan Alfredo Pinto, escritor, economista, @juanalfredopin1

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