¿Qué culpa tienen los camellos de la crisis climática? ¿Qué culpa tienen de necesitar bastante agua? Ninguna. Pero este mundo es así. Las autoridades de Australia han autorizado que equipos de francotiradores les disparen desde los helicópetros. La meta son diez mil. ¡Hay que salir a matar camellos!, ha dicho el Gobierno. El delito cometido es haber ido a tomar agua a poblaciones lejanas debido a que en las suyas no había. El Ministerio del Ambiente y del Agua de Australia del Sur reveló que los aborígenes de la comunidad de Anangu Pitjantjatjara Yankunytjatjara (APY) se quejaron.


Leo en un despacho de la Agencia Efe que muchos de estos camellos mueren de sed en el desierto debido a que tienen que recorrer grandes extensiones en busca de agua y alimento. Cuando encuentran una pequeña fuente de agua se pelean entre ellos y también mueren, pero este es el momento ¡ay! para que un ser humano, en este caso el señor Richard King, gerente de Tierras de los APY, apunte su rifle para cazarlos. Inteligente y civilizado como es el señor King (uno supone que todos los de Australia lo son) ha conceptuado que cuando los camellos están todos juntos es la oportunidad para cazarlos. Estoy copiando la traducción del despacho de prensa y no puedo creerlo.

¡Un manual de instrucciones para matar camellos! ¿Y por qué Australia, un país ¡cómo no! civilizado, próspero, se negó firmar la regulación de los mercados del carbono en la pasada cumbre climática de Madrid? ¿Por qué quieren seguir haciendo trampas al mundo con la doble contabilidad de la reducción de emisiones de carbono? ¿Por qué ha jugado en las cumbres precedentes al lado de los Estados Unidos, líder indiscutible del boicot en los acuerdos internacionales del clima? No sería mejor, me pregunto, que empezara a entender que el problema de la crisis climática no se va a resolver asesinando diez mil camellos. No sería mejor que entendiera que la sequía del desierto se debe a la crisis climática y no a la voluntad de otros países que quieren boicotear la economía de Australia.


El señor King no va a parar de hablar hasta que yo termine esta columna. Ahora dice que el problema es que cuando los camellos mueren en el desierto, antes de haber alcanzado el objetivo del agua, sus cadáveres contaminan el desierto y las aguas. Es decir, que cometen el delito de la contaminación antes de cometer el delito de tomarse el agua, pero como ya no los pueden matar porque están muertos, entonces la orden es matar a los que alcancen el objetivo del agua.


A ver señor King, por qué no le dice a su primer ministro, el señor Morrison que en lugar de estar de vacaciones en Hawaii se ponga al frente de la sequía que ya ha causado la muerte de más de un millón de animales. ¿Por qué no le recuerda que el Informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) publicado en 2019 muestra que la crisis de biodiversidad está a la par con la amenaza climática y que, a nivel mundial, las especies se están extinguiendo a tasas de hasta mil veces las tasas típicas del pasado de la Tierra? ¿Por qué no le sugiere que vaya a Madrid y (también) le pida disculpas al mundo por su equivocada diplomacia climática? Y por último, señor King, iba a decirle algo sobre su rifle, a ver… aunque, no creo que Laura Gil quiera publicar en este portal lo que yo le propondría que hiciera con su rifle.

*Manuel Guzmán Hennessey, @GuzmanHennessey, consultor en temas de sostenibilidad, profesor de la Universidad del Rosario, Director General de Klimaforum Latinoamérica Network KLN

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