El peculado por uso es un delito que se configura cuando los funcionarios públicos usan o permiten que terceros usen bienes del Estado indebidamente. Así, al analizar si es un delito que la familia presidencial use un vehículo oficial para trasladarse con el fin de celebrar el cumpleaños de la hija del Presidente, habrá que determinar si la ley establece condiciones especiales de protección y movilidad para la familia presidencial que le permitan a sus integrantes usar vehículos oficiales, incluso para diligencias o actividades personales.

En Colombia y en cualquier país, la familia del Jefe de Estado goza de especiales medidas de protección, así sea para actividades extra-oficiales. Después de todo, los hijos del Presidente tienen que ir al colegio, la primera dama tiene obligaciones personales y profesionales, y así. La vida para ellos sigue y su integridad debe ser protegida. Pero ese privilegio debe disfrutarse bajo los límites fijados por la ética y la ley.

Lamentablemente las normas que regulan la materia en Colombia son muy amplias y no le ponen ningún límite a los destinos y frecuencia con que se puede desplazar la familia presidencial con fines no oficiales. Tampoco dice nada sobre las personas que pueden movilizarse con sus miembros en los vehículos del Estado. Existe un grave vacío legal, que permite que la familia del Presidente viaje cuando le plazca hacerlo usando recursos públicos e incluso que invite a particulares a bordo.

Ahora bien, más allá de lo que diga la ley penal o las normas disciplinarias, el privilegio del que hablamos debe ejercerse con responsabilidad, decoro y ética. Es apenas obvio. Eso de usar un avión de la Presidencia, montando un combo de amigos y papás de la hija del Presidente (ella sí libre de toda culpa) para ir a celebrarle a Panaca el cumpleaños, ¿no es una indelicadeza mayor? ¿En dónde será la próxima celebración? ¿En Cartagena? ¿San Andrés?

Con todo, para mí la conclusión jurídica frente al problema de la responsabilidad penal es clara: ni la familia presidencial ni los funcionarios responsables de organizar y realizar el viaje incurrieron en un delito, en parte, debido a que tenemos un marco normativo demasiado laxo. Pero el problema es más profundo y más serio que eso: el Presidente y su entorno deben ser ejemplo de conducta para todos los colombianos. El problema es ético, no solo legal.

Lo claro hasta hoy es que todos los colombianos pagamos el viaje en avión a Panaca de la Primera Dama, hija, amigos, papás  y mamás. ¿Cuánto nos costó ese uso del avión presidencial, el cual llenaron de gente como si fuera una buseta (me perdonarán lo señores y señoras conductores de buseta)? Ya lo habían hecho en el pasado, en el famoso paseo de olla al Vaticano. ¿Lo volverán a hacer o la indignación ciudadana ya habrá sido suficiente escarmiento?

¿No les dará aunque sea un poquito de pena abusar de esa manera del poder en una época en que la que a cientos de líderes sociales amenazados por todo Colombia les niegas medidas especiales de protección dizque porque “no hay presupuesto” o porque “no hay vehículos”? ¿Con lo que costó el paseíto a Panaca  no podrían haberse pagado varios meses de protección a favor de quienes se juegan la vida denunciando la corrupción, que el gobierno tanto dice combatir?

Al gobierno le hace falta sentido común. Pueden seguir cambiando ministros, voceros y a cuanto funcionario quieran, pero sin actuar con la razonabilidad, cabeza fría, lógica, templanza y justicia que caracteriza a los verdaderos líderes, el Presidente Duque y sus ministros seguirán hundidos en el fango de su propia arrogancia, ceguera, y en ocasiones, estupidez.

*Camilo Enciso, @camiloencisov, Director del Instituto Anticorrupción y Ex Secretario de Transparencia de Colombia

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