Paz total, libertad, orden y complejidad

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Ninguna paz puede lograrse si no nos apartamos de las ideologías simplificantes que nos han llevado a la guerra, o sea, si no conversamos reconociendo la complejidad de la situación.

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El expresidente Uribe convoca a conversaciones sobre seis temas para lograr la paz total. El tema ambiental no está entre ellos a pesar de todo lo que se ha publicado acerca de nuestras tragedias ecológicas, de su influencia en nuestra historia y de la gravedad del cambio climático global que estamos presenciando. Sin embargo, la sola enunciación de estos seis temas conduce a considerar entre ellos a nuestra geografía y nuestra historia. Es imposible lograr el fin de la pobreza y del narcotráfico sin tener en cuenta las características de nuestros ecosistemas y el destrozo en que se encuentran. El expresidente insiste en que parte de  la solución está en la libre empresa y en la amnistía universal. Desde el punto de vista ambiental complejo, en el Pacto por la Vida podríamos estar de acuerdo, pero debemos  agregar que  ninguna paz puede lograrse si no nos apartamos de las ideologías simplificantes que nos han llevado a la guerra, o sea, si  no conversamos reconociendo la complejidad de la situación.

En estos días, han surgido nuevamente las discusiones acerca de la libertad de comercio y de la necesidad de imponer el orden en todo el territorio. Uno de nuestros pocos logros del siglo XIX fue acordar el lema del escudo con las palabras libertad y orden. Las discusiones acerca de la libertad y el orden habían surgido desde la conquista; fueron generadoras de enfrentamientos sangrientos sin  que el poder de una de las dos hubiera sido instrumento exclusivo de alguna de las dos corrientes enfrentadas . Hoy la situación es semejante;  todos los colombianos adoramos las dos palabras y en la izquierda y la derecha ambas han simbolizado procesos importantes. Es cierto que la libertad hoy es más representativa de la derecha a través del poder del neoliberalismo, pero es también en esos ámbitos en donde hoy es más deseado el orden y donde son más temidos los procesos de libertad extrema o de anarquismo de izquierda como los que se han presentado en el Bogotazo, en el Caracazo o en los disturbios de Santiago de Chile.

Es posible, entonces, que sea al amparo de ambas palabras cómo logremos construir las soluciones complejas que necesita Colombia. En el fondo, ésa es la fórmula que han usado algunos presidentes de Estados Unidos para lograr avanzar en el cumplimiento de su Constitución y la República de China la está usando parcialmente para convertirse en el país  más rico del planeta. Sin embargo, así como el uso parcial de la palabra libertad no sirvió para acabar con el racismo en Estados Unidos, tampoco la libertad  para enriquecerse establecida en la China Popular que le ha proporcionado a todos sus ciudadanos la alegría y el entusiasmo que si se perciben en las democracias europeas.

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A pesar de todas nuestras desgracias, desde hace más de ciento cincuenta años casi todos los colombianos hemos gozado de condiciones muy especificas de libertad política y cultural desgraciadamente condicionadas a la situación económica de cada cuál. Se repite que somos libres hasta de morirnos de hambre. Características importantes de estas formas colombianas de libertad son la libertad de pensamiento y la libertad de movimiento, ambas poco comunes en otras naciones y, creo yo, problemas profundos de los intentos de dictaduras del proletariado. Probablemente la situación emocional de los cubanos sería diferente si el Estado no controlara tanto lo que se publica, lo que se habla y lo que se canta en la isla.

No es fácil ser complejo cuando uno tiene coartada su libertad personal y, por lo tanto, la posibilidad de accionar, moverse, pelear y gozar y es muy probable que esas estrechas interrelaciones complejidad, paz, orden y libertad hayan  influido en los fracasos políticos de los latinoamericanos ceñidos por cadenas ideológicas políticas o económicas simplificadas e incapaces de comprender y manejar sus ecosistemas territoriales de alta complejidad. Nuestros muy precarios pero repetidas y dignificadas y coloreadas  libertades y órdenes nos han conducido hacia historias diferentes a las de nuestros vecinos. Hoy es imposible entender nuestra historia y nuestro presente sin recordar la Libertad y el Orden que el General Santander colocó tan alto. Ojalá esa libertad y ese orden sirvan  para construir las soluciones complejas que urgentemente necesitamos.

Las interrelaciones entre paz, libertad, orden y complejidad generan multitud de oportunidades porque hacen funcionar neuronas e interrelaciones de nuestros cerebros que poco se usan.  Pero quien se concentra en el logro del orden en Colombia o en su mantenimiento en Cuba poco está dispuesto a  construir una solución que también es parte de  la libertad  de quien se supone solo obedece órdenes. Tal vez por eso en el campo colombiano solo  ha reinado el orden bajo dos o tres cortos regímenes y ni siquiera la guerrilla marxista con todas sus  ideas y sus armas ha logrado controlar ordenadamente más de un centenar de municipios. En el otro extremo, la versión derechista de la libertad, con todo el apoyo de la constitucionalidad y de los intereses del capital ha logrado concentrar en la obtención de dinero una mayoría de los cerebros colombianos, pero ha fracasado en cuestiones tan fundamentales como mantener unos niveles aceptables de empleo. Los diálogos en las versiones de derecha y de izquierda de la Libertad y el Orden han logrado construir soluciones de alta complejidad en las regiones, ejemplos de la eficiencia posible cuando se aleja uno de las ortodoxias y abre su cerebro a lo aparentemente impensable. Por eso, en el Pacto por la Vida estamos seguros de que al concentrarnos en el mantenimiento y la protección de todas las formas de vida, al recordar que Colombia en medio de todos estos fracasos ha logrado mantener la libertad deseada y al unir todo en el concepto de complejidad, vamos a recibir ideas adecuadas a la gravedad de la situación que estamos viviendo.

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*Julio Carrizosa Umaña, ingeniero, ambientalista, miembro honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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