Para la guerra nunca más

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La guerra se les ha entrado por la ventana, en todo caso, cuando el combatiente hace la guerra se lleva por delante a sus enemigos, sus contradictores, sus familiares y por supuesto, a su misma humanidad.

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Casi ochenta años nos alejan de la publicación del ensayo elaborado por el sabio parisino Albert Camus en donde trae del olvido a el personaje Sísifo (de la mitología griega), con este personaje Camus invita a reflexionar sobre el incesante e inútil esfuerzo de la vida humana, pues Sísifo como castigo de los dioses carga eternamente una pesada roca, en efecto, cada vez que está cerca de terminar, Sísifo tiene que empezar de nuevo a cargar la incómoda piedra. La incomodidad por la que sufre Sísifo bien puede ser retratada en la pena eterna que pasan los familiares de los excombatientes de las FARC-EP, quizás la familia del excombatiente es el eslabón más débil, de ellos nadie habla, una, otra y otra vez, tienen que vivir en silencio la tragedia familiar de lo arrancado por la guerra, sus seres queridos.

El pasado 4 de Julio de 2022 fue asesinado el excombatiente Ronald Rojas, un comprometido firmante de los acuerdos de paz que participó de múltiples espacios de reincorporación física, económica y simbólica en el departamento del huila, este asesinato se suma los 320 asesinatos de excombatientes en los años de la implementación del acuerdo final de paz. El asesinato de Ronald Rojas es un hecho que causa dolor, rabia e impotencia, pero a veces una parte de esta historia no se completa: la humanidad del excombatiente, ¿tendría hijos? ¿tendría padres? ¿tendría compañera? ¿tendría familia? Y es ahí el punto central de esta columna de opinión, sobre el sufrimiento perpetuo de la familia del excombatiente, ese sufrimiento que nadie ve o a nadie le importa.

En la guerra, la familia de los excombatientes tuvo que pasar por el desconcierto de no encontrar a su familiar por semanas, tener pesadillas con la sospecha de que parte de su sangre se encontraba en las filas de la guerrilla, muchas de estas familias vivían un drama relacionado con la niñez, pues en algunos casos su familiar era un niño, o en otros casos su familiar ya tenía niños que fueron abandonados al ingresar a las filas castrenses subversivas. El drama de la familia no paraba allí, los fantasmas de la muerte de su ser querido siempre estaban en las conversaciones de fin de año, al igual que las mujeres enamoradas lloraban la partida de sus seres amados, amor de esposa, amor de hija, amor de hermana, amor de madre.

Por otro lado, con la firma del Acuerdo Final de Paz las familias tuvieron un pequeño descanso en su pena, en muchas partes del país se movilizaron desde el 2016 diferentes colombianos y colombianas que de zona veredal transitoria en zona veredal transitoria buscaban a sus familiares, sin embargo, muchos de estos últimos no se encontraron por que la razón era muy sencilla, “señora, el Frente X, la Columna móvil Y fue totalmente aniquilada hace algunos años, no tenemos conocimiento del paradero de su familiar”. A pesar de lo anterior, algunas familias encontraron a sus seres queridos, pero rápidamente les estallaron la burbuja, en los primeros años de la implementación de la paz la guerrillerada iba a vivir en comunidad, como siempre lo hicieron, pero esta vez sin armas, palabras más palabras menos la guerra y la institución total de la guerrilla no dio espacio para reconstruir las familias rotas.

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Como si fuera poco, las familias de los excombatientes han tenido que observar desde hace cinco años la lentitud con la que el presidente Santos quiso cumplirle a los excombatientes, y lo que es peor, la perfidia que tuvo el gobierno Duque con el Acuerdo Final de Paz, por ende, ni la guerra, ni la paz permitió que las familias de los excombatientes pudieran “rehacer sus vidas” a pesar que en los rostros de los excombatientes aún existe una tenue esperanza de cumplimiento por parte del Estado colombiano.

El mito de Sísifo es una buena metáfora de la condena que purgan los familiares de excombatientes de las FARC-EP, estos últimos han sufrido por años las acciones de sus familiares que por decisión se han ido a la guerra, o lo que es peor, por efecto del reclutamiento forzado, la guerra se les ha entrado por la ventana, en todo caso, cuando el combatiente hace la guerra se lleva por delante a sus enemigos, sus contradictores, sus familiares y por supuesto, a su misma humanidad.

Hace una semana la Comisión para el Esclarecimiento de la verdad entregó su informe final sobre los patrones y contextos de la guerra civil sucedida en Colombia, en dicho informe existen unos puntos de llegada escalofriantes, por solo mencionar algunos, las cifras de desaparecidos son 33 veces mayor que en la dictadura chilena, por cada 2 víctimas combatientes hubo 98 víctimas civiles, y la guerra que propiciaron las elites citadinas fue peleada por los pobres y campesinos. En este orden de ideas, en todo ese universo de víctimas cabe preguntarse: ¿Cuántas familias fueron afectadas por la guerra?, ¿Cuántos familiares siguen esperando a su familiar secuestrado?, ¿Cuántas mujeres tuvieron que hacer frente a la economía del hogar después de la masacre paramilitar que les arrebato a su esposo?, ¿Cuántos hijos de militares crecieron sin papá?, ¿Cuántas madres enterraron a sus hijos?, todo ello invita a construir un bloque social que de manera decidida les grite a los señores de la guerra “para la guerra nunca más.

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*Jorge Baquero Monroy. Licenciado en ciencias sociales de la Universidad de Cundinamarca. Mágister en administración pública de la ESAP. Investigador del proyecto Infraestructuras de Paz, agendas políticas y dinámicas organizacionales en la implementación efectiva del Acuerdo Final en Colombia (2016-2022).

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